sábado, 6 de septiembre de 2014

Clémence Augustine Royer.Economista, antropóloga, escritora, filósofa, feminista y agnóstica.



Clémence Augustine Royer (Nantes,Francia, 21 abril 1830 -6 febrero de 1902). Economista, antropóloga, escritora, filósofa, feminista y agnóstica.

Fue una mujer ecléctica y autodidacta

Se hizo popular por ser la primera persona que tradujo El origen de las especies de Charles Darwin al francés, aunque hizo mucho más que eso. El largo prefacio de la primera edición francesa de Clémence causó un verdadero escándalo. Se posicionó frente a Darwin de igual a igual, añadió al texto notas y observaciones personales y hasta le tachó de no ser «suficientemente audaz». Su postura era claramente anticlerical, negaba las doctrinas religiosas y discutía la aplicación de la selección natural a la humanidad.




Clémence Royer fue una gran defensora de los derechos civiles de las mujeres. Clémence peleó contra las tácticas sociales que impedían el acceso al saber por parte de las mujeres y fomentó la educación autodidacta con los cursos públicos que ella misma impartía, como base de la enseñanza popular. Sin embargo no reivindicó el derecho al voto para el sexo femenino, ya que según ella era necesario liberar a las mujeres de la influencia de la Iglesia mediante la educación antes de poder ejercer sus derechos políticos.

Como buena feminista, no pudo decir que no a Marguerite Durand  y al periódico La Fronde, un diario escrito y dirigido íntegramente por mujeres y para mujeres. En él contribuyó tanto con textos de contenido científico como social. De hecho ella fue una pionera en reconocer la influencia de la ciencia en la sociedad. No se especializó en una rama de la ciencia en concreto y no hacía distinción entre la ciencia y la filosofía. Concretamente, Clémence creía que la ciencia debía ser el fundamento de la filosofía y que ésta debía guiar a la sociedad. Este concepto social de la ciencia y el conocimiento parece muy contemporáneo y además es algo muy defendido en los últimos años por parte de algunos divulgadores. Clémence Royer se nos adelantó.




En cuanto a su faceta de economista. En su obra Teoría del impuesto o el diezmo social propone una reforma radical y muy avanzada para su época: la instauración de un impuesto sobre la renta proporcional y progresivo, ya que los impuestos indirectos «empobrecen a los pobres» según su propia expresión. Proponía reducir las desigualdades en el siglo XIX desgravando los alimentos mientras el estado financiaba el gasto público.

A pesar de ser una mujer polémica y fuera de los cánones establecidos fue la primera en ser invitada a formar parte de la Sociedad Antropológica de París y premiada con la Legión de Honor. No solo tradujo la obra más famosa de Darwin, al que admiraba profundamente a pesar de sus críticas, sino que trabajó sobre la teoría de la evolución publicando sus propias conclusiones en el libro Orígenes del hombre y la sociedad. Clémence pensaba que «la mujer es el animal que el hombre menos conoce».

Fuente: Wikipedia y principia.io

viernes, 5 de septiembre de 2014

Daphne du Maurier. Una escritora "de cine"




Daphne du Maurier (13 de mayo de 1907 - 19 de abril de 1989), nieta del escritor y dibujante George du Maurier, fue una escritora británica famosa por novelas como Rebeca , publicada en 1938, y Mi Prima Raquel, ambas llevadas al cine.  Las películas Jamaica Inn y Los pájaros de Alfred Hitchcock también se basaron en relatos suyos.

Sus padres  le dieron una educación exquisita y sus buenas relaciones le permitieron publicar sus primeros escritos en la revista de su tío.

 Residió en el castillo de Menabille, una fabulosa mansión situada en la costa de Cornualles, que le sirvió como escenario de algunas de sus obras y en donde tuvo tres hijos. Con poco más de veinte años, escribió su primera novela.




Además de sus obras más conocidas, por haber sido llevadas al cine, escribió muchos relatos en los que refleja mujeres traumatizadas o perversas, cuya insatisfacción no calma con la misma muerte. Es el caso de los relatos "El manzano", "El joven fotógrafo" o "Bésame otra vez, forastero" (El Nadir, 2005, Valencia). 



Historias de crueldad y ambientes cargados de energías negativas, que se adelantan a los que luego trazó Patricia Highsmith.

Fue tan famosa que alcanzó la distinción de Dama de su Majestad






Tradicionalmente, la novela se vendió como un romance gótico en el que el héroe y la heroína vencían a las mujeres malvadas que los separaban.

En cambio, recientemente, algunas críticas feministas han dado una visión muy diferente de la historia, que ha pasado a verse como una novela gótica que relata los peligros que las mujeres sufren bajo el control patriarcal de sus maridos. Esto implicaría que la novela de du Maurier no podría leerse como un romance tradicional que fomenta el patriarcado, como sugería la anterior interpretación. A través de una lectura desde los estudios góticos y los estudios de género, la villanía en esta novela no tiene que ver exclusivamente con el género de los personajes y, por lo tanto, los roles de víctima y villano no pueden equipararse a la feminidad y la masculinidad, respectivamente. En cambio, se sugiere que la villanía en Rebecca está directamente ligada al hecho de estar en una posición de poder dentro del patriarcado, y que lo que lleva a los personajes (hombres y mujeres) a cometer actos de villanía es el deseo de perpetuar el sistema patriarcal y mantener su posición de poder




En psicología, se conoce como Síndrome de Rebeca a la aparición patológica de celos hacía una ex-pareja de la pareja actual. El nombre de este síndrome se toma a partir de esta novela.

En castellano se denomina rebeca al tipo de chaqueta que llevaba Joan Fontaine en la película

jueves, 4 de septiembre de 2014

Caddy Adzuba. Luchadora contra la violencia sexual de las Mujeres y Niñas



Caddy Adzuba (Bukavu, República Democrática del Congo, 1981). Periodista, abogada licenciada en Derecho por la Universidad Oficial de Bukavu, locutora y activista por los derechos de la mujer, la infancia y la libertad de prensa en el Congo.

Es miembro de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este de Congo, gracias a la cual se han realizado distintas alegaciones a la Corte Penal Internacional y al Senado de los Estados Unidos, denunciando la violencia sexual que sufren las mujeres de este país, que está en guerra desde 1996.

Adzuba es presidenta de AFIDEP, asociación que trabaja con niñas para el Desarrollo y Promoción de Valores Humanos, que opera en Bukavu desde 2004 y cuyo objetivo es formar a lideresas.

También es miembro fundadora de la red Un Altavoz para el Silencio. 






En la actualidad, Caddy Adzuba trabaja en Radio Okapi, una emisora que surgió como iniciativa de la ONU y que retransmite en todo el territorio de R.D. Congo.

En su trayectoria profesional destaca su compromiso en la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión, y su denuncia de la violencia que se ejerce contra las mujeres y de la utilización de las niñas y niños como soldados. Ha sido amenazada de muerte desde que denunció la violencia sexual que sufren las mujeres de su país, en guerra desde 1996. Ha estado a punto de morir asesinada en dos ocasiones y tiene protección de Naciones Unidas.



Premios:

En 2009 recibió el premio internacional de periodismo Julio Anguita Parrado de la Federación de Sindicatos de Periodistas.

Premio Internacional ‘Libertad de Prensa’ de la Cátedra UNESCO




Es Premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2014 .El Jurado le ha concedido el galardón por ser un "símbolo de la lucha pacífica contra la violencia que afecta a las mujeres, la pobreza y la discriminación, a través de una labor arriesgada y generosa".



Fabricación de móviles y la violación de mujeres en el Congo


martes, 2 de septiembre de 2014

El Hambre Perpetua de Ser Hermosa y la Sed de Ser Amada



Jean Rhys pensaba que el hambre perpetua de ser hermosa y la sed de ser amada eran la maldición de Eva, pero las hijas de Lilith escupimos sobre Adán y el padre que le fecundó. Escupimos sobre un patriarcado atroz, feroz y voraz .Y añado (por si cuela) la reflexión de Marco Aurelio:"….su misma proximidad a la podredumbre añade al fruto una belleza singular."
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 De "Si el esplendor de la rosa se marchita con la nieve, entonces contempla la belleza de la nieve."(Ana & Heterónimas) http://deseosyquimerassociedadilimitada.blogspot.com.es/2012/01/si-el-esplendor-de-la-rosa-se-marchita.html#comment-form



Biografía de Jean Rhys http://goo.gl/z3UsH7

lunes, 1 de septiembre de 2014

Jean Rhys. El Ancho Mar de la Vida





Jean Rhys (Roseau, 24 de agosto de 1890 - 14 de mayo de 1979). Novelista caribeña de la primera mitad del siglo XX. Británica nacida en Las Antillas, en la isla de la Dominica.

Emigró a Inglaterra a los 16 años y trabajó como actriz. En 1920 se trasladó a París, donde empezó a escribir animada por el novelista Madox Ford. Publicó su primer relato en 1924, y su primera novela, “Posturas “(más tarde llamada Cuarteto), en 1928.

La ficción de Rhys refleja su visión pesimista del mundo y su simpatía hacia los desvalidos, en especial hacia las mujeres atrapadas en vidas que no son capaces de cambiar.


Rhys publicó otras tres novelas “Después de dejar al señor Mackenzie” (1930), “Viaje a la oscuridad” (1934) y “Buenos días, medianoche” (1939) antes de abandonar la literatura. Pero no fue hasta la publicación de su novela “Ancho mar de los Sargazos” en 1966, cuando fue considerada una figura literaria de relevancia. Ancho mar de los Sargazos es la precuela de la novela de Charlotte Brontë, Jane Eyre.


Jean Rhys trabajó como artista bohemia. Durante este periodo de su vida, Rhys vivió casi en la pobreza. Sin embargo fue durante este periodo cuando se familiarizó con el arte modernista y la literatura, y cuando se convirtió en alcohólica, problema que mantuvo durante toda su vida. Sus experiencias en la sociedad patriarcal y los sentimientos de sentirse desplazada influyeron y formaron parte de algunos de sus trabajos, así como su difícil niñez, en la que no acabó de ser aceptada ni por la sociedad criolla ni por la europea de su isla natal.




Su estilo se caracteriza frecuentemente por su mezcla de técnicas modernistas y de sensibilidades propias de la sociedad caribeña de la que provenía.

En 1979 se publicó su autobiografía inacabada, Sonríe, por favor.




 
Las Mujeres de Jean Rhys (*)





La mayoría de las obras de Rhys tratan sobre mujeres que se ven desplazadas de sus ambientes naturales y dejadas al capricho de sociedades con pobres valores familiares, en una muestra de su propia experiencia.

La vulnerabilidad y la ausencia de un proyecto vital plausible, agravadas por el hecho de encontrarse próximas a las horas crepusculares de su existencia, representan una constante en la trayectoria de estas modernas heroínas de bulevar. Y también su inútil intento de aceptar los “roles sociales”, tal como vienen asignados, en un universo convencional que les repugna. “No sirve de nada querer adaptarse, hay que haber nacido con esa mentalidad”: una frase que cualquiera de ellas podría suscribir.



Anna Morgan es una muchacha “temblorosa y soñadora”, cuya indolencia determina que las circunstancias gobiernen su vida; en la mirada esquiva de Julia Martin se advierte que “jamás podría triunfar en una carrera azarosa, por muy dispuesta que se encontrase a ser astuta y actuar sin escrúpulos, como  hacen todos los seres débiles en su lucha por sobrevivir, sin que los fuertes los dominen y subyuguen”.

Todas ellas, en algún momento, consiguen mantener un precario equilibrio, treguas de corta duración, casi siempre finalizadas de modo abrupto. Una especie de “juego ruin” que las condena a subsistir a cualquier precio –a la postre, siempre el mismo: la autodestrucción–, es decir, la pérdida definitiva de la “sabiduría y el alma” que, en la práctica, se traduce en una vida sin objeto, inútil y vacía.

Tarde o temprano, todas ellas experimentan la desasosegante sensación de no pertenecer a ninguna parte, de encontrarse a la deriva, ajenas por completo incluso a cuanto hasta hacía poco tiempo podían considerar, en cierta medida, suyo o personal. “No tengo orgullo, ni nombre, ni rostro, ni país. No soy de ninguna parte –reflexiona Sophia Jansen–. Soy como una de esas pajas que flotan al borde de un remolino y que, poco a poco, son llevadas hacia el centro, que las engulle. Al centro muerto, donde todo está en calma…” Julia Martin, a su vez, anhela solo caminar en línea recta hasta un sitio fiable y seguro, pero su recorrido es sinuoso y vacilante, a su pesar, un círculo que la devuelve inexorablemente al punto de partida. Sophia, la silenciosa inquilina del cuarto piso, primera puerta a la izquierda, a quien ya conocemos, recorre las calles de todas las tardes, de todas las horas, atenta únicamente al curso de sus sombríos pensamientos: “Volver al hotel. Al Hotel de la Llegada, al Hotel de la Partida, al Hotel del Futuro… De regreso al hotel sin nombre, en una calle sin nombre…”

Julia se siente “a salvo” encerrándose en su dormitorio; Sophia duerme los domingos durante quince horas seguidas, soñando con no despertar. “Este maldito cuarto –se dice, en cuanto abre los ojos–: Es igual a todos los cuartos en los que he dormido, como lo son todas las calles por las que he caminado… El olor a moho, los bichos, la soledad… Este cuarto, que es parte de la calle, es todo lo que quiero de la vida…”



Cafetines de Montparnasse ,cuando el hambre aprieta y es preciso captar algún cliente, hoteluchos de la Rive Gauche, pensiones del “literario” Bloomsbury, habitaciones en los aledaños de Notting Hill Gate y su depauperada población de ciudadanos de “segunda clase”. París, Londres: campos de batalla urbanos, de neón y concreto, en los que estas mujeres tejen y destejen las horas y los días de sus vidas desperdiciadas, inmersas en una sensación de extrañeza, concepto que, muchos años después, pondría en boga el existencialismo, de pérdida de sus propias señas de identidad, es decir, alienación pura y dura, en el sentido marxista del término.

Esfinges sin secreto que han renunciado a sus sueños y viven, hasta cierto punto, una existencia “prestada”, a la que se añade el don inservible de un tiempo sin contenido ni ilusiones. Cada nuevo día, descienden un peldaño más hacia su hundimiento definitivo. Sus emociones, su capacidad afectiva, no encuentran destinatario…

¿Puede sorprendernos que, víctimas de una severa indigencia espiritual, y ante un “porvenir” presumiblemente desfavorable, en el alma de estos personajes vaya cobrando carta de naturaleza, poco a poco, la idea del suicidio?

“La semana que viene, el mes que viene, el año que viene, me mataré –piensa Sophia Jansen–. No hay apuro, tengo la eternidad aguardándome”.

Marya Zelli, Anna Morgan, Julia Martin, Sophia Jansen son, incuestionablemente, mujeres de ninguna parte, a quienes podemos imaginar, recorriendo con su andar cansino, calles y plazas, bajo la llovizna, o deteniéndose unos momentos, a la luz de las farolas, para encender un cigarrillo, en el anochecer otoñal de cualquier ciudad cosmopolita.



Entrañables en su callada desesperación, en su irrenunciable dignidad, asomadas al ocaso de sus vidas –nada mezquinas, ni vulgares, porque sus almas tampoco lo son–. Corazones cálidos, incluso generosos, cuyo íntimo fulgor, sin embargo, nadie ha sido capaz de percibir. Comparables a personajes de una tragedia, que acaban por metamorfosear el estigma de la fatalidad que las acompaña, en una forma de existencia, acaso la más desgarradora, una especie de mal du siècle para el que no hay paliativos, que las aniquila impunemente en la superpoblada jungla de las grandes urbes.

Por encima de feminismos avant la lettre, más allá de modas literarias perecederas, Jean Rhys, autora de culto, describió con tono magistral a un conjunto de personajes, verosímiles, inmediatos, en situaciones-límite, que trascienden, además, las referencias de época que les son afines, determinando que su breve bibliografía –en especial, la del período reseñado, 1927-1939—posea el indiscutible valor de una rara gema, a lo que sin duda contribuye una prosa impecable, dúctil y plena de vida.

VVAA.
(*)Raúl Teixidó: Las mujeres solitarias de Jean Rhys