Razia Sultana (1205-1240) Sultana del sultanato de Delhi durante cuatro años, y la
primera y única gobernante femenina de la historia de la India musulmana
También llamada Radiyya o Raziyya.
Razia se convirtió en Sultana de Delhi cuando
falleció su padre Illtutmish (1236). Se convirtió en una de las primeras
mujeres dirigentes del Islam y la única sultana de la historia del sultanato
mameluco de Delhi.
Razia gobernó tras el bochornoso mandato de Rukn ud
Din, dedicado solo al libertinaje y al jolgorio.
Razia, que vistió con atuendo masculino y actuaba
como tal (se atrevió a montar en un elefante de guerra con la cara descubierta)
demostró ser una gobernante hábil, tolerante y capacitada.
Razia tuvo consejero favorito, Yakut, el cual no era
de origen turco. Esto empezó a despertar recelos. Los emires se rebelaron y su
hermano Bahram usurpó el trono. Razia se alió y casó con otro emir rebelde,
Altunia. En la batalla decisiva en Khaital (1240), Razia y Altunia fueron
vencidos. Durante la huida, fueron robados y asesinados. Bahram gobernó durante
dos años hasta que fue destronado por incompetente (1242).
Fue entrenada en armas, estrategia, leyes y
gobierno. Como alianza militar frente a los daneses, fue casada con Etelredo II de Mercia, señor de Mercia.
Su marido tuvo una salud débil desde el 902 hasta su
muerte (911), por lo que Aethelflaed gobernó el Reino
de Mercia entre 911 y 918.
Construyó una serie de fortalezas para defender el
reino. Dirigió a su ejército en por lo menos tres batallas, expulsando a
vikingos y galeses, y manteniendo una alianza estable con Wessex.
En el año 918, año de su fallecimiento, sus tropas
llegaron muy al norte conquistando Leicester, y el reino danés de York pasó a
prestar vasallaje.
Ethelfleda
de Wessex sale biografíada en la serie The Last Kingdom
Tamara []o
Tamar (c. 1160-18 de enero de 1213) Reina de Georgia de 1184 hasta su
muerte, período en el que la Edad de
Oro de Georgia (siglos XI y XIII) alcanzó su apogeo.
Miembro de la dinastía de los Bagrátidas, su posición como la
primera mujer en gobernar Georgia por derecho propio era enfatizada con el
título de mepe (მეფე, «rey») en sus menciones en manuscritos georgianos medievales
Fue proclamada heredera en 1178, y a pesar de la
adversidad de la aristocracia, logró consolidarse en el trono. Tuvo un primer
matrimonio fracasado con un príncipe de la Rus, casándose por segunda vez con
el alano David Soslan, con quién tuvo dos hijos.
Con una hábil política exterior expansionista,
convirtió al reino en el estado más fuerte del Cáucaso, aprovechando la
debilidad selyúcida.
Tamar liberó Armenia en 1199, y venció a los turcos
en 1204, cerca de Erzurum. Los georgianos fueron finalmente frenados por los
ayubíes, aunque entre sus logros militares estan la fundación de Trebisonda
(1204) y una expedición a Persia (1210).
Aunque Tamar no combatió directamente, acompañó
regularmente a sus tropas y demostró ser una estratega brillante.
Su reinado también destaca por un extraordinario
florecimiento cultural y religioso con elementos georgianos particulares. La
decadencia del reino llegó con la invasión mongol
El período de éxitos políticos y militares y logros
culturales asociado con su reinado, en combinación con su rol de gobernante
femenina, han llevado a su idealización y romanticismo en las artes georgianas
y la memoria colectiva. Sigue siendo un símbolo importante en la cultura
popular georgiana y ha sido canonizada por la
Iglesia ortodoxa georgiana como «santa y justa reina
Tamara»
Urraca de Zamora (León, 1033-León, 1101)
fue una infanta de León; hija primogénita de Fernando I de León y de su esposa, la
reina Sancha, heredó la plaza de Zamora tras
el reparto realizado por su padre antes de fallecer.
Urraca
fue la mayor de los cinco hijos de Fernando I y su esposa Sancha de León, quien
nació antes de sus padres accedieran al trono (mayo de 1038)
Recibió educación, al igual que sus hermanos,
en la «disciplinas liberales», el trivium y
el quadrivium.
Urraca se ocupó de la educación de su hermano Alfonso, ocho años menor que
ella, por el que sintió un gran afecto maternal, según algunas fuentes
El
rey Fernando repartió sus reinos antes de morir
entre sus cinco hijos: a Alfonso le otorgó el reino principal, León;
a Sancho le concedió Castilla; el
pequeño, García, fue nombrado rey de Galicia; Elvira heredó
el señorío de la ciudad de Toro, con consideración de reino; y Urraca
heredó Zamora.
Fue
madrina de armas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid
Campeador, quien fue investido caballero alrededor del año 1060 en la iglesia
de Santiago de los Caballeros de Zamora.
Al
morir Fernando I de León, su hijo primogénito, Sancho, quedó
descontento con las reparticiones hechas y entonces fue declarando la guerra a
todos sus hermanos e inició una lucha sangrienta. Su reinado en Castilla fue
belicoso y el primer conflicto se dio en la guerra de los Tres Sanchos.
Urraca
se mantuvo contraria a la política unificadora de Sancho, por lo que este
decidió asediar Zamora para poner fin a la resistencia contra su
gobierno.
Pero
sus murallas impidieron pasar al monarca, de ahí la denominación de Zamora de
«la Bien Cercada».
Tras
la muerte de su hermano Sancho, Urraca continuó ejerciendo su señorío sobre la
ciudad de Zamora, así como sobre todos los monasterios del reino, honor que
compartía con su hermana, la infanta Elvira
de Toro. Según la Crónica Silense, fue una de las consejeras
más importantes de Alfonso VI, al que siempre protegió y con el que llegó a
actuar en la práctica como canciller del reino, tal y como evidencian los
primeros diplomas emitidos por Alfonso VI a finales de 1072.
No
obstante, su posición se atenuó con el advenimiento de la reina Constanza de Borgoña en 1080
Al
final de su vida se retiró a un monasterio leonés, donde permaneció hasta su
muerte en 1101, recibiendo sepultura en el Panteón de Reyes de San Isidoro
de León, donde yacen sus progenitores, así como dos de sus hermanos, el
rey García de Galicia y la infanta Elvira de Toro.
El
conocido como cáliz de doña Urraca es una pieza de
orfebrería románica del siglo XI que se conserva en el museo de la Basílica de San Isidoro de León. Está
formado por dos vasos romanos orientales de ágata-ónice unidos y recubiertos de oro en la copa, el nudo y la
peana, dejando al descubierto parte de la copa y casi toda la peana. Para
realizarlo, la infanta ofreció sus propias joyas. En la actualidad hay
investigadores que lo relacionan con el Santo Grial.
Lleva
el nombre de su tatarabuela Urraca de León y Castilla, quien fue
reina gobernante de Castilla y León desde 1109 hasta 1126.
Urraca
tuvo nueve hermanos, entre los cuales estaban Berenguela, futura reina de
Castilla y Enrique I, para sellar el 22 de mayo de 1200, una
alianza entre Juan I de Inglaterra apodado "sin
tierra" y Felipe
II Augusto de Francia por el Tratado de Le Goulet, el
príncipe heredero francés, futuro Luis VIII se
casaría con una sobrina de Juan.
La
madre de Juan, la abuela de Urraca, Leonor de Aquitania, viajó a Castilla para
elegir a la futura reina de Francia entre sus nietas. La elección recayó en la
joven Blanca, supuestamente porque el nombre Urraca habría sido indecible para
los franceses.
Contrajo matrimonio en
1205 con el infante Alfonso de Portugal, hijo del rey Sancho I de Portugal y de su esposa, la
reina Dulce de Aragón y dos años después, en 1208,
se celebró el matrimonio.
Después
de la defunción de su padre en 1211, el infante heredó el trono y reinó con el
nombre de Alfonso II de Portugal.
Urraca
patrocinó varias órdenes, incluidas los franciscanos y dominicos.
La
reina Urraca falleció el 2 de noviembre de 1220 en la ciudad de Coimbra,
en la que había otorgado testamento el 14 de junio de 1214, y fue sepultada
junto a su esposo, el rey Alfonso II de Portugal, en
el Monasterio de Alcobaça.
Urraca I de León
(León, 24 de junio de 1081- 8 de marzo de 1126), llamada por sus coetáneos y
los historiadores de la época como la
Temeraria, fue reina de León entre 1109 y 1126. Hija y
sucesora de Alfonso VI y de la reina Constanza de Borgoña; la sucedió su hijo Alfonso VII.
Doña
Urraca de León resultó una monarca de gran talento y carácter, cuyos enemigos
trataron de derribarla, una y otra vez, por su condición de mujer. No sin razón
la historia la recuerda hoy como «La Temeraria».
Única
heredera del reino, su padre Alfonso VI exploró a la desesperada otras opciones
para dar un varón legítimo a su reinado. El Rey conocido como «El Bravo» tuvo un hijo con la princesa musulmana Zaida,
que Alfonso legitimó en contra de los que le acusaban de connivencia con una
musulmana.
El
fruto de este matrimonio, el pequeño Sancho, llegaría a participar en los actos
propios del gobierno real y sería presentado como hijo de pleno derecho de
Alfonso, lo que despojó de su papel institucional a Urraca, que había recibido
una educación avanzada que incluía la equitación y la caza con vistas a su
futuro reinado.
Su
padre, para alejarla de la corte,
comprometió a su hija, a los seis años, en matrimonio con Raimundo, hermano del
Duque de Borgoña (por tanto sobrino de la Reina Constanza). La enorme
diferencia de edad no fue, como nunca lo fue en la Edad Media, un obstáculo
para que se celebrara el matrimonio a los 12 años, edad en la que se
consideraba que por motivos fisiológicos las niñas podían empezar a procrear.
En
1093, tuvieron lugar varios acontecimientos que cambiaron la vida de Urraca y
de la historia de estos reinos. A su primera boda con Raimundo, se sumó la
muerte de su madre y el nacimiento del mencionado Sancho. Pasó así de ser la
heredera leonesa a ser condesa consorte de Galicia y madre de dos hijos con
Raimundo, Sancha y Alfonso.… Porque lo que el Emperador Don Alfonso («Hispanie
imperatoris domni Adefonsi gener») da, el padre quita.
Si
bien Raimundo mostró su preeminencia en el matrimonio, Urraca exhibió un carácter
como poco contestatario ante los intentos de solaparla de su esposo.
Pallares
Méndez apunta como prueba de la mano de Urraca en las cuestiones gallegas, por
ejemplo, la distinción de género en ciertos diplomas o el fuero que, junto a su
marido Raimundo de Borgoña, otorga a los habitantes de Compostela en el año
1105 tanto a varones como mujeres («cunctis habitatoribus uiris ac feminis»).
En
el verano de 1107, sin embargo, la vida de Urraca volvió a dar un vuelco. Su
marido falleció de una grave y súbita enfermedad, haciendo que asumiera en
solitario el gobierno de Galicia. Un año después, la muerte del joven Sancho en
la batalla de Uclés (1108) contra los almorávides colocó todas las piezas en el
punto de partida.
La
hija de Alfonso heredaría el trono y dejaría sin consecuencias aquel matrimonio
prohibido que había querido achicar de los libros de Historia a Constanza y a
su hija.
Que
fuera la reina no significaba que tuviera las riendas de su destino, como le
dejó claro la aristocracia leonesa al concertar su matrimonio con Alfonso de
Aragón, «El Batallador», en contra de su voluntad. Como en el caso delos Reyes Católicos, el enlace garantizaba la
independencia de las instituciones de cada uno de los reinos, pero se
establecía que, si nacía un heredero, el cónyuge superviviente y luego el hijo
de ambos heredaría el conjunto de los dos reinos. Además, los acuerdos
matrimoniales estipularon que la Reina, a pesar de ser monarca de plenitud de
León, debía tratar a Alfonso como «señor y esposo mío».
Como
no podía ser de otra manera, tan fría fórmula legal se tradujo en un matrimonio
con malos tratos hacia ella y de un odio homicida hacia el pequeño Alfonso,
heredero del anterior matrimonio de Urraca, al que el aragonés veía como un
último obstáculo para hacerse con todo el reino.
La
ruptura del matrimonio, que algunos cronistas calificaron de repudio del Rey a
la Reina, parece ser que vino precisamente por iniciativa de Urraca, que temía
por la vida de su hijo y por la independencia de su reino.
Un
documento de donación al Monasterio de Sila, fechado el día 13 de junio de
1110, da fe de la ruptura entre Alfonso y Urraca, quien ya se presenta como
Reina de toda España e hija del Emperador Alfonso. Una auténtica declaración
unilateral de independencia respecto a su marido, que respondió lanzando una
campaña de castigo contra las plazas castellanas y encerrando a Urraca en la
fortaleza turolense de El Castellar.
Con
el argumento de la consanguinidad entre ambos, Urraca pudo romper
definitivamente sus ataduras matrimoniales y desatar su carácter indomable en
la última etapa de su vida
Cuando
parecía queel Rey de Aragón iba a
imponerse sobre Urraca y su hijo, la traición sorpresa de Enrique de Borgoña,
Rey de Portugal y cuñado de Urraca, a Alfonso «El Batallador» obligó a este a
pactar una reconciliación con su esposa.
Los
intentos aragoneses de anexionarse León, la presión musulmana en las fronteras
y las intrigas portuguesas fueron algunos de los desafíos que debió hacer
frente Doña Urraca. Se rodeó en esta tarea de varios consejeros de gran
fidelidad, entre ellos el Conde Gómez, que murió en una batalla librada en
Candespina contraAlfonso el Batallador,
y más tarde el Conde Pedro González de Lara, con el cual mantuvo una relación
sentimental que duró hasta la muerte de la Reina y de la que nacieron, por lo
menos, dos hijos: Fernando y Elvira.
Irene
de Atenas o Irene de Bizancio (c. 752 - 9 de agosto de 803), fue emperatriz de Bizancio —si bien prefirió
titularse, en masculino, basileus ("emperador"), en lugar del
correspondiente femenino, basilissa ("emperatriz"), Irene se
convirtió en la primera emperatriz en la historia del Imperio
bizantino en ocupar el trono no como consorte o regente, sino en su propio
nombre.
Fue esposa del emperadorLeón IV y madre de Constantino
VI, durante cuya minoría de edad (780-790) asumió la regencia. En 792 fue
asociada al trono por su hijo y, más tarde, asumió el poder en solitario entre 797
y 802.
Irene, nacida en Atenas, era, aunque pobre, famosa por su belleza.
Contrajo matrimonio con el emperador León IV. Cuando este murió, el 8 de
septiembre de 780, Irene asumió la regencia en nombre de su hijo Constantino
VI, que tenía solo 10 años de edad. Durante los 11 años siguientes, la
emperatriz fue la única gobernante efectiva del Imperio
bizantino
En
782 el príncipe abasíHarún al-Rashid lideró una expedición de
envergadura que derrotó al ejército bizantino y alcanzó el Bósforo. La
regente Irene tuvo que comprometerse a pagar un tributo al califaal-Mahdi
durante tres años, consistente en unos 70 000 a 90 000 dinares anuales.
Su
decisión más importante fue permitir la restauración del culto de las imágenes,
que había sido prohibido por León III el Isaurio en 726. I
rene
siempre había sido partidaria de los iconódulos,
aunque se había visto obligada a renunciar públicamente a sus creencias en vida
de su marido. Nombró patriarca de Constantinopla a Tarasio, su
antiguo secretario, y convocó dos concilios. El primero comenzó el 17 de agosto
de 786 en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla,
con la asistencia de delegados tanto del papa Adriano I
como de los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén, pero debió
interrumpirse debido a la oposición del ejército.
El
segundo tuvo lugar en Nicea en septiembre de 787, se celebró con éxito y declaró
herética la doctrina iconoclasta, aunque se especificó que los iconos solo
podían ser objeto de veneración y no de adoración.
El
éxito del concilio, conocido como el II Concilio de Nicea, supuso la reunificación
con la Iglesia de Occidente.
En
790, Irene decretó que ella tendría siempre prioridad en el gobierno frente a
su hijo Constantino, que ya era adulto. Esto convirtió a su hijo en el
principal foco de oposición contra el gobierno de Irene, y se urdió una
conspiración para deponer a la emperatriz. Sin embargo, la conspiración fue
desbaratada por Irene, quien castigó a los culpables, encarceló a Constantino y
obligó al ejército a jurarle fidelidad.
Mientras
que en la parte europea del Imperio, donde predominaban los iconódulos, lo
consiguió sin problemas, los soldados de Asia Menor se
negaron y comenzaron una revuelta que culminó con la proclamación de
Constantino VI como único emperador.
Sin
embargo, tras una serie de fracasos militares, Constantino decidió devolver el
poder a su madre, quien fue confirmada como emperatriz. Ante esto, la facción
iconoclasta tramó colocar en el trono al césarNicéforo, uno de los cinco
hermanos del anterior emperador, León IV. La conspiración fue descubierta:
Nicéforo fue cegado y a los otros cuatro tíos de Constantino, que habían tomado
parte en ella, se les cortó la lengua.
Pocos
años después, la propia Irene tramó una conspiración contra su hijo, en
beneficio propio.
En
797, el emperador fue apresado y fue cegado por orden de su madre. Se cree que
murió a consecuencia de las heridas producidas, aunque este extremo ha sido
recientemente puesto en duda.
Tras
acabar con su hijo, Irene se convirtió en la primera emperatriz en la historia
del Imperio bizantino en ocupar el trono no como
consorte o regente, sino en su propio nombre.
En
el año 800, ante la ausencia de un emperador varón en el trono de
Constantinopla, y por razones de propia conveniencia, el papa León III coronó a Carlomagno
como emperador de Occidente. En Constantinopla esto fue visto como un acto
sacrílego. Sin embargo, en el verano de 802, el nuevo emperador envió
embajadores a Constantinopla proponiendo matrimonio a la emperatriz Irene.
Para
Irene pudo haber sido la oportunidad de consolidar su inestable posición en el
trono de Constantinopla. Según el cronista Teófanes, único que refiere la historia de
esta negociación matrimonial, los planes de boda fueron frustrados por uno de
los favoritos de la emperatriz.
En
octubre de 802, una conspiración depuso a Irene y colocó en el trono a Nicéforo
I, que había sido su ministro de finanzas. La emperatriz fue desterrada a
la isla de Lesbos,
donde murió un año más tarde. Es considerada santa por la Iglesia
ortodoxa por su decisión de restaurar el culto de las imágenes.
Leonor
de Aquitania (Poitiers, 1122 - 1 de abril de 1204 ) Reina de Francia e
Inglaterra tras su matrimonio con Luis VII de Francia primero y Enrique II de
Inglaterra después.
Una
reina a la que bastantes historiadores califican como “una de las primeras
feministas de la historia” y que constituye el mejor ejemplo del gran poder
ejercido por determinadas mujeres durante la Edad Media.
Leonor
de Aquitania continúa siendo una mujer incapaz de pasar desapercibida. La noble
Duquesa, reina de Francia e Inglaterra y madre de diez hijos entre los que se
contaba Ricardo Corazón de León, luchó por su dignidad, sus intereses y los de
sus descendientes, llegando a sufrir reclusión ordenada por su segundo marido.
Durante
siglos se ha construido una leyenda negra a su alrededor. Tal vez por haber
sido una mujer poderosa. Quizá por su gran personalidad y belleza. Acaso por su
increíble preparación cultural o por su pasión hacialos trovadores. Una leyenda negra difundida
por monjes, frailes e historiadores que no veían con buenos ojos a esta mujer
transgresora,fascinante y rebelde. Una
mujer a la que resulta imposible separar de la leyenda porque sólo la conocemos,
precisamente, a través de ésta.
Los
historiadores adoptan diferentes posturas entorno a la figura de Leonor. Los
franceses reprocharán a Leonor haber roto, con su conducta y su divorcio, la
unidad francesa. Otros, por el contrario, describen a Leonor como una reina
avariciosa, egoísta, elucubradora y sedienta de poder. Un tercer grupo de
historiadores considera a Leonor de Aquitania como una de las primeras
feministas de la Historia.
Como
primogénita, Leonor heredaría el ducado a la muerte de su padre, así que la
educaron como a cualquier otro varón: aleccionándola en las artes de la
lectura, escritura, caza, cetrería y estrategia militar. Además, el Duque
dispuso que sus bienes, títulos y posesiones sólo pudiesen serlegados a sus descendientes directos y nunca
pasasen a manos de futuros consortes.
Cabe
recordar que Leonor fue dos veces reina y madre de tres reyes. Intentó vivir la
vida que ella quería. Así nace la historia sobre Leonor de Aquitania, una mujer
entre el mito y el símbolo.
En
un mundo en que las mujeres estaban reducidas a la nada, Leonor se enfrentó a
todo y a todos por hacer valer sus derechos; su voz se oyó allá a donde fue, y
su impronta se dejó sentir en los dos reinos de los que fue soberana. Protegió
las artes, a ella le debemos la recuperación del mito artúrico, y fue la
impulsora de toda una forma de entender las relaciones humanas: el amor cortés.
Leonor de Aquitania fue, en definitiva, la única que alzó la voz por las
mujeres en una época en la que éstas apenas eran consideradas seres humanos.
El
1 de abril de 1204, Leonor de Aquitania, ex reina de Francia, reina de
Inglaterra, madre y abuela de reyes, fallecía en la abadía de Fontevrault,
donde fue enterrada junto a Enrique II y su amadísimo hijo, Ricardo I Corazón
de León. Tenía 82 años, algo prácticamente impensable en los siglos XII y XIII.
Con
ella desapareció la mujer más importante de toda la Edad Media, impulsora
cultural en un tiempo donde la cultura era prácticamente inexistente, y adalid
indiscutible del feminismo cuando las mujeres fueron menos que nada.