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domingo, 7 de octubre de 2018

Irene. Emperatriz de Bizancio



Irene de Atenas o Irene de Bizancio (c. 752 - 9 de agosto de 803),  fue  emperatriz de Bizancio —si bien prefirió titularse, en masculino, basileus ("emperador"), en lugar del correspondiente femenino, basilissa ("emperatriz"), Irene se convirtió en la primera emperatriz en la historia del Imperio bizantino en ocupar el trono no como consorte o regente, sino en su propio nombre. 



Fue esposa del emperador León IV y madre de Constantino VI, durante cuya minoría de edad (780-790) asumió la regencia. En 792 fue asociada al trono por su hijo y, más tarde, asumió el poder en solitario entre 797 y 802.

Irene, nacida en Atenas, era, aunque pobre, famosa por su belleza. Contrajo matrimonio con el emperador León IV. Cuando este murió, el 8 de septiembre de 780, Irene asumió la regencia en nombre de su hijo Constantino VI, que tenía solo 10 años de edad. Durante los 11 años siguientes, la emperatriz fue la única gobernante efectiva del Imperio bizantino







En 782 el príncipe abasí Harún al-Rashid lideró una expedición de envergadura que derrotó al ejército bizantino y alcanzó el Bósforo. La regente Irene tuvo que comprometerse a pagar un tributo al califa al-Mahdi durante tres años, consistente en unos 70 000 a 90 000 dinares anuales.

Su decisión más importante fue permitir la restauración del culto de las imágenes, que había sido prohibido por León III el Isaurio en 726. I

rene siempre había sido partidaria de los iconódulos, aunque se había visto obligada a renunciar públicamente a sus creencias en vida de su marido. Nombró patriarca de Constantinopla a Tarasio, su antiguo secretario, y convocó dos concilios. El primero comenzó el 17 de agosto de 786 en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, con la asistencia de delegados tanto del papa Adriano I como de los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén, pero debió interrumpirse debido a la oposición del ejército.

El segundo tuvo lugar en Nicea en septiembre de 787, se celebró con éxito y declaró herética la doctrina iconoclasta, aunque se especificó que los iconos solo podían ser objeto de veneración y no de adoración.

El éxito del concilio, conocido como el II Concilio de Nicea, supuso la reunificación con la Iglesia de Occidente.

En 790, Irene decretó que ella tendría siempre prioridad en el gobierno frente a su hijo Constantino, que ya era adulto. Esto convirtió a su hijo en el principal foco de oposición contra el gobierno de Irene, y se urdió una conspiración para deponer a la emperatriz. Sin embargo, la conspiración fue desbaratada por Irene, quien castigó a los culpables, encarceló a Constantino y obligó al ejército a jurarle fidelidad. 






Mientras que en la parte europea del Imperio, donde predominaban los iconódulos, lo consiguió sin problemas, los soldados de Asia Menor se negaron y comenzaron una revuelta que culminó con la proclamación de Constantino VI como único emperador.

Sin embargo, tras una serie de fracasos militares, Constantino decidió devolver el poder a su madre, quien fue confirmada como emperatriz. Ante esto, la facción iconoclasta tramó colocar en el trono al césar Nicéforo, uno de los cinco hermanos del anterior emperador, León IV. La conspiración fue descubierta: Nicéforo fue cegado y a los otros cuatro tíos de Constantino, que habían tomado parte en ella, se les cortó la lengua.


Pocos años después, la propia Irene tramó una conspiración contra su hijo, en beneficio propio.

En 797, el emperador fue apresado y fue cegado por orden de su madre. Se cree que murió a consecuencia de las heridas producidas, aunque este extremo ha sido recientemente puesto en duda.

Tras acabar con su hijo, Irene se convirtió en la primera emperatriz en la historia del Imperio bizantino en ocupar el trono no como consorte o regente, sino en su propio nombre.

En el año 800, ante la ausencia de un emperador varón en el trono de Constantinopla, y por razones de propia conveniencia, el papa León III coronó a Carlomagno como emperador de Occidente. En Constantinopla esto fue visto como un acto sacrílego. Sin embargo, en el verano de 802, el nuevo emperador envió embajadores a Constantinopla proponiendo matrimonio a la emperatriz Irene.

Para Irene pudo haber sido la oportunidad de consolidar su inestable posición en el trono de Constantinopla. Según el cronista Teófanes, único que refiere la historia de esta negociación matrimonial, los planes de boda fueron frustrados por uno de los favoritos de la emperatriz.

En octubre de 802, una conspiración depuso a Irene y colocó en el trono a Nicéforo I, que había sido su ministro de finanzas. La emperatriz fue desterrada a la isla de Lesbos, donde murió un año más tarde. Es considerada santa por la Iglesia ortodoxa por su decisión de restaurar el culto de las imágenes.
 
 













sábado, 19 de noviembre de 2016

Lakshmi Bai.Reina india, luchadora contra el Imperio Colonial Británico






Lakshmi Bai (19 de noviembre de 1828-17 o 18 de junio de 1858). Reina, luchadora contra el imperio colonial británico y viuda india que rompiendo con la tradición ancestral no se inmoló en la ceremonia Satí, por todas estas cosas es considerada un símbolo en la India

Conocida como la raní de Jhansi, tras su matrimonio con el maharajá Gangadhar Rao en 1842, fue reina del estado indio de Jhansi, del antiguo Imperio maratha (1674-1818), en el centro-norte de India.


La raní Lakshmibai fue una de las figuras más destacadas de la Rebelión en la India de 1857 y de la resistencia al Raj británico.





En 1853, al fallecer el rajá Gangadhar Rao, la raní asumió la regencia de su hijo adoptivo, Damodar Rao.

Sin embargo, la posterior anexión del estado de Jahnsi por el Raj británico, junto con la rebelión de los cipayos al servicio de la Compañía Británica de las Indias Orientales, la llevó a proclamar, el 14 de febrero de 1858, la lucha conjunta de todos los hindúes y musulmanes contra los británicos.

Tras dos días de combate en la ciudadela y con todo ya perdido Rani se ató su hijo a la espalda y, con un sable en cada mano y rodeada de un puñado de rebeldes, consiguieron salir del palacio y llegar luchando hasta el fuerte. Tras la captura de la fortaleza de Jhansi por las fuerzas británicas, la raní pudo escapar hacia la fortaleza de Gwalior y aunque tras su asedio y captura por los británicos logró escapar de nuevo, gravemente herida, murió en el posterior enfrentamiento con sus perseguidores.


Fortaleza de Jhansi


Allí tuvo lugar el último capítulo de la historia de Lakshmi Bai cuando, dirigiendo las tropas rebeldes en medio de un ataque inglés, recibió un disparo.

La ciudad cayó tres días después.

Sir Hugh Rose —el futuro comandante en jefe del Ejército Indio Británico— la consideraba la «mejor y más valiente de los líderes rebeldes».



 




La reina de Jhansi  no solo es recordada por su bravura, también es una de las mujeres más queridas entre las mujeres de la India por su valor en romper las reglas estrictas de un país con ritos tan ancestrales como quemar viva a la esposa cuando el marido fallecía, ( ceremonia del Satí). Esta determinación convirtió a Lakshmi Bai en todo un símbolo.

                                Ceremonia Satí








domingo, 6 de noviembre de 2016

Juana I de Castilla, llamada «la Loca»



Juana I de Castilla, llamada «la Loca» (Toledo, 6 de noviembre de 1479-Tordesillas, 12 de abril de 1555), fue reina de Castilla de 1504 a 1555, y de Aragón y Navarra, desde 1516 hasta 1555, si bien desde 1506 no ejerció ningún poder efectivo y a partir de 1509 vivió encerrada en Tordesillas, primero por orden de su padre Fernando el Católico y después por orden de su hijo el rey Carlos I.


Por nacimiento, fue infanta de Castilla y Aragón. Desde joven mostró signos de indiferencia religiosa que su madre trató de mantener en secreto

Juana de Castilla recibió una educación esmerada de orientación humanista por empeño de su madre, Isabel «la Católica», quien bien sabía lo complicado que era para una mujer progresar en una sociedad dominada por los hombres. Pronto, la Infanta castellana destacó en el dominio de las lenguas romances y el latín, en interpretación musical y en danza. Era, en consecuencia, la educación típica de un miembro secundario de la Familia Real. No en vano, Juana de Castilla fue una niña normal que no dio prueba de sufrir ningún tipo de trastorno mental hasta la madurez.




 En 1496 contrajo matrimonio con Felipe el Hermoso, archiduque de Austria, duque de Borgoña y Brabante y conde de Flandes. Tenía 17 años y daba comienzo una vida conyugal marcada por las infidelidades de Felipe «el Hermoso» y por la absoluta soledad. Como respuesta, la hija de los Reyes Católicos mostró un carácter obsesivo en lo referente a su marido y dejó distintos episodios de ira. Un carácter que la muerte de su hermano Juan, heredero al trono, y de su hermana mayor Isabel en 1497 hizo todavía más inestable



Tuvo con él seis hijos. Por muerte de sus hermanos Juan e Isabel y de su sobrino Miguel de la Paz, se convirtió en heredera de las coronas de Castilla y de Aragón



En 1504,a la muerte de su madre, Isabel la Católica, fue proclamada reina de Castilla junto a su esposo; y a la de su padre, Fernando el Católico, en 1516 pasó a ser nominalmente reina de Navarra y soberana de la corona de Aragón.

Por lo tanto, el 25 de enero de 1516, se convirtió teóricamente en la primera reina de las coronas que conformaron la actual España; sin embargo, desde 1506 su poder solo fue nominal, siendo su hijo Carlos el rey efectivo de Castilla y de Aragón. 




El levantamiento comunero de 1520 la sacó de su cárcel y le pidió encabezar la revuelta, y aunque la todavía Reina rehusó apoyar el movimiento, la mujer que hallaron los cabecillas comuneros estaba lejos de la figura trágica que Fernando «el Católico» y Carlos I habían difundido entre la población, su conversación era inteligente y su mente era clara. De hecho, la descripción que hicieron los comuneros de la Reina ha llevado a que en la actualidad muchos historiadores pongan bajo sospecha su hipotética locura, que bien pudo ser solamente de carácter transitorio a causa de la muerte de muchos seres queridos en poco tiempo. Ella se negó y cuando su hijo Carlos derrotó a los comuneros volvió a encerrarla.

Más adelante Carlos ordenaría que la obligasen a tomar los sacramentos católicos aunque fuese mediante tortura.




Fue apodada «la Loca» por una supuesta enfermedad mental alegada por su padre y por su hijo para apartarla del trono y mantenerla encerrada en Tordesillas de por vida. Se ha escrito que la enfermedad podría haber sido causada por los celos hacia su marido y por el dolor que sintió tras su muerte. Esta visión de su figura fue popularizada en el Romanticismo tanto en pintura como en literatura.

Hoy en día, la mayoría de los historiadores coinciden en señalar a Juana como una víctima de las ambiciones de su padre, de su esposo y finalmente de su hijo Carlos I que se ocupó hasta su muerte de mantenerla encerrada en Tordesillas

viernes, 1 de abril de 2016

Leonor de Aquitania. Reina “Feminista”



Leonor de Aquitania (Poitiers, 1122 - 1 de abril de 1204 ) Reina de Francia e Inglaterra tras su matrimonio con Luis VII de Francia primero y Enrique II de Inglaterra después.

Una reina a la que bastantes historiadores califican como “una de las primeras feministas de la historia” y que constituye el mejor ejemplo del gran poder ejercido por determinadas mujeres durante la Edad Media.




Leonor de Aquitania continúa siendo una mujer incapaz de pasar desapercibida. La noble Duquesa, reina de Francia e Inglaterra y madre de diez hijos entre los que se contaba Ricardo Corazón de León, luchó por su dignidad, sus intereses y los de sus descendientes, llegando a sufrir reclusión ordenada por su segundo marido.

Durante siglos se ha construido una leyenda negra a su alrededor. Tal vez por haber sido una mujer poderosa. Quizá por su gran personalidad y belleza. Acaso por su increíble preparación cultural o por su pasión hacia  los trovadores. Una leyenda negra difundida por monjes, frailes e historiadores que no veían con buenos ojos a esta mujer transgresora,  fascinante y rebelde. Una mujer a la que resulta imposible separar de la leyenda porque sólo la conocemos, precisamente, a través de ésta.




Los historiadores adoptan diferentes posturas entorno a la figura de Leonor. Los franceses reprocharán a Leonor haber roto, con su conducta y su divorcio, la unidad francesa. Otros, por el contrario, describen a Leonor como una reina avariciosa, egoísta, elucubradora y sedienta de poder. Un tercer grupo de historiadores considera a Leonor de Aquitania como una de las primeras feministas de la Historia.

Como primogénita, Leonor heredaría el ducado a la muerte de su padre, así que la educaron como a cualquier otro varón: aleccionándola en las artes de la lectura, escritura, caza, cetrería y estrategia militar. Además, el Duque dispuso que sus bienes, títulos y posesiones sólo pudiesen ser  legados a sus descendientes directos y nunca pasasen a manos de futuros consortes.




Cabe recordar que Leonor fue dos veces reina y madre de tres reyes. Intentó vivir la vida que ella quería. Así nace la historia sobre Leonor de Aquitania, una mujer entre el mito y el símbolo.

En un mundo en que las mujeres estaban reducidas a la nada, Leonor se enfrentó a todo y a todos por hacer valer sus derechos; su voz se oyó allá a donde fue, y su impronta se dejó sentir en los dos reinos de los que fue soberana. Protegió las artes, a ella le debemos la recuperación del mito artúrico, y fue la impulsora de toda una forma de entender las relaciones humanas: el amor cortés. Leonor de Aquitania fue, en definitiva, la única que alzó la voz por las mujeres en una época en la que éstas apenas eran consideradas seres humanos.

El 1 de abril de 1204, Leonor de Aquitania, ex reina de Francia, reina de Inglaterra, madre y abuela de reyes, fallecía en la abadía de Fontevrault, donde fue enterrada junto a Enrique II y su amadísimo hijo, Ricardo I Corazón de León. Tenía 82 años, algo prácticamente impensable en los siglos XII y XIII.

Con ella desapareció la mujer más importante de toda la Edad Media, impulsora cultural en un tiempo donde la cultura era prácticamente inexistente, y adalid indiscutible del feminismo cuando las mujeres fueron menos que nada.

Enlaces:
Leonor de Aquitania. Edad Media y Poder
Francia-Leyenda:Leonor de Aquitania
REINA LEONOR DE AQUITANIA
Leonor de Aquitania - Los pasajes de la historia



Fuentes:Wikipedia (para ver detalles de su historia: https://es.wikipedia.org/wiki/Leonor_de_Aquitania)
www.ancient-origins.es
ARTEGUIAS
historiaenfemenino.wordpress.com

viernes, 22 de enero de 2016

El deseo sexual y la represión de las Mujeres en la época victoriana



La sociedad en la época victoriana estaba exacerbada de moralismos y disciplina, con rígidos prejuicios y severas interdicciones. Los valores victorianos se podrían clasificar como "puritanos" destacando en la época los valores del ahorro, el afán de trabajo, la extrema importancia de la moral, los deberes de la fe y el descanso dominical como valores de gran importancia.

Los varones dominaban la escena tanto en los espacios públicos como en la privacidad, las mujeres se debían a los lugares privados, con un estatus de sometimiento y del cuidado de sus hijos y del hogar.



Las condiciones como la pereza se vinculaban con los excesos y la pobreza con el vicio. La repulsión social hacia el vicio también se traduce en el sexo, relacionado con las bajas pasiones y su carácter animal proveniente de la carne. Por ello, la castidad era una virtud a resguardar.

La insatisfacción femenina, en cualquier ámbito, era tratada como un desorden de ansiedad con pastillas y psicoanálisis y, si la mujer tenía suficientes recursos económicos, lo trataba en manos de un "experto" que las estimulaba sexualmente con sus manos.


A las mujeres se les exige un comportamiento social más controlado que al varón, su deseo sexual debe ser reprimido, pero al mismo tiempo se afirma que las mujeres son seres influenciables por todos los estímulos.

La mujer debe dejar su cuerpo fuera de todo control que inhiba la salida al exterior de su flujo menstrual, pero tiene que reprimir sin embargo su deseo sexual, siendo la manifestación de éste una de las causas de ser considerada enferma mental.
 





La aplicación de descargas eléctricas en la pelvis o la aplicación de sanguijuelas en los órganos genitales, e incluso en el útero, son algunos de los tratamientos recomendados por prestigiosos ginecólogos, recogidos en diversos artículos del Lancet o en la obra Retrospect of Practical Medicine and Surgery, de W. Braithwaite.


El fluido masculino es positivo, debe ser retenido en el organismo y no debe despilfarrarse.
El fluido femenino es negativo, su retención supone la enfermedad física y mental y, en muchos casos, la muerte; debe, por tanto, eliminarse.

La mujer necesita tener una actitud pasiva e inactiva, física e intelectualmente, para permitir el fluir al exterior de su residuo menstrual; el hombre debe mantener una vida activa física e intelectualmente. Requiere, asimismo, una continua supervisión de la madre y de la clase médica, así como recurrir al uso de distintos medicamentos y terapias para evitar la siempre amenazante enfermedad. El hombre es auto-suficiente, la mujer es dependiente.

La dependencia de la mujer de la clase médica es un exponente más de su dependencia respecto al hombre, fundamentalmente el padre o el marido en el mundo anglosajón, el padre, el marido y el confesor en el católico. Además con la insistencia en la necesidad de cuidados médicos por parte de la mujer, los doctores victorianos se aseguraban una clientela de clase media y alta, y con ello su prestigio social y beneficio económico correspondiente.

Según el ginecólogo W. Tyler Smith, la sociedad británica daba el valor a la mujer como procreadora, la protegía de todo tipo de riesgo, relegándola a una vida inactiva. Tal era el valor de la mujer embarazada y parturienta que debía prohibirse que fuese atendida por comadronas, puesto que su presencia degradaba la obstetricia.





La mujer es un ser valioso si es dependiente del hombre y se dedica exclusivamente a su función natural de esposa y madre. Cualquier otra actividad, incluso la atención al parto, tradicionalmente realizada por mujeres, debe estarle prohibida.

Es este un ejemplo más de la neurosis que envuelve la visión masculina de la mujer, en la época victoriana, y en general a lo largo de la historia, cuando no se la trata como ser humano completo y se la aliena, tanto al considerarla un ser angelical, como al suponerla un ser limitado, enfermizo o vicioso. 




Existe una doble visión, según se trate de la mujer de clase media o alta y la mujer obrera que trabaja larguísimas jornadas en las sweetshops, arrastra semi-desnuda carretillas de carbón en las minas, o se dedica al servicio doméstico o a la prostitución.



La mujer rica permanece aislada en el hogar, dedicada a consumir, manteniendo así la sociedad industrial y mercantilista; la mujer obrera es una mano de obra barata, pieza clave en la revolución industrial. Se acepta siempre a la mujer en profesiones y actividades subordinadas, pero no en aquellas que puedan significar competencia con el hombre en cargos de relevancia social, profesional o económica. 



Dentro del mundo de la sanidad, existen actualmente monumentos en honor a Florence Nightingale, símbolo por excelencia de las enfermeras abnegadas, pero no se menciona su grito de protesta en la novela Cassandra, ni hallamos monumentos, (excepto alguna discretísima placa, y el busto erigido en memoria de Louisa Aldrich-Blake en una esquina de Tavistock Square), en memoria de las mujeres objeto de esta tesis que lucharon por conseguir un título de doctoras y ejercer en pie de igualdad con los hombres.

Además, la industrialización hace sentir al ser humano la contradicción entre ser dependiente de las máquinas y la supuesta libertad y autocontrol en el campo comercial que defienden las teorías económicas. De nuevo podemos encontrar una explicación psicoanalítica a la contradictoria visión de la mujer: si la mujer es el ser dependiente, el hombre, no el obrero, el salvaje o el esclavo, sino el hombre blanco de clase media alta, puede ocupar tranquilo el lugar del ser libre y autosuficiente, proyectando la inseguridad y la dependencia en la mujer y otros grupos excluidos.

La mujer que permanece en el ámbito privado realiza la función de ángel del hogar, que aporta valores humanos al hombre y lo purifica de la contaminación que supone la lucha en el mundo económico-social, pero esta misma mujer es una fuente potencial de descontrol si se separa del rol establecido.


Asimismo en cada mujer queda representada la dualidad: la belleza exterior oculta la suciedad interior que debe ser expulsada para evitar que la mujer se convierta en la loca del ático. 





La doble moral sexual era propia de la era victoriana. La reina mandó alargar los manteles de palacio para que cubrieran las patas de la mesa en su totalidad ya que, decía, podían incitar a los hombres al recordar las piernas de una mujer.

Sin embargo, paralelamente a las estrictas costumbres de la época se desarrollaba un mundo sexual subterráneo donde proliferaban el adulterio y la prostitución. También existían las "cortesanas”.
En esta Inglaterra se desarrolló el primer preservativo realizado en látex, aún cuando se suponía que las relaciones sexuales debían mantenerse con fines reproductivos.
La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Tan sólo en Whitechapel la policía metropolitana calculaba que existían unas 1.200 prostitutas de clase social baja y unos 62 burdeles.

Las prostitutas poblaban los bares y las calles de Whitechapel, uno de los barrios más pobres del East End. Pero también se encontraban cerca de teatros y establecimientos de ocio masculino, desde burdeles hasta locales donde los hombres bebían y disfrutaban de espectáculos eróticos que muchas veces estaban protagonizados por menores de edad. La prostitución homosexual también existía, aunque lógicamente el secretismo en torno a ella era mayor.


(Mary Simpson, prostituta de 10 u 11 años, encinta de cuatro meses. Fotografía de 1871.)


En cuanto a la manera en que se vestían las mujeres, decir que en la Inglaterra victoriana, la ropa de la mujer pesaba entre 5 y 15 kilos. Además, debía exhibirse una cintura diminuta, y para ello se usaban rígidos corsés. 



Esta prenda, usada hasta principios del siglo XX, provocaba desmayos, impedía doblar la cintura y respirar con normalidad, entre otras consecuencias dolorosas. "La moda era una forma de tortura legalizada", afirma Linda Watson en su libro Siglo XX Moda.

Oscar Wilde le decía a su público que se deshiciera de los corsés. Firmemente encorsetadas desde la axila al muslo, con cuellos de plumas de ave hasta la barbilla, las mujeres apenas podían sentarse –y no digamos dar un enérgico paseo por el parque






No todo fue negativo para las mujeres, pues el periodo medio victoriano también fue testigo de significativos cambios sociales y una serie de cambios legales en los derechos de la mujer. Aunque carecían del derecho al sufragio durante la Época Victoriana, ganaron el derecho a la propiedad después del matrimonio a través del Acta de Propiedad de las Mujeres Casadas, el derecho a divorciarse y el derecho a pelear por la custodia de sus hijos tras separarse de sus maridos.




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Victoria del Reino Unido (Londres, 24 de mayo de 1819-isla de Wight, 22 de enero de 1901) Reina británica desde la muerte de su tío paterno, Guillermo IV, el 20 de junio de 1837, hasta su fallecimiento el 22 de enero de 1901, mientras que como emperatriz de la India fue la primera en ostentar el título desde el 1 de enero de 1877 hasta su deceso.

Heredó el trono a los dieciocho años, tras la muerte sin descendencia legítima de tres tíos paternos. El Reino Unido era ya en aquella época una monarquía constitucional establecida, en la que el soberano tenía relativamente pocos poderes políticos directos. En privado, Victoria intentó influir en el gobierno y en el nombramiento de ministros. En público, se convirtió en un icono nacional y en la figura que encarnaba el modelo de valores férreos y de moral personal típico de la época.

Se casó con su primo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1840. Sus nueve hijos y veintiséis de sus cuarenta y dos nietos se casaron con otros miembros de la realeza o de la nobleza de Europa, uniendo a estas entre sí. Esto le valió el apodo de «abuela de Europa». Tras la muerte de Alberto en 1861, Victoria comenzó un luto riguroso durante el cual evitó aparecer en público. Como resultado de su aislamiento, el republicanismo ganó fuerza durante algún tiempo, pero en la segunda mitad de su reinado, su popularidad volvió a aumentar.

Su reinado de 63 años, 7 meses y 2 días es el segundo más largo de la historia del Reino Unido (sólo superado por el de su tataranieta Isabel II) y se le conoce como época victoriana.