jueves, 6 de agosto de 2020

'Demandez à Clara'.La plataforma digital que rescata las obras de más de 700 compositoras


De Francesca Caccini en el siglo XVII a Camille Pépin en el XXI, una plataforma digital rescata las obras de más de 700 compositoras para redescubrir a artistas eclipsadas durante mucho tiempo.

Bautizada 'Demandez à Clara' (Pregunten a Clara), en referencia a Clara Schumann. Pianista y compositora alemana y esposa del compositor– la web gratuita se inauguró en junio por un equipo dirigido por Claire Bodin, al frente del festival Presencias femeninas, consagrado a las compositoras de ayer y de hoy. «No escuchamos música de compositoras, o lo hacemos en tan contadas ocasiones que no la recordamos», dice Bodin. «Mamamos la idea del genio del gran compositor, siempre un hombre, sin preguntarnos nunca por el repertorio de las compositoras», lamenta.

Financiada por la Asociación de Autores, Compositores y Editores de Música (Sacem), la web (https://www.presencecompositrices.com/) referencia 4.662 obras de 770 compositoras de 60 nacionalidades entre 1618 y 2020. Prevé agregar otras 4.000 obras, entre ellas las de Hildegarde de Bingen (1098-1179), santa católica y una de las primeras compositoras conocidas (*).

Permite buscar por nombre, título, instrumento, país o época. Entre las más antiguas, las italianas Francesca Caccini –primera compositora de una ópera–, Isabella Leonarda y Barbara Strozzi, una de las primeras compositoras profesionales, o la francesa Elisabeth Jacquet de la Guerre. 

----(*).

Hildegard von Bingen.



Francesca Caccini .

Élisabeth Jacquet de La Guerre. Compositora


lunes, 3 de agosto de 2020

Orsola Maddalena Caccia.Pintora manierista italiana

 
Orsola Maddalena Caccia (1596-1676), fue una pintora manierista italiana .Pintó imágenes religiosas, retablos y naturalezas muertas. Se dice que ella pintó la primera pintura de flores registrada en Italia.

Fue hija del pintor Guglielmo Caccia .
En 1620, ingresó en el convento de las ursulinas , donde cambió su nombre a «Orsola Maddalena» después de haber hecho sus votos.





Cuatro de sus hermanas ya habían profesado en el mismo convento. Dos años más tarde, su otra hermana se unió a ellas, reuniendo a las seis hermanas al mismo tiempo.

Orsola comenzó su carrera trabajando como asistente de su padre. Aprendió a pintar mezclando los pigmentos de colores para pintar y representar las figuras secundarias en las pinturas de su padre.


Orsola fue una artista prolífica y la mayoría de sus obras se encuentran diseminadas por las pequeñas localidades de Monferrato. Se dice que ella pintó la primera pintura de flores registrada en Italia.

Luego pasó a organizar un taller de pintura en el convento de Moncalvo, donde contrató estudiantes y asistentes. La pintura como un comercio fue alentada en el convento, ya que proporcionaba un medio de apoyo. Varias de las piezas de la hermana Orsola fueron pintadas por encargo. No únicamente se encargó sus obras, lo que hizo en privado y en público, sino que allanó el camino para que las monjas se convirtieran en artistas. 

 
En dos cartas dirigidas a Cristina de Francia escritas en 1643, ella pidió que se le diera una oportunidad de trabajo remunerado ya que su convento estaba sufriendo de pobreza.

Ayudó a traer pintura de bodegones o naturaleza muerta al noroeste de Italia. La idea de arte religioso extremadamente detallado también se debió a Orsola. Intentaba que la gente para se dieran cuenta de que las escenas de la Biblia eran muy importantes para la historia.

También comenzó a usar el simbolismo en sus pinturas, como las rosas que significan virgen y Ox que significan la muerte de Jesús.


Creó pinturas de género religioso, retablos y naturalezas muertas que variaron poco a lo largo de los cincuenta años que se dedicó a pintar.

La mayoría de sus obras transmiten el repertorio de modelos figurativos y tipos de composición que estudió en el estudio de su padre durante su adolescencia.

En comparación con sus numerosos retablos y pinturas religiosas, Orsola creó algunas obras de naturaleza muerta. Comúnmente insertaba piezas de naturaleza muerta en muchas de sus obras religiosas. Estos elementos de la naturaleza muerta son un reflejo de los tipos de objetos a los que ella tenía acceso en el convento y los cuales podía estudiar.


Muchos de sus bodegones se consideran inusuales y notables en su invención y calidad estilística.


viernes, 31 de julio de 2020

Violencia simbólica contra las Mujeres: La historia de Nastagio degli Onesti.



 


La historia se cuenta en la Quinta Jornada del Decamerón de Boccaccio: «El infierno de los amantes crueles».

Se trata de la historia de un joven de Rávena, Nastagio degli Onesti, rechazado por su amada. Ve en el bosque a una mujer perseguida por un jinete, quien la ataca y mata; inmediatamente, ella se levanta y vuelve a repetirse el castigo sin fin,  ya que se trata de fantasmas, una maldición, debido a que la joven perseguida no atendió a los requerimientos de su pretendiente y éste se suicidó.


Nastagio cree que tal aparición puede serle útil: hace que su desdeñosa amada la vea, con lo que consigue finalmente vencer su resistencia y llegar a un matrimonio feliz. 

 
Las cuatro pinturas  fueron pintadas por Botticelli y ayudantes de su taller.

En los dos primeros paneles se narra la aparición fantasmal, en el tercero se describe el banquete que organiza Nastagio para sorprender a su novia, y en el último se muestra el banquete de bodas, final feliz de la pareja.




En el primer episodio, Nastagio aparece representado tres veces en el mismo cuadro. A lo lejos, conversa con sus compañeros en un campamento. Ya en primer término a la izquierda, pasea cabizbajo por el rechazo de su novia, y en el centro, lucha contra los perros que atacan a una mujer desnuda. A la derecha, aparece el jinete que la persigue. La violencia de la escena estremece



 
El segundo episodio  muestra, a la izquierda, al joven Nastagio, que retrocede horrorizado . La mujer ha resultado muerta y el caballero le hace un tajo en la espalda para sacarle el corazón y arrojarlo a los perros, lo que sucede en el extremo de la derecha. Al fondo se comprueba cómo el episodio fantasmal se repite con una nueva persecución. Esta escena en la lejanía está centrada y enmarcada por los troncos de los árboles. De esta manera queda castigado el desdén de la mujer, por burlarse del amor del caballero que se suicidó por amor. 

 
El tercer episodio de Nastagio degli Onesti  se representa un banquete que tiene lugar en medio de un pinar. Nastagio lo ha organizado para que tanto su amada como la familia de ésta vean los fantasmas de la joven desnuda y su asesino. Así, se ve en el centro a la mujer atacada por los perros, con el jinete a la derecha. Nastagio, ligeramente a la izquierda, explica el sentido de la escena que están viendo los comensales. En el lateral derecho se ve a Nastagio hablando después con la criada de su amada, que le cuenta que la joven ha accedido a sus deseos. 


 
El cuarto y último episodio de Nastagio degli Onesti se distingue de los otros porque, a diferencia de ellos, se presenta como una sola escena: el banquete de bodas de Nastagio y su novia. Hay dos filas de mesas colocadas bajo unos soportales, con un arco de triunfo al fondo.

Después de leer el Decamerón las jóvenes aprendían, por medio de la violencia simbólica, una cosa muy importante: no importa cuan feo, nauseabundo, repugnante, maltratador sea un hombre, ellas no podían decir que no. El castigo era insufrible. Y este miedo y esta violencia simbólica aprendida perduraron durante siglos en la mente de muchas mujeres.

A ver quien era la valiente que se atrevía a rechazar al primer pretendiente que se le presentara por muy repulsivo que fuera. ¡¡Hasta ahí podíamos llegar!!


martes, 28 de julio de 2020

Khadija Mohammadou Saye. Fotógrafa

 
Khadija Mohammadou Saye (Londres ,30 de julio de 1992 - 14 de junio de 2017 ) Fotógrafa gambiano- británica.


Saye era una activista y educadora apasionada, se ofreció como voluntaria en Jawaab para educar y empoderar a las jóvenes musulmanas.

Asistió a la Universidad de Artes Creativas de Farnham y obtuvo un título de fotografía. 


En 2017, su serie de fotografías titulada Viviendas: en este espacio que respiramos, basada en las prácticas espirituales de Gambia, se exhibió en el Pabellón de la Diáspora en la 57 Bienal de Venecia.


Entre el 2 de octubre y el 2 de noviembre de 2019, se exhibió en la Galería Victoria Miro una cartera de nueve serigrafías, titulada “En este espacio que respiramos”. Fue parte de Rock My Soul, una exposición de mujeres artistas negras comisariada por el artista Isaac Julien. 



Saye murió en el incendio de la Torre Grenfell 

sábado, 25 de julio de 2020

La historia secreta de las mujeres que revolucionaron la Medicina en los tiempos de la peste


La Historia destaca el papel de genios como Da Vinci en los grandes avances médicos del Renacimiento, otra era de pandemias. Sin embargo, la crucial aportación de las mujeres a la revolución ha quedado relegada hasta ahora. Un nuevo ensayo recuerda su historia

Hospitales rebosantes de camas, pacientes alejados de su familia, profesionales contagiados de un mal que apenas conocen. Durante la pandemia hemos visto imágenes difíciles de aceptar, pero que nos acercan a una visión de la labor sanitaria tan real como la vida misma. La historia de la Medicina está repleta de hogares para leprosos y denodados esfuerzos para ofrecer consuelo, de pócimas sin garantía y remedios improvisados. De cuerpos, sábanas, olores. Y también de mujeres anónimas, que no escribían tratados, pero eran las primeras en remangarse para hacer frente a la enfermedad.

Sharon T. Strocchia, prestigiosa historiadora de la Medicina y catedrática en la Universidad de Emory, considera importante «redefinir lo que cuenta como trabajo médico». De ahí que reivindique lo que ella denomina «trabajo del cuerpo», donde engloba el conjunto de cuidados y actividades sanitarias del que, tradicionalmente, se han encargado las mujeres. Su argumento es que el conocimiento no está sólo en los libros y laboratorios, sino también en las experiencias cotidianas de los trabajan en primera línea.

Su último libro, Sanadoras olvidadas (Yale University Press), publicado en plena crisis sanitaria, analiza la importancia de distintos grupos de mujeres en el desarrollo de la Medicina moderna en la Italia del Renacimiento. Desde las cuidadoras del príncipe hasta las voluntarias de los hospitales para incurables, pasando por las amas de casa o las monjas farmacéuticas, la labor que realizaban ha sido tradicionalmente «ignorada y minusvalorada». Pero no se trataba sólo de «caridad» o «trabajo para mujeres», sino tque también desarrollaron «verdaderas capacidades como sanadoras», las cuales han de inscribirse «en la cultura de la experimentación del Renacimiento», advierte Strocchia.

Los legajos olvidados que ha rescatado de conventos y viejos archivos ofrecen una visión renovada de la Italia renacentista, crucial para la ciencia y la medicina moderna fue decisiva. Es posible que su expresión más icónica sea la disección de cadáveres que llevó a cabo, entre otros, Leonardo da Vinci. Pero el trabajo de Strocchia se aleja de la figura del genio solitario para sumergirse en las redes sociales de las urbes renacentistas, que permitían a las mujeres compartir tácticas y remedios en un tiempo en que las crisis sanitarias eran la norma. «En vez de centrarme en desarrollos en la medicina académica, como la anatomía o la disección, he destacado la experiencia vivida de la enfermedad en las calles y las actividades de las sanadoras de primera línea, en los hogares y los hospitales», afirma.


En Florencia, las «monjas apotecarias» eran parte esencial de la cultura sanitaria. La elaboración de remedios, realizada en el propio convento, no sólo requería conocer al dedillo los tratados teóricos, sino también un sinfín de adaptaciones prácticas, que algunas religiosas perfeccionaban durante toda su vida y transmitían a las novicias más capaces. Las monjas fueron, incluso, «innovadoras comerciales, que respondían con rapidez a las tendencias del mercado, en parte porque estaban menos atadas a equipamientos costosos y espacios dedicados al trabajo que los productores masculinos».

La destreza manual y la imaginación eran igualmente importantes, junto al aguante necesario para soportar los fétidos olores que desprendían las elaboraciones.

Acostumbrarse al hedor era la primera prueba a la que se enfrentaban las cuidadoras de los hospitales para incurables, que proliferaban durante las plagas. La actual pandemia ha demostrado la importancia de esta clase de trabajo, que Strocchia ha rastreado en todas las clases sociales del Renacimiento italiano. ¿Anticiparon las mujeres de aquel tiempo nuestra actual sanidad universal? «Ciertamente, la clase de conocimientos que los estados nación modernos intentan integrar en un currículo académico tuvo sus raíces prácticas en los cuidados cotidianos que las mujeres aprendieron mediante práctica», explica la investigadora.

Pero Strocchia va más allá: «Podría incluso argumentarse que la mayoría de las mujeres del Renacimiento poseían una paleta más amplia de destrezas sanadoras y conocimiento del cuerpo de la que tenemos hoy». La afirmación parece sorprendente, aunque no tanto si recordamos que, durante siglos, las mujeres fueron lo más parecido que había a un servicio de Urgencias: «Dado que la medicina en el hogar era la primera solución para la mayoría de europeos hasta el siglo XIX, las madres, hermanas e hijas aprendían a preparar remedios básicos, curar heridas, diagnosticar enfermedades comunes, realizar cirugías menores, y otras tareas».

Un esfuerzo que, lejos de reconocerse como una labor sanitaria, «profundizó en la asociación de las mujeres con las funciones corporales básicas, como los excrementos, o síntomas repugnantes, como las úlceras malolientes», dice Strocchia. Un buen ejemplo de esas «jerarquías» lo encontramos en la enfermería, que en los siglos XVI y XVII aún se creía ligada a los «instintos» femeninos. «Pero, como sabemos, la enfermería requiere de un amplio conjunto de habilidades, buen juicio y capacidades de observación, además de compasión por los enfermos»
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