María
Cardarelly (1845-d.1910)Es la primera
mujer que abrió un estudio fotográfico profesional en Galicia.
Ha
pasado a la historia por ser la autora de los dos primeros retratos que se
conservan de la poeta y escritora Rosalía de Castro.
Comenzó
su actividad fotográfica profesional en 1864 cuando tenía 19 años, dentro de un
contexto protagonizado íntegramente por fotógrafos masculinos.
Se
desconoce su formación como fotógrafa aunque tuvo que disponer de permiso
paterno para ello, ya que la mayoría de edad para una mujer entonces eran los
25 años.
Su
estudio estaba localizado en el domicilio familiar.
Durante
la época que María Cardarelly ejerció como fotógrafa en Santiago realizó los
dos retratos conservados de Rosalía de Castro y uno de su hija primogénita de
niña, Alexandra Murguía de Castro.
María
Lucía Gilabert (c.1770-d.1830).Pintora española.
El
escritor Manuel Ossorio y Bernard la incluyó en su libro “Galería Biográfica de
artistas españoles del siglo XIX”, publicado en Madrid en 1868 y revisado en
1883.
En
1790, cuando contaba unos 20 años, la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando de Madrid la nombró Académica de Honor y Mérito por la Pintura, junto
a María Ramona Palafox y Portocarrero, Mariana Sabatini y Ana María Mengs.
María
Lucía Gilabert estuvo muy relacionada con la RABASF, que hoy sólo conserva en
su colección dos dibujos firmados por ella.
Participó
en las exposiciones de esta institución en 1794, 1796, 1799, 1800 y 1840.
En
la edición de 1799 expuso un “Autorretrato” (1796) realizado al pastel que
regaló a la Academia ese mismo año y se encuentra registrado en los inventarios
aunque hoy está en paradero desconocido.
En
1828 también participó en la II Exposición de la Industria española, donde
presentó un dibujo con marco tallado por ella misma, por el que recibió una
mención honorífica.
María
Luisa Pérez Herrero (1898-1934) Pintora española.Fue una de las escasas
pintoras españolas que se especializaron en el paisajismo, junto con Flora
López Castrillo (1878-1948).
María
Luisa estudió en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Real
Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde fue discípula del pintor Muñoz
Degrain.
Perteneció
a la promoción de 1915 junto a nombres como la escritora Rosa Chacel
(1890-1994), que se formó en escultura, Gregorio Prieto (1897-1997) o José Frau
(1898-1976).
Durante
sus estudios, María Luisa Pérez-Herrero consiguió en 1918 el Premio
Extraordinario de Pintura de Paisaje y la Medalla de la Escuela.
Su
primera participación en una exposición tuvo lugar cuando aún era estudiante.
La recién creada Asociación de Alumnos de la Escuela de Bellas Artes organizó
en el mes de mayo de 1919 una muestra colectiva en los salones del Círculo de
Bellas Artes en la que participaron 29 alumnos.
Ese
mismo año ganó una beca de paisaje que otorgaba la Escuela de Pintores del
Paular, perteneciente a la Cátedra de Paisaje de la Academia de San Fernando,
para residir y trabajar durante el verano en el Monasterio de El Paular (Sierra
de Guadarrama).
Al
concluir la residencia, la Sociedad Amigos del Arte organizó una exposición en
la que Pérez Herrero consiguió el primer premio con su cuadro “Un rincón de la
iglesia” (1919), que fue reproducido en la revista “La Esfera”.
María
Luisa también fue socia de la AEPE Asociación Española de Pintores y
Escultores, en cuyo Salón de Otoño participó en la primera edición de 1920, en
1923 y 1925.
En
1920 debutó en la Exposición Nacional de Bellas Artes con un lienzo titulado
“Jardín de la Isla Aranjuez” y continuó participando en la siguiente edición de
1922, en la que presentó “Frondas estivales. Aranjuez” y “Jardín de Aranjuez”
consiguiendo una Tercera Medalla.
Siguió
exponiendo en este evento en las sucesivas ediciones de 1924, 1926, 1930, 1932
y 1934.
En
1923 recibió una beca de viaje y formación por parte de la Junta para
Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para residir en París.
Ese
mismo año inauguró una muestra individual en el Círculo de Bellas Artes, a la
que asistió el rey Alfonso XIII y adquirió algunas obras.
Al
año siguiente, el Ministerio le concedió varias prórrogas de la beca de
formación y gracias a ello viajó a Bélgica, Bretaña e Italia, donde durante
tres meses realizó vistas de Venecia, Florencia, Roma y Nápoles.
Con
todas las pinturas ejecutadas en sus viajes, en
1927
celebró otra monográfica en el Lyceum Club Femenino, asociación de mujeres,
feminista e intelectual presidida por la pedagoga y humanista María de Maeztu,
que estuvo en activo desde su fundación en 1926 hasta la guerra civil.
En
1929 fue seleccionada para participar en la Exposición Internacional de
Barcelona, celebrada en el Palacio de Congresos.
Durante
la inauguración de la Exposición Nacional el 23 de mayo de 1934, María Luisa
sufrió un ataque repentino de apendicitis. El jurado decidió adquirir uno de
los dos cuadros presentados en la exposición con el título “Urdiáin (Navarra)”,
que hoy se encuentra en paradero desconocido.
En
diciembre de ese mismo año se celebró una exposición retrospectiva de sus obras
en el Círculo de Bellas Artes a modo de homenaje póstumo.
El
Museo Nacional Reina Sofía conserva en su colección el lienzo “Venecia”
(c.1929) que se encuentra en depósito en el Museo Provincial de Lugo.
Por
desgracia, su carrera profesional llena de éxitos y actividad se vio truncada
en 1934 cuando falleció con sólo 36 años.
En su edición de esta obra incluye un texto propio,
titulado Apología de las mujeres, que constituiría uno de los
primeros ensayos feministas en España.
La obra está escrita en un lenguaje sencillo que se
aleja de las enrevesadas fórmulas del ensayo que se estilaban por aquel
entonces, siendo ella misma quien, varias veces, lo advierte a lo largo de su
obra.
En ella saca a relucir la situación de la mujer en
la Ilustración en aspectos como la educación, la terrible ignorancia a la
que son sometidas las mujeres impartiéndoles una educación totalmente distinta
a la de los hombres dirigida a las tareas del hogar. También hace hincapié en
la diferente situación en la que llegan los hombres y las mujeres en el
matrimonio y la desigualdad entre ellos una vez casados.
Por lo tanto, se puede resaltar como feminista
moderna, que aborda desde muy temprano temas de índole de igualdad entre
hombres y mujeres, con la excusa de escribir para sus hijas, siendo realmente
discurso de feminismo para cualquier mujer.
Conocedora de las ideas ilustradas, es posible
que Inés Joyes leyera a su contemporánea Mary Wollstonecraft y su Vindicación de los derechos de
la mujer, y es por esto que pueden observarse ciertos rasgos de su obra
en la Apología de las mujeres.
Su traducción y obra pasaron desapercibidas y se han
recuperado recientemente, cuando el análisis de su texto ha permitido ver la
relevancia que éste pudo tener en el pensamiento feminista de su época.
Joaquina Zamora (1898-1999).Pintora y profesora de dibujo
española.
Fue la primera mujer Licenciada
en Bellas Artes por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
La pintura de Joaquina Zamora
se enmarca dentro de un regionalismo aragonés en el que destacan los retratos
de personajes costumbristas. Además, se interesó por trabajar el desnudo, las
naturalezas muertas y el paisaje urbano. Es significativo que decidiera firmar
sus obras sólo con su apellido para evitar ser identificada como mujer.
Joaquina comenzó su formación
artística de niña recibiendo clases particulares en su casa con el pintor
Enrique Gregorio Rocasolano, profesor de dibujo y pintura en los talleres del
Hospicio Provincial de Zaragoza.
La primera muestra colectiva de
Joaquina Zamora tuvo lugar en 1919 cuando tenía 21 años. Fue organizada por la
Agrupación Artística Aragonesa en el Salón del Ateneo de Zaragoza bajo el
título “Exposición de Artistas Noveles e Independientes”.
Joaquina Zamora debutó en la
Exposición Nacional de Bellas Artes de 1922 y volvió a participar en 1926.
En 1924 ganó una beca de la Diputación
de Zaragoza para estudiar en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y
Grabado de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.
Durante los cuatro años que
vivió en la capital residió en la Residencia de Señoritas, fundada en 1915 por la
pedagoga y humanista María de Maeztu para fomentar la educación universitaria
de las mujeres.
En la Academia coincidió en las
clases con alumnas como Delhy Tejero, Pitti Bartolozzi y Remedios Varo.
Joaquina fue socia de la
Asociación Española de Pintores y Escultores AEPE durante más de 70 años, desde
1922 hasta el año de su muerte. En 1925 participó por primera vez en el VI
Salón de Otoño con tres lienzos de vistas de la ciudad de Tarazona. Al año
siguiente, formó parte de la Exposición de Arte Pro-Cuba, organizada por los
alumnos de la Escuela de San Fernando en las salas del Museo de Arte Moderno en
Madrid. Tres años después, en 1928 formó parte de la Exposición
Girondino-Aragonesa celebrada en Burdeos con motivo del centenario de la muerte
de Goya.
En abril de 1933 celebró su
primera exposición individual en el Casino Mercantil de Zaragoza, en la que
expuso 24 lienzos.
Ese mismo año también formó
parte de la Exposición Regional de Arte Aragonés en el Palacio de la Lonja, que
fue organizada por el Círculo de Bellas Artes de la ciudad.
Su segunda exposición
individual la celebró en febrero de 1936 en el Ateneo de Pamplona, donde había
conseguido plaza como profesora en el Instituto.
Durante la Guerra Civil
Española trabajó como enfermera de campaña y se trasladó a Francia con la Cruz
Roja. Al terminar la guerra, fue destinada en 1937 al Instituto de Enseñanza
Media de Calatayud, donde residió hasta 1942.
Ese año inauguró una exposición
individual en la Sala Gaspar de Barcelona y abrió su propio estudio de dibujo y
pintura en su propio domicilio en Zaragoza, donde asistieron muchas alumnas
como María Pilar Burges.
Sin embargo, Joaquina volvió a
trabajar en la enseñanza pública en el Centro de Enseñanza Media y Profesional
de Tarazona desde 1950.
Durante la década de los años
60, ganó por oposición el título de Catedrática Numeraria de Institutos
Técnicos de Enseñanza Media del Ministerio de Educación y fue nombrada
Consejera del Centro de Estudios Turiasonenses asociado a la Institución
Fernando el Católico de Zaragoza.
Tres años antes de fallecer,
cuando Joaquina Zamora estaba a punto de cumplir 98 años, la Diputación
Provincial de Zaragoza le dedicó en 1996 una exposición antológica.
En 2012 fue constituida la
fundación con su nombre y la primera edición del “Premio Joaquina Zamora” se
convocó en 2014.
La Diputación de Zaragoza le
concedió la Medalla de Oro de Santa Isabel de Portugal.
Beatriz Bernal (1501/1504 - 1562/1586) Una de las
primeras escritoras de ficción de España que publicó en 1545, el libro de
caballerías titulado Cristalián de España, aunque de forma anónima, firmando la
primera edición simplemente como Una señora de Valladolid.
No se conocen muchos detalles personales de su
biografía, pero se sabe que en 1528 había enviudado de su primer marido,
Cristóbal de Luzón, escribano público de Valladolid.
Unos tres años después, hacia 1533-34 se casó por
segunda vez con el bachiller Juan Torres de Gatos, relator de la Real Audiencia
de Valladolid y descendiente de familia ilustre. El matrimonio duró unos 3 años
y volvía a estar viuda en 1536. De este matrimonio nació su hija Juana de
Gatos. Se desconoce su fecha de muerte, pero otorgó testamento en 1562 y murió
antes de 1586 fecha de la segunda edición de su obra.
Beatriz Bernal publicó en 1545 un libro de caballerías titulado Cristalián de España. La primera
edición dice en portada: Comienza la historia de los invictos y magnánimos
caballeros don Cristalián de España, príncipe de Trapisonda, y del infante
Luzescanio su hermano, hijos del famosísimo emperador Lindedel de Trapisonda.
El prólogo de la obra es una buena muestra de la
posición que Beatriz Bernal se atribuyó como escritora y sobre todo de las dificultades
que encaraban las mujeres con vocación literaria, más aún si querían publicar.
Para empezar omitió su nombre de la obra, aunque
quiso dejar constancia de su identidad femenina y aparece en la portada como
“una señora natural de la noble y más leal villa de Valladolid”.
Como otros autores de libros de caballerías,
recurrió al tópico del antiguo libro encontrado como fuente de su obra, pero la
aventura se desarrolla en claves femeninas: obtiene el original mientras visita
iglesias, donde siente curiosidad por un antiguo sepulcro y allí tiene un acto
de atrevimiento, “vi que a los pies del sepultado estaba un libro de crecido
volumen, el qual, aunque fuese sacrilegio, para mí apliqué”.
El argumento, muy complejo, se alarga durante ciento
treinta y ocho capítulos. Hay un personaje principal, Don Cristalián cuya
historia se entrecruza con un variadísimo repertorio de personajes secundarios.
Cada episodio sigue el mismo esquema, en una primera
parte el héroe o heroína - gran aportación de Beatriz Bernal- aparece en un
lugar apartado, en una segunda parte se encuentra con las aventuras que le
llevarán a la gloria, que será la última parte de su episodio.
Los personajes femeninos tienen gran importancia en
este libro. Entre ellos destaca la virgo bellatrix, tópico literario utilizado
muy a menudo, de la doncella guerrera Minerva.
Ella no es, como otros personajes femeninos muy
populares, una mujer que se viste de hombre por seguir a su amado sino que es
una doncella que tiene ganas de aventuras. Y así se convertirá en la compañera
de aventuras del protagonista.
Otro personaje destacable por su protofeminismo es
la maga Membrina, que aparece en el primer capítulo, de la que se dice: Hubo
una ínsula, llamada de las Maravillas, de la cual era señora una doncella muy
gran sabidora en las artes. Fue tanto el su saber, que jamás quiso tomar
marido, porque nadie tuviese mando ni señorío sobre ella.
Esta idea se vuelve a repetir en el capítulo XVIII
con la infanta Danalia: El padre deste príncipe había una hermosa doncella,
cuyo nombre era la infanta Danalia: ésta es muy gran sabia en las artes, y por
ser tan sabia nunca se quiso casar.
También hace referencia en el primer capítulo a
Nicóstrata, mujer legendaria, como auctoritas Dice la historia que Nicóstrata,
aquella excelentísima mujer que todas las guerras de Troya escribió...
La obra gozó de fama. Fue una obra traducida al
italiano. En esta traducción no solo no se atribuye a Beatriz Bernal, sino que
desaparece totalmente la huella de una autoría femenina, de la que no se dice
nada.
Helena Cortesina (1903-1984). Es la primera mujer en
dirigir un largometraje en la historia del cine español. La película muda “Flor
de España o la historia de un torero” (1922), protagonizada por ella misma y
producida con su propia productora “Cortesina Films”.
La película actualmente se encuentra en paradero
desconocido y solamente perduran algunos fotogramas conservados en la Filmoteca
Española.
Helena Cortesina tuvo otras dos hermanas llamadas
Ofelia y Angélica. Las tres “Hermanas Cortesinas” comenzaron trabajando siendo
adolescentes como bailarinas en espectáculos de variedades. Helena se
distinguió de sus hermanas coreografiando sus propios espectáculos en obras de
inspiración clásica, con música de Albéniz, Granados o Falla.
En los medios de prensa y publicitarios de la época,
Cortesina se mostró con una presencia y una identidad alejada del estereotipo
femenino patriarcal, creando para el público un referente de mujer activa,
independiente y cosmopolita.
En 1920, Helena Cortesina debutó en el cine en un
pequeño papel como actriz en la película muda de José Buchs (1893-1973) “La
venganza del marino”, con guion de la actriz María Comendador (1880-1935).
En 1921 Cortesina interpretó un papel principal en
el film “La inaccesible”, del mismo director y co-protagonizada con Florián
Rey. En ambos papeles, Helena interpretó personajes femeninos autónomos y
emprendedores.
En 1922, cuando tenía sólo 19 años, Helena fundó
“Cortesina Films” con la que produjo su único film. La película se rodó en
Madrid y Aranjuez. En ella también participaron como actrices sus dos hermanas.
La partitura musical para ser interpretada durante las proyecciones fue
compuesta por Mario Bretón Matheu (1880-1923), hijo del músico Tomás Bretón. El
estreno en Barcelona fue ese mismo año y en 1923 se proyectó en Madrid, sin
embargo, no obtuvo el éxito esperado.
Tras el fracaso comercial de su productora
cinematográfica, Helena Cortesina continuó trabajando como actriz en el teatro.
Se unió a la Compañía Cómico-Dramática Martínez Sierra, donde conoció a quien
sería su pareja sentimental durante 15 años, el escenógrafo catalán Manuel
Fontanals Mateu, con quien tuvo una hija llamada María Rosa Fontanals.
En 1929, Cortesina estrenó en Barcelona con esta
compañía la obra “Triángulo”, escrita por María de la O Lejárraga (1874-1974),
junto a la actriz Catalina Bárcena (1888-1978).
En febrero del año siguiente la obra se estrenó en
el Teatro Infanta Beatriz de Madrid y en abril de ese año, Helena llegó con
esta compañía a Montevideo para estrenar la obra en el Teatro Solís.
Más tarde, la pareja Fontanals-Cortesina se unió a
la compañía de la actriz Lola Membrives, con la que viajó a Buenos Aires. Allí,
en 1933 Helena interpretó el papel de “La Novia” en la representación de “Bodas
de sangre” y pudo entablar amistad con Federico García Lorca.
También participó en 1938 en la primera adaptación
al cine de esta obra producida en Argentina.
Al estallar la Guerra Civil, Helena Cortesina se
unió a la organización Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa
de la Cultura, creada en 1936. Por este motivo, tuvo que exiliarse a Argentina
estando embarazada de su segundo hijo, a quien Fontanals no llegó a reconocer.
En Buenos Aires continuó trabajando como actriz en
el cine hasta 1966.
En el año 2022 se creó el “Festival de Cortometrajes Helena Cortesina” con el fin de visibilizar y apoyar la presencia de la mujer
en el cine.
Con el nombre de Hermandad Lírica se suele
designar a un grupo de mujeres poetas pertenecientes
al Romanticismo que se relacionaron y se dieron apoyo
mutuo a través de la literatura y del relato de sus inquietudes vitales
en España en el siglo XIX
Sus primeras publicaciones están en torno a 1840. La
figura central fue la poeta Carolina
Coronado. Crearon un corpus compacto de versos de amor dirigidos
primordialmente a otras mujeres, a menudo poetas. Dos décadas después,
desapareció esta solidaridad y además su corpus literario y su autoría femenina
empezaron a ser desacreditados e ignorados.
Habían nacido en torno al año 1820, pertenecían a
familias de la burguesía acomodada, fueron autodidactas, coincidieron
en sus intereses poéticos y humanos, en las amistades literarias, en ciertos
puntos geográficos y en varias publicaciones femeninas.
El Romanticismo proporcionó a las mujeres, incluso a
las de ideología más conservadora, la convicción de su derecho a
expresarse líricamente, a pesar de que la palabra poetisa se
utilizaba para ridiculizar a las mujeres que ponían en práctica esta
convicción, como expresó Rosario de Acuña en su poema Poetisa.
Necesitaban desahogarse por la asfixia que producía en muchas de ellas el
encierro obligado en el ámbito doméstico.
Las mujeres que se atrevieron a escribir e
intentaron ser escritoras reconocidas tuvieron que enfrentarse a
las adversidades culturales e históricas que las relegaban a un
segundo plano. Por ello, desarrollaron estrategias que les ayudaron a
sobrevivir como autoras.
Tres fueron las pioneras: Josefa Massanés, Gertrudis Gómez de Avellaneda y
Carolina Coronado, que publicaron libros entre 1841 y 1843. Lo que hacían
primero era publicar en una revista y, después, pasaban sus
creaciones a un libro de poesía, para lo que fue importante la ayuda de
escritoras ya consagradas.
Publicaron en innumerables revistas especializadas
para mujeres. Varias escritoras llegaron a ser directoras de estas revistas:
Angela Grassi de El correo de la Moda de Madrid y Faustina Sáez de Melgar de La
Violeta. La mayoría comenzó a escribir en pueblos o ciudades de provincias
aunque cuando llegaron a ser escritoras profesionales se trasladaron a Madrid
o Barcelona.
Temas
Carolina Coronado escribió una serie titulada Cantos
de Safo con la que quiso recuperar la memoria de la poeta griega Safo
de Mitilene y poner en juego su deseo de libertad y genealogía
femenina buscando referentes en la conquista de la autoría literaria.
Uno de los temas principales era el amor y la
amistad, que se materializa en poemas de reconocimiento en un cruce entre
sentimientos y reglas poéticas.
Tomaron de sus colegas masculinos el vocabulario y
las fórmulas de la poesía erótica, que les ayudó a expresar en sus poemas una
hermandad espiritual de ayuda mutua. Siendo Coronado el centro de esta red
de sororidad,
fue quien recibió más dedicatorias.
Alguno de estos poemas pueden ser equívocos ya que
hay una indefinición del objeto erótico y de la relación entre la voz lírica y
el destinatario del poema. Un claro ejemplo es Dolores Cabrera y Heredia.
Otro tema que abunda en sus escritos es el tema del
destino doloroso de la mujer que va desde la melancolía de Fenollosa hasta
la exhortación de García Miranda en su poema A
las españolas publicado en 1851.
También defendieron el valor de la inteligencia de
la mujer, tan denostado por sus colegas masculinos. Destaca el poema de Cabrera
y Heredia, El hastío. No reivindicaban derechos políticos, sino el
acceso de las mujeres a la cultura impresa, a la actividad intelectual y a la
expresión literaria.
Alejandrina
Alba Muñoz. (1837-1910) Fotógrafa española.
Es
la primera mujer censada como fotógrafa en España, entre 1874 y 1880.
Firmó
sus obras bajo el nombre de “A. Alba”, tal vez para no ser identificada como
mujer.
A
la manera de la Condesa de Castiglione, Alejandrina también elaboró un discurso
de autoafirmación femenina frente a la cámara, representándose como un sujeto
autónomo que controla la imagen que proyecta.
José
Martínez Sánchez (1807-1874), uno de los primeros fotógrafos españoles, fue su
primer marido, por eso Alejandrina Alba con la ayuda de un sobrino,
administraba el exitoso estudio
fotográfico situado en la Puerta del Sol nº4, cuando Martínez Sánchez viajaba a
París.
Al
quedarse viuda en 1874, Alejandrina aparece censada en Madrid como fotógrafa
hasta 1880, cuando volvió a casarse con el fotógrafo J. Astray (1845-1908) y
desde entonces es su segundo marido el que figura como director del gabinete
fotográfico.
Entre
1875 y 1879, Alejandrina Alba utilizó el medio fotográfico de una manera
creativa para auto-retratarse posando con distintas indumentarias y máscaras.