Dorothea
Bate (1878- 1951) Pionera en la zooarqueología,
fue además paleontóloga, zoóloga y ornitóloga británica. También fue viajera y
exploradora. Entre 1901 y 1911, exploró las zonas montañosas de Creta, Chipre y
las Islas Baleares. En las dos primeras, encontró fósiles de elefantes pigmeos
e hipopótamos, y en Mallorca descubrió el Myotragus. Muchos de los hallazgos
eran nuevos para la ciencia.
Fue
la primera mujer contratada como científica, a la edad de diecinueve años, por
el Museo de Historia Natural de Londres.
Autodidacta,
sin formación formal, en 1898 obtuvo un empleo en el Museo de Historia Natural
de Londres en el Departamento de Zoología y luego comenzó a trabajar con fósiles.
Su
trabajo no era oficial ya que el trabajo de mujeres estuvo prohibido hasta 1928,
solo le pagaban por trabajo a destajo, es decir, por la cantidad de muestras
que pudiera preparar.
Permaneció
en el Museo cincuenta años y allí aprendió sobre ornitología, paleontología,
geología y anatomía.
En
1937 se convirtió en la primera mujer nombrada profesora en una cátedra en
la Universidad de Cambridge. A pesar de ello,
«En la Royal Society de Londres no podía presentar sus trabajos. No podía
leerlos en público como hacían los hombres. No le dejaron tener una voz
autorizada como científica a pesar de tener publicaciones.
Fue
una pionera de la zooarqueología,
especialmente en la interpretación de los climas. Uno de los mayores
descubrimientos que hizo en las islas mediterráneas tenía que ver con los
rápidos cambios evolutivos de las especies. Bate encontró un diente de entre 10
000 y 800 000 años. Fue la prueba que evidenció la existencia de los elefantes
y ciervos enanos.
Muchos
arqueólogos y antropólogos reconocieron sus conocimientos en la identificación
de fósiles,
tales como Louis Leakey, Charles McBurney o John Desmond Clark.
Llegó
a publicar 80 informes y reseñas, además de un número similar de trabajos
inéditos
Louisa Tenison (1819- 1882) Escritora, pintora,
fotógrafa y viajera británica.
Perteneció a una familia aristócrata. En 1838
contrajo matrimonio a los 18 años con el noble irlandés Edward King-Tenison y
tuvieron dos hijas. Su marido fue uno de los primeros aficionados en
experimentar con los daguerrotipos y calotipos a mediados del siglo XIX. Fue
miembro de la Photographic Society de Londres.
En 1843, el matrimonio Tenison emprendió un viaje
por Oriente Medio, visitando Egipto, Siria y Palestina, durante el cual Lady
Louisa realizó dibujos de lugares como Petra, Karnak o Damasco. Esta serie fue
publicada en Londres en 1846 en un álbum de litografías recopiladas bajo el
título “Sketches in The East”.
Entre 1850 y 1852, los Tenison realizaron otro viaje
exótico, esta vez por España, cuyo resultado fue un libro de viajes escrito por
Lady Louisa titulado “Castile and Andalucia”, publicado al año siguiente en
Londres.
La obra está ilustrada con grabados realizados a
partir de los apuntes y dibujos que Lady Louisa Tenison tomó durante el viaje,
además de dibujos del pintor sueco Egron Lundgren. Dado que en estos grabados
sólo figura la firma del grabador, no podemos identificar la autoría de cada
uno de ellos.
Durante sus recorridos por España, su marido al
mismo tiempo fue registrando con su cámara vistas de las ciudades que
visitaban, que fueron recopiladas en un álbum de fotografías publicado en 1854
bajo el título “Recuerdos de España”.
Algunos de sus dibujos y acuarelas originales se
conservan en el Victoria & Albert Museum de Londres y en la Government Art
Collection de UK.
Sus álbumes fotográficos familiares decorados por ella misma
se encuentran en la National Library of Ireland.
Mencía Calderón la Adelantada (1514 - 1593). Emprendedora
y exploradora española.
Una mujer valiente, aventurera, líder, emprendedora
y provista de grandes dotes de mando.
Para poder entender su historia debemos remontarnos
a la España Imperial del siglo XVI, siendo el Río de la Plata uno de sus
territorios más distantes en su expansión en América, y de difícil control. En
esa zona tan alejada se venían produciendo enfrentamientos por la ausencia de
mujeres blancas, y para contrarrestar esta situación se necesitaban jóvenes
solteras dispuestas a contraer matrimonio allí.
Así, Carlos I puso en marcha una expedición en la
que Juan de Sanabria, esposo de Mencía Calderón, tenía el cargo de Adelantado;
debía preparar una Armada y trasladar a la ciudad de Nuestra Señora de Asunción
a dichas mujeres.
Recayó en Mencía la difícil tarea de tantear y
convencer a mujeres jóvenes solteras, procedentes de familias hidalgas
extremeñas, que quisieran contraer un matrimonio ventajoso en América.
Para su desgracia, Juan de Sanabria muere por unas
fiebres antes de emprender el viaje, ejerciendo ella de facto desde ese momento
el papel de Adelantada (aunque por las leyes de la época sería su hijastro
Diego de Sanabria quien heredaría el Título).
Tenía 34 años, viuda y con tres hijos cuando nuestra
protagonista Mencía abandonó España, partiendo de San Lúcar de Barrameda el 10
abril de 1550, con más de 300 personas, una armada de tres barcos y más de 50
mujeres a bordo.
La larga travesía estuvo llena de vicisitudes y
penalidades, sufriendo muchas bajas (entre ellas la hija pequeña de Mencía),
tormentas, ataques piratas e incluso naufragios.
En 1552 llegan al Brasil siendo retenidos allí por
el gobernador y puestas en libertad por la intervención directa del rey de España.
Siguieron viaje, y tras largo camino, atravesando selvas logran su objetivo,
llegando a la ciudad de Asunción a mediados de 1556.
Terminaba así un viaje que de nueve meses previstos
inicialmente, pasó a ser una odisea de 5 años, recorriendo más de 1.600 km;
teniendo estas mujeres un papel decisivo en la supervivencia de toda la
expedición.
Josephine
Diebitsch (Washington DC, 1863-1955). Exploradora y escritora. La primera mujer
en realizar una expedición al Ártico.
Descubrió
que Groenlandia era una isla y no una península como se pensaba hasta entonces.
Después
de graduarse de la escuela secundaria, asistió a una facultad de negocios y
trabajó como oficinista en la Institución Smithsonian, donde su padre enseñaba
idiomas.
En
una clase de baile, conoció a Robert E. Peary ,
un ingeniero civil naval con quien se casó en 1888.
Mientras
estaba en Groenlandia, Robert desarrolló un plan para explorar el extremo norte
de Groenlandia. Josephine lo ayudó a recaudar dinero usando los contactos
de su padre. Los patrocinadores incluyeron la Sociedad Geográfica
Estadounidense.
En
1891, los Peary partieron en su expedición. Josephine fue la primera mujer
en participar en una expedición al Ártico.
Su
papel era como enfermera, cocinera y cazadora.
Al
principio, Josephine encontró a los inuits como toscos, pero cuando se dio
cuenta de que el éxito de la expedición dependía de adaptarse a su forma de
vida, se acercó a las mujeres. Le enseñaron su idioma y cómo hacer ropa
ártica con pieles.
Mantuvo
un diario de sus experiencias, más tarde publicado como My Arctic
Journal.
En
1893, a pesar de que ella estaba embarazada, la pareja una vez más se dispuso a
explorar Groenlandia con la esperanza de encontrar una ruta hacia el Polo
Norte.
Josephine
escribió The Snow Baby , sobre su hijo, un popular libro
infantil, con fotografías y detalles sobre la vida y la naturaleza en el
Ártico.
En
1900 organizó una expedición de regreso a Groenlandia después de recibir la
noticia de que tenían que amputar los dedos de los pies de su marido, pero el
barco en el que viajaban, el Windward , chocó contra un
iceberg y quedaron congelados durante el invierno a 300 millas al sur del
campamento de Robert.
Cuando
finalmente se unieron, Josephine conoció a la mujer inuit de Robert,
Allakasingwah. A pesar de los sentimientos que debió despertar en ella,
Josephine siguió apoyando el objetivo de Robert de descubrir el Polo Norte.
Con
el nacimiento del segundo hijo de Peary, Robert, Jr., en 1903, Josephine dejó
de viajar al norte. Continuó dando conferencias y escribiendo para
recaudar dinero para el objetivo de Robert de descubrir el Polo Norte.
Unos
meses antes de su muerte, la National Geographic Society le otorgó su más alto
honor, la Medalla al Logro.
Mary
Schäffer Warren (1861 - 1939) Naturalista, ilustradora, fotógrafa exploradora,
viajera y escritora canadiense.
Fue
conocida por sus experiencias en las Montañas Rocosas canadienses
Superó
las limitadas expectativas de las mujeres a finales del siglo XIX y principios
del siglo XX persiguiendo sus sueños, en un momento en que no se creía
apropiado para una mujer hacerlo.
En
1889 se embarcó en su primera visita a las Montañas Rocosas canadienses,
acompañada por su compañera de arte Mary Vaux .
En
1890 se casó con el Dr. Charles Schäffer, un botánico aficionado con el que
pasaría veranos y otoños viajando en las Montañas Rocosas canadienses.
En
1904, Schäffer regresó a las Montañas Rocosas canadienses con su amiga Mary "Mollie" Adams decidida a completar una guía botánica que su esposo había comenzado.
Tras
la muerte de su esposo, protagonizó sus más famosos viajes de 1907 y 1908 que
dieron como resultado el descubrimiento del Maligne Lake y la publicación del
“Old Indian Trails of the Canadian Rockies” que tuvo un gran éxito en la época.
Para
completar este proyecto, Schäffer recolectó especímenes botánicos y aprendió la
habilidad de la fotografía.
En 1907 se publicó la Flora Alpina de las
Montañas Rocosas canadienses, con texto de Stewardson Brown y dibujos y
fotografías de Schäffer.
En
1912 Schäffer se mudó permanentemente a Banff, Alberta. En 1915 se casó con su
viejo amigo y guía de montaña William "Billy" Warren.
Mary
Schäffer Warren publicó artículos sobre sus exploraciones de las Montañas
Rocosas. Muchos se han recogido en This Wild Spirit: Women in the Rocky
Mountains of Canada .
Ida
Laura Pfeiffer (Viena, 14 Octubre 1797 –27 de octubre
de 1858) Viajera y escritora de libros de viajes. Fue una de las primeras
mujeres exploradoras, cuyos libros fueron tan popularesque se tradujeron a siete idiomas. Dio
dos vueltas al mundo y sus libros le dieron fama y gloria
She was a member of geographical societies of both
Berlin and Paris, but not of Royal
Geographical Society in London due to her sex.Fue miembro de las Sociedades
Geográficas de Berlín y París, pero no de la
Real Sociedad Geográfica de Londres , porque no aceptaban a las
Mujeres.
Fue
la primera mujer en convivir con la tribu de los batak, caníbales de la isla de
Sumatra .
Hasta
los 10 años Ida Pfeiffer vivió como si fuese un niño. Era la menor de seis
hermanos varones de los que aprendió a trepar por los árboles, tirar piedras y
llevar los pantalones altos dejando ver las heridas que delatan algunas peleas
con pandillas enemigas. En casa estaban prohibidos los gestos de cariño. Los
abrazos. Los besos. El entusiasmo.
Cuando
su padre, un comerciante rico, murió y su madre tomó el timón de la casa, concibió
el propósito urgente de hacer de su única hija una dama vienesa.
Este
fue el primer conflicto en una vida de exploradora que tendría después
sucesivas encrucijadas. Primero le pusieron unas faldas largas untadas en
almidón. Después le buscaron un profesor de piano del que se enamoró, más tarde
le enseñaron a hacer punto y por último le endosaron a un novio distinguido que
no se correspondía con el chico que ella buscaba. Un desastre ingobernable para
quien estaba viviendo una expansión psíquica y muscular incompatible con ser
una joven manipulada. La docilidad no encajaba con el carácter de Ida, que algunos
años después tiró por tierra el absurdo “negocio” de ser una mujer de su casa.
Para
escapar algún día con toda la fuerza por delante, aceptó casarse con Mark Anton
Pfeiffer (de ahí su apellido), un abogado con poderes en el gobierno de
Austria. Un hombre viudo y 24 años mayor que ya arrastraba un hijo adulto. Era
1820. Ida tenía 20 años y un futuro diseñado a plazo fijo. Pero aquel hombre
noble bajó siete peldaños en la escala social al denunciar la corrupción que
alentaban algunos funcionarios en Viena. Ese pecado le llevó casi a la ruina.
Ida,
por su cuenta, asumió trabajos de profesora de música y de dibujo para salir de
la asfixia. Crió a los dos hijos. Participó activamente en la reconversión
industrial de la familia (de ricos a pobres) y en 1835 se divorció como quien
se alivia de luto. Ya está sola. Y escribe: "¡Dios sabe lo que sufrí
durante los 18 años de matrimonio. No por los malos tratos de mi marido, sino
por las dificultades de una situación catastrófica, por la necesidad y la vergüenza!...
Tenía que ocuparme de todo en la casa. Tenía hambre y frío. Trabajaba en
secreto para ganarme un salario. Había días que no tenía más que pan seco para
ofrecer a mis pobres niños".
Esperó
a que los chicos fuesen mayores y, cuando se independizaron, comenzó a diseñar
la hoja de ruta de su estampida.
En
1842, con 45 años y la salud quebrada, se marchó a Tierra Santa descendiendo por el
Danubio. Sin compañía. Con el dinero justo. Era el primer destino de una
aventura que se prolongó durante 16 años. Estaba convencida de que había que
desatar las maromas que la degradaron durante demasiado tiempo y deshacer a
dentelladas su condición de animalito amaestrado. Así que hizo testamento y se
echó al mundo.
La
expedición continúa durante nueve meses más por Turquía, Grecia y Egipto.
Escribe. Anota. Sortea peligros. Acumula experiencias y va por la tierra sin
equipaje, con una bolsa de piel para el agua y alimentándose de arroz y pan,
con un puñadito de sal. Regresa triunfal a Viena.
Publica su primer libro y resulta que tiene un
best seller entre manos. Ya traza planes para otro viaje y diseña una nueva
expedición sola por Islandia, Noruega y Suecia. Vuelve para cuatro meses a
Viena, escribe otro libro sobre el viaje y, ahora sí, está segura de empezar la
gran aventura: una vuelta al mundo.
A Ida Pfeiffer le sucede que ya no sabe detenerse. La familia quedó
atrás. Ella no tiene el centro de gravedad en el pasado, ni en la nostalgia, ni
en nada que le hiciera recordar que también fue huésped de una vida normal.
Está transformando en triunfo su huida, su sed de cosas nuevas, su desalojo de
la normalidad
En
1846 embarca hacia Río de Janeiro y allí comienza la gran aventura. Viaja por
América del Sur. Se adentra en el Amazonas conviviendo con los indígenas que le
dan cuartelillo. Camina descalza y sortea nubes de mosquitos que le dejan el
cuerpo grabado a fuego y con la sangre justa para seguir avanzando.
Está
fabricada de una determinación que le impide derrumbarse por muchos golpes que
le asestes. Es como si tuviese un cerebro y un cuerpo con más proteínas que el
resto. Escribe sin tregua sobre cada uno de los paisajes, de los indígenas, de
los animales, de las penurias, de los espantos. Así va dando cuerpo a su vuelta
al mundo, para que no se le olvide.
Pasa
por Tahití. Se detiene en China, de donde sale al galope. Le fascina la India y
decide instalarse nueve meses. No tiene demasiada prisa. Camina, busca coches
de caballos, se aloja en lugares infames. Da lo mismo. Nada puede doblegar su
ánimo, ni siquiera ese grado de suciedad apasionada de algunos rincones
dispuestos para el viajero auténtico. Cruza el desierto por Bagdad en una
caravana de camellos y sube, después de más caravanas, hasta Rusia, donde pisa
calabozo confundida con una espía. En 1848 está de nuevo en Viena. Publica
Viaje de una mujer alrededor del mundo, recauda y prepara la siguiente
aventura.
Embarca
en Londres con destino a Ciudad del Cabo, continúa por Singapur y, a la contra
de todos los exploradores del mundo, se adentra en la selva de Borneo. Muy
pocos salen vivos de aquellas entrañas. Pero Ida Pfeiffer, como si estuviese
reclinada en una escalinata en vez de atrapada en un laberinto de flúor,
complica más su supervivencia mezclándose con la tribu de los dayakos, cuyo
pasatiempo era rebanar cabezas de extranjeros y clavarlas en picas dispuestas a
modo de parterre. "Me estremeció, pero no pude dejar de preguntarme si,
después de todo, nosotros, los europeos, no somos realmente igual de malos o
peores que estos salvajes despreciados. ¿No está cada página de nuestra
historia llena de horribles actos de traición y asesinato?", escribió.
Pero
aún necesitaba más estímulos y de Borneo pasó a Sumatra a presentarse ante la
tribu de los batak, delicados “gourmets” de carne humana de los que apenas se
sabía que nunca habían aceptado a un europeo entre sus filas. Menos a Ida
Pfeiffer. Tanta fue la confianza alcanzada que sus nuevos compadres intentaron
trincharle un muslo por probar cómo era la antropofagia cuando se mezclaba con
la amistad. Al final salió de allí viva y con las dos patas.
Satisfecha
de su inmersión tribal, apuntó ahora hacia San Francisco (EEUU) y los Andes
para regresar a Viena en 1948. Sólo le quedaba una parada más, la de
Madagascar. Publicó “Mi segundo viaje alrededor del mundo”.
Pero
de aquellas expediciones además de recoger plantas, insectos, moluscos, vida
marina y muestras de minerales,cuyosespecímenes cuidadosamente documentados fueron vendidos al
Naturhistorisches en Viena y al Museo de Historia Natural de Berlín ,Ida
trajouna enfermedad tropical, quizá la malaria.
Consumida
por la enfermedad, murió en Viena en 1858. A los 61 años. Nunca viajó por
vanidad.
Fuentes: Wikipedia y El Mundo(
firmado por @Antoniolucas75)
Delia Akeley (Beaver
Dam, Wisconsin, 5 de diciembre de 1869 - 1970). Exploradora estadounidense,
comúnmente conocida por su apodo de Mickie.
Viajó
extensamente por África. [8] She was one of the first
westerners to explore the desert between Kenya and Ethiopia , and she explored the Tana River in a dugout canoe, entering it from the
Indian Ocean . Fue uno/a de lxs primeros/as occidentales en explorar
el desierto entre Kenia y Etiopía. Exploró el río Tana en una “canoa caseta” desde el Océano Índico . She also
lived for several months with the pygmies of the Ituri Forest , Zaire . También vivió durante varios meses con los pigmeos de la selva de
Ituri ,en Zaire .
Fue una de lxs primerxs autorxs en escribir una biografía de un primate, JT
Jr., la biografía de un mono africano.
Con
la aventura en sus venas y movida por la necesidad de escapar de las
convenciones sociales Mickie huyó de casa a los 13 años. A los 14 conoció a
Arthur Reiss, barbero con aficiones de cazador, y decidió casarse con él.
En
1902, en una de las cacerías junto a su marido, conoce a Carl
Akeley , taxidermista, escultor,
biólogo y fotógrafo de naturaleza, con un gusto por la aventura y un gran prestigio
en los Museos de Ciencias Naturales. Delia decide irse con él. Pasó a
apellidarse Akeley. Aprendió a disparar. Aprendió a disecar con una rigurosa
delicadeza. Ayudó a Carl a montar algunos de los mejores ejemplares en las
vitrinas de los mejores centros y emprendieron juntos dos misiones de caza en
África (en 1905 y 1909), organizadas por el Museo de Arte Natural de Nueva York.
El
matrimonio duró 21 años.
En
1918, Delia marchó a Francia como voluntaria de las Fuerzas Expedicionarias
Americanas. Con el divorcio firmado en 1923 comenzó, ahora sí, la gran
aventura. Un año después Delia Akeley decidió que volvía a África y que aquel
viaje tendría un propósito: cruzar el continente desde la costa oriental
africana hasta la costa atlántica. En el sentido opuesto a como lo hizo David
Livingstone en 1854.
A
los 50 años, después de una vida más o menos formal, decidió que sería la
primera mujer en atravesar África a pie. Y lo consiguió.
En
1924 emprendió la ruta, financiada por
el Museo de Artes y Ciencias de Brooklyn, sin ayuda de guías, ni cazadores
blancos, ni profesionales de safari. "Desde mi primera experiencia con las
tribus primitivas del África central, hace ya 22 años, he tenido la firme
convicción de que si una mujer se aventura sola, sin escolta armada y vive en
los poblados, podría hacer amistad con las mujeres y conseguir información más
valiosa y auténtica sobre sus costumbres tribales", escribió.
Se
fue sola al Congo Belga. Se presentó a la tribu de los Mbuti, los más diminutos
de entre todos los pigmeos, que ocupaban media hectárea en la selva de Ituri.
Convivió con ellos varios meses mientras los jefes del clan se debatían entre
el ardor guerrero y la aceptación de esta insólita criatura que les sacaba
cientos de fotografías sin robarles el alma.
Delia
Akeley no renunció jamás a su extravagancia. Viajaba con una bañera plegable de
caucho que fascinaba a los pigmeos como si convocase el cielo en un recipiente
donde se echaba desnuda al atardecer a la sombra de una acacia.
El
viaje continuó durante 11 meses más. Y en medio del camino había que sortear
animales y hambre. Cruzar las orillas del río Zambeze, orladas de cocodrilos.
El acoso de algunos nativos. Enfermedades. Penurias. Viajaba siempre sola.
Convencida de que así era mejor.
En
aquel mundo extremo donde ni el paisaje ni las emociones se matizaban
demasiado, Delia Akeley se convirtió en una referencia que se anunciaban de
poblado en poblado. Fue la primera mujer que atravesó el continente africano
sin más equipo que una voluntad inquebrantable y un afán extraordinario por
intentar entender los miles de recodos que esconden decenas de tribus aún
inéditas entonces.
Regresó
a Nueva York y publicó sus trabajos sobre los pigmeos.
Al
final de la vida volvió a casarse con otro expedicionario, Warren Howe.
Alexandra
David-Néel (Saint-Mandé 24 de octubre de 1868 - Digne-les-Bains 8 de septiembre
de 1969).Exploradora, orientalista, cantante de ópera, periodista, anarquista,
espiritualista, budista y escritora franco-belga.
Será la primera
mujer occidental en lograr acceder a Lasha, (1924), capital del Tíbet, ciudad
prohibida a los extranjeros.
Escribió más de 30
libros acerca de religiones orientales, filosofía y sus viajes. Uno de los más
importantes fue Magic and Mystery in Tibet
“La aventura será mi única razón de ser”- sentenció una vez, antes de
sumergirse en un nuevo reto. Alexandra era una mujer de retos, como cuando se
propuso pasar dos largos años en una cueva y dedicar todo el tiempo a la
meditación. Acompañada únicamente por su maestro, Alexandra aprendió tibetano y
el tantrismo budista en una cueva a 4.000 metros de altitud y a punto de morir
congelada al sólo llevar una fina túnica de algodón. Pero para ella, todo
aquello era excitante. “Será duro, pero increíblemente interesante”- comentó la
exploradora a sus amigos antes de meterse en la cueva
Su resistencia era
algo que Alexandra preparaba concienzudamente, no quería que ninguna práctica
no le fuese posible debido a alguna limitación física. Por ello, se preparaba a
fondo caminando a diario 40 kilómetros. La antropóloga fue capaz de superar
temperaturas extremas, animales salvajes, hambre y enfermedades. “Para aquél
que sabe mirar y sentir, cada minuto de esta vida libre y vagabunda es una
auténtica gloria” – confesaba emocionada a sus seguidores, disfrazada de
mendiga, con la cara ennegrecida por el hollín y el cabello oscurecido con
tinta china.
Sus enseñanzas
fueron trasmitidas por sus principales amigos y discípulos: Yondgen y el
francés Swami Asuri Kapila (Cesar Della Rosa).
Sus obras han sido
muy bien documentadas e influyeron en los escritores "beat" Jack
Kerouac y Allen Ginsberg, así como en el filósofo Alan Watts.
"La
autoridad. La obediencia es la muerte. Cada instante en que el hombre se somete
a una voluntad extraña es un instante arrancado a su propia vida".
"¡Qué
importa el color y el lenguaje del que es el Amo, qué importa el suelo que se
pisa si no se puede comer, ni pensar, ni actuar según la propia fuerza y el
propio deseo! El Amo es el enemigo, cualquiera que sea. El enemigo está en
todos los países y en cada una de las personas que pueden decir: yo quiero. Y
más ciertamente aún el enemigo está en cada hombre, en la ignorancia que no
necesita ayuda para crear Amos".
"La
única ley de los seres (naturales), demostrada y confirmada por el estudio y la
experiencia, es el deseo vital, la búsqueda de la satisfacción de todas sus
facultades, como medio para vivir plenamente, y la lucha contra cualquier forma
de sufrimiento. El hombre no tiene razón alguna para creerse excluido de esta
ley universal".
"Que
cada cual siga enteramente, siempre y en cualquier parte, el impulso de su
naturaleza, ya sea ésta limitada o genial. Sólo entonces el hombre sabrá lo que
es vivir, en lugar de despreciar la vida sin haberla vivido jamás".
"Tengo
por principio no aceptar nunca una derrota, de cualquier clase y sea quien sea
quien me la inflige".
"Para
aquél que sabe mirar y sentir, cada minuto de esta vida libre y vagabunda es
una auténtica gloria".
"La
aventura será mi única razón de ser".
"A
veces lloraba lágrimas amargas, con el profundo sentimiento de que la vida se
me escapaba de las manos, que los días de mi juventud se esfumaban, vacíos, sin
interés, sin alegría. Entendía que estaba desperdiciando un tiempo que nunca
recuperaría, que estaban pasando de largo horas y horas que podían haber sido
hermosas. Mis padres -como la mayoría de los padres que han criado, si no una
gran águila, al menos una diminuta águila obsesionada con volar a través del
espacio- no podían comprender esto y, aunque no eran peores que otros, lo
cierto es que llegaron a hacerme más daño que el más incansable de los
enemigos". Alexandra sobre su vida de niña privilegiada llena de ociosas
formas de "matar el tiempo" cuando ella deseaba tener aventuras.