El éxito de
Mariquita fue arrollador aunque solo las hijas de la burguesía vencedora se lo
podían permitir. Su precio oscila entre las 85 y las 100 pesetas que viene a
ser lo que cobra un ciudadano medio por 10 días de trabajo.
Así pues, desde el
principio Mariquita Pérez quiere ser un fiel reflejo de la burguesía franquista
y nació con afán de distinguirse de "la chusma " que tenía como
referente a La Pepona una muñeca asequible para las clases populares.
Las distinciones son claras:
Mariquita
PérezLa Pepona
Creada por Leonor Coello,
de Portugal, que se asocia con Pilar Luca de Tena y el juguetero Onil ernabé
Molina
El
inventor es Emilio Gil Moreno, de Murcia, fabricante de juguetes en los años
20 que pubicitaría sus muñecas como "Su majestad la Pepona"
Peluca de cabello natural.
Pelo pintado en la cabeza
Cabeza de Porcelana
Fabricación en
cartón-piedra.
Los ojos estaban pintados y
no se movían. Pero tenía pestañas móviles Eran azules
Los ojos eran más
grandes,”marrón vulgar”y estaban tambien pintados
Brazos articulados
Brazos articulados
difíciles de mover
Fabricada en cartón-piedra
pintada al duco.
Fabricación en
cartón-piedra.
Tenía un clavo en la
espalda que unía el traje con la muñeca
Tenía ropa interior bajo la
falda.
El traje era de tela de
mala calidad.
Las Zapatillas
"Topolino" eran de esparto
Los zapatos y los
calcetines estaban pintados sobre las piernas
Precio: entre 85 y 100
pesetas
Precio: 5 pesetas
Se creo para las “niñas
bien”
Era una muñeca “popular”
Tenía nombre y apellido (largo
y compuesto). Su nombre era un diminutivo propio de las niñas “bien”
Solo tenía nombre. Con un
peyorativo “La” delante y un aumentativo que la minusvaloraba
Pronto
se dio a conocer a su familia, a través de cuentos, sus historias se recogían
en las Aventuras de Mariquita Pérez, escritas por Juan Cuentista, y de
medios de comunicación como la radio: Mariquita era hija de un valiente militar
andaluz, y no es gratuito que su nombre sea José Antonio y su apellido, Pérez
de la Escalera, un apellido compuesto, “comme il faut”para aportarle las
debidas resonancias de “hidalguía”. Su madre, una señora de la alta sociedad vasca,
se llamaba Marta Carvajal y Goicoechea. Su alcurnia y abolengo son idénticos a
los de doña Leonor su creadora.
Como
todas las “niñas bien” Mariquita estudiaba con las monjas en el Colegio de El
Sagrado Corazón de Madrid, junto a su amiga Mariví. Son las monjas quienes le
enseñan cuanto ha de saber una “señorita”.
Mariquita
veranea en la Costa Azul. No, ¡cuidado! No os equivoquéis, Mariquita no es
aliadófila, ¡ni mucho menos! Mariquita frecuenta las costas francesas cuando
Francia está regida por el gobierno de Vichy, un títere del Reich.
En
invierno Mariquita acostumbra a frecuentar las estaciones de esquí suizas con
el mismo donaire con el que toma el aperitivo en cualquier club de campo.
Informal
o de ceremonia mariquita tiene un “modelito” para cada ocasión. Su guardarropa
está formado por más de 100 vestidos y sus complementos. Son tantos los trapos
que tiene que los escaparates de las jugueterías donde se comercializa llegan a
convertirse en una suerte de tiendas de alta costura.
Las
niñas que no pertenecen a la burguesía, muchas ellas todavía de luto, sueñan
con Mariquita Pérez. Un juguete al alcance de muy pocas que se convierte
en símbolo de las desigualdades que existen en España en la época franquista. En
estas circunstancias, sólo La Pepona o las muñecas, hechas por sus propias
madres, de trapos viejos, se convierten en sus aliadas.
Inspirado en un texto de Javier
Memba “Todas sueñan con Mariquita Pérez”
Luisa
Carvajal y Mendoza (Jaraicejo, 2 de enero de 1566 o 1568 − Londres, 2 de
enero de 1614) Una de las mejores poetas místicas de España.
De
familia noble. Su padre fue Francisco de Carvajal y su madre María de Mendoza,
hermana de Francisco Hurtado de Mendoza, primer marqués de Almazán.
Fue
la única hija, después de cinco varones. Cuando cumplió seis años de edad
falleció primero su madre y casi inmediatamente después, su padre. Fue separada
de sus hermanos y enviada a Madrid a vivir con su tía abuela materna, María
Chacón, quien había sido aya de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela.
En
1576, cuando murió también su tía, fue a vivir a Soria con su tío materno,
Francisco Hurtado de Mendoza, marqués de Almazán, junto a la esposa de éste y
sus primas. Allí recibió una educación doméstica e intelectual esmerada:
lecciones de latín, lectura de los clásicos, conocimientos cristianos y la
práctica de la caridad, una de las ocupaciones más importantes de las mujeres
nobles.
En
1579 su tío, marqués de Almazán, fue nombrado virrey de Navarra y se marchó a vivir a
Pamplona. Al cumplir Luisa Carvajal los trece años, su tío la mandó llamar y
ella se mudó a Pamplona sola, sin su tía y sin un ama de llaves que vigilara la
relación del marqués con la niña.
En
un manuscrito acerca de su vida espiritual ―que más adelante, en la víspera de
su viaje a Inglaterra, dirigirá a su confesor― Luisa Carvajal no llega a
explicar claramente qué sucedió con su tío, pero alcanza a mostrar que el
marqués la sometió a sádicas «penitencias».
En
1591 su tío la autorizó a vivir en otra casa, en compañía de una criada.
Carvajal comenzará entonces a llevar una vida independiente.
En
1592 fallecieron sus tíos (el marqués y su esposa). Entonces Carvajal reclama
su herencia paterna, y la dona a los jesuitas, con quienes había estrechado
lazos.
A
los 26 años de edad abandona las costumbres de la nobleza, e incluso llega a
usar vestimenta de monja en su casa, pero sin entrar en un convento. En el
propio palacio de su tío, comenzó una asociación religiosa con los miembros de
la servidumbre de sus tíos.
En
1593, hizo los votos de pobreza, obediencia, mayor perfección y martirio. A
partir de este momento, en su residencia establecerá una especie de beaterio.
También brindaba consuelo y consejo a las damas nobles y reales que la solían
visitar.
En
1595, conmovida por la ejecución en Inglaterra del jesuita inglés Henry
Walpole, decidió dedicar su fortuna a la creación y mantenimiento del
Colegio Inglés de Jesuitas en Lovaina (Bélgica).
A
partir de 1597 empezó a escribir acerca de sus experiencias místicas y
desarrolló la mayor parte de su producción poética.
El
24 de enero de 1605 partió hacia Londres a donde llegó completamente sin dinero
en noviembre de 1605, vía París y Bruselas. Llegó en el peor momento: justo
antes de la llamada Conspiración de la Pólvora (Gunpowder
Plot), en que un grupo de católicos intentó volar por los aires el Parlamento
inglés para derrocar el Gobierno del rey Jacobo I. En esta época Carvajal se dedicó a
la peligrosa tarea de proteger a estos acusados. Desde Inglaterra escribiría un
abundante epistolario.
Para
llevar a cabo su labor clandestina misionera (al "servicio de Dios y la
Sagrada Virgen") aprendería en Inglaterra, no sin esfuerzo, el inglés. Los
anglicanos le acusaron de ser un hombre disfrazado de mujer. Escribió al valido
Duque de Lerma, llego a arrancar pasquines antipapistas, a polemizar en la
calle, fue arrestada en 1608, creó una congregación femenina católica y alentó
a los perseguidos católicos ingleses en su fe. Todo ello ocasionó no pocos
problemas a la corte inglesa de Jacobo I (deseosa de mantener la paz con España)
y a los embajadores españoles Pedro de Zúñiga y (desde 1613) Diego Sarmiento de
Acuña (conde de Gondomar) quien la protegiera en la embajada cuando finalmente
el Arzobispo de Canterbury George Abbot ordenara su detención. La corte de
Madrid ordenó que saliera de Inglaterra, pero su quebrantada salud hizo que
muriera antes
Obras
De
sus poemas no existen ejemplares originales. Algunos de ellos se conocen por la
publicación que terceras personas hicieron de ellos. En el Real Monasterio de
la Encarnación se conservan 178 cartas, así como todos sus manuscritos,
incluido su testamento.
La
temática de toda su obra es eminentemente religiosa. En poesía, ensayó todas
las formas que se usaban en el barroco, o sea, las tradicionales letrillas,
décimas, romances, liras, redondillas, villancicos, octavas reales y sonetos.
Su
epistolario y poesía completa se editó en la Biblioteca de Autores Españoles
vol 179, editorial Atlas (1965). Todos sus poemas (escritos principalmente
entre 1596 y 1599) son religiosos exaltando su amor místico con Dios, casi a
veces de un modo sexual. Su más famoso soneto empieza con "Esposas dulces,
lazo deseado/ ausentes trances, horas victoriosas/ infamia felicísima y
gloriosa/ holocausto en mil llamas abrasado." Se ha dicho de ella que
"en poesía religiosa y en su siglo, nadie le sobrepasa en castellano".
Núria
Pompeia(Barcelona, abril, 1931- 26 de
diciembre de 2016
Dibujante,
humorista gráfica y periodista. Pionera del movimiento de liberación de la
mujer en un contexto completamente adverso: los años 70 en España
En
1967 consiguió vender a una editorial francesa Maternasis, su primer cómic y,
probablemente, uno de los primeros cómics feministas de la cultura occidental.
En
Maternasis, Núria Pompeia ilustra sin necesidad de palabras el proceso del embarazo,
un tema completamente tabú en la época, y marca la línea que seguiría en sus
posteriores viñetas, visibilizando desde el humor los problemas de las mujeres
de forma crítica.
En
una entrevista a la revista Triunfo del año 1973 la autora es catalogada dentro
de la corriente de la “ironía desesperada” de la literatura catalana, y se
señala su “especial predilección por el tema de la mujer que vive, lucha, sufre
y muere en el seno de la burguesía”.
Pompeia
defiende el enfoque feminista de sus historias, asegurando que “o te rebelas o
te resignas. Si te resignas, es posible que dejes de sufrir… pero a mi esto de
la resignación me da mucha angustia”.
Siendo
prácticamente la única mujer que se dedicaba al humor gráfico durante los
primeros años 70, y considerando su polémica y atrevida consciencia política,
cuesta creer que llegara a ser redactora jefa de dos revistas (Por favor y
Saber), así como directora de programas para TVE. Pero Pompeia, que creaba su
obra como una “necesidad de expresar una visión crítica de la realidad”, luchó
con sus viñetas imponiéndose ante una sociedad en la que el rol de la mujer se
limitaba a la sumisión y el cuidado.
Si
en Maternasis mostró la cara menos agradable de la maternidad, unos años
después le tocó al matrimonio en Y fueron felices y comieron perdices (1970).
“El fin de la mujer es el matrimonio. Y ella se rebela contra el último término
de toda una educación, no contra el hecho en sí de casarse”, explica la autora
en relación a La educación de Palmira (1972), una serie de viñetas ilustradas
por ella misma y escritas por Vázquez Montalbán bajo el pseudónimo de Manolo V
el Empecinado, que muestran el adoctrinamiento por parte de la sociedad a una
mujer alienada desde que nace hasta el matrimonio, y su lucidez y rebeldía al
decir “no” sobre el altar.
La
temática se extiende también a Mujercitas (1975), un conjunto satírico en el
que Pompeia contrasta los estereotipos tradicionales de la mujer con la
realidad de la lucha feminista, criticando los mecanismos que convierten a la
mujer en un ser infantil, pasivo, dependiente y conformista.
Núria
Pompeia llegó a colaborar con revistas como la propia Triunfo, Vindicación
Feminista, Cuadernos para el diálogo, Charlie Hebdo o Brigitte.
Pero
la autora no se limitó al humor gráfico y publicó también ficción literaria,
como Cinc cèntims (1981), una colección de historias cortas feministas con
títulos como El orden y el matrimonio, Ganemos la libertad o La generación
perdida. Uno de los temas de la colección, a parte de la visión del matrimonio
como despotismo paternalista, es la decepción del movimiento feminista ante el
contexto político y la sucesión de regímenes que venden progreso sin un cambio
real.
En
palabras de Marika, otra de las más relevantes autoras en la historia del cómic
feminista, “la huella pionera de Núria Pompeia abrió una importantísima puerta
para todas las mujeres, no sólo para las autoras, sino también para las
lectoras”.
Y
es que la labor de Pompeia fue esencial para el progreso de la mujer y el
movimiento feminista, cuestionando estereotipos que parecían estar cada vez más
arraigados y visibilizando la (auto)representación femenina que no tenía hasta
entonces espacio en el diálogo masculino.
Ha
sido Medalla d’Or de la ciutat de Barcelona al mèrit artístic (2000), Creu de
Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya (2007), y primer Premio de Honor del
Colectivo de Autoras de Cómic (2013).
Leonor
Martínez Baroja (Cenicero, España 1926).Fotógrafa hispano-argentina.
Leonor
emigró con su madre y su hermana a Argentina con solo tres años, siguiendo los
pasos de un padre que pocas veces se ganó tal apelativo.
Aprendió
a leer de muy chica con las "letras grandes" de La Nación, los pocos
ratos que su madre, sirvienta, les podía dedicar.
En
el 36, al inicio de la Guerra Civil, volvió en un barco de vuelta a España,
donde se crió con sus abuelos y con sus tíos, "que siempre estaban en el
campo". No fue al colegio.
Andurreaba
por las calles del pueblo y por la noche leía la revista de toros a su abuela.
"Se pasaba mucha hambre". Si podía, robaba huevos y conejos. "Yo
me hice una machorra, las niñas conmigo no querían ni jugar", recuerda
mientras saca una fotografía donde se la ve con "el único juguete"
que tuvo en su vida, un barrilete de hojalata.
Pasó
cuatro años en dos conventos de la Rioja y a los 15 años su madre le reclamó
desde Argentina.
Viajó
desde Galicia con una maleta de cartón y una botella de rope. "Lo único
que me dieron". Llegó hecha una "salvaje". "Es que en el
pueblo nadie se bañaba".
A los
pocos días, su madre le buscó un trabajo de interna en Buenos Aires. "Eran
70 pesos, una plata, pero yo le dije que quería ser artista". Su madre le
arreó una paliza que la tuvo tres meses en el hospital. "Me dio con un
zapato en la espina dorsal".
Se
escapó. Fue hilando trabajo tras trabajo. De niñera, cuidando a enfermos, en un
taller de costura, en una fábrica de textil...
Se
apuntó al partido, al Comunista, claro. Allí conoció a su marido, con el que
años más tarde tendría dos hijas y adoptaría su apellido, Marsicano.
Repartía
folletos por las calles en plena dictadura peronista. Precisamente la propia
fábrica donde trabajaba fue en una en la que se iniciaron las huelgas contra el
peronismo.
Un
día vio a una chica retocar fotografías y aquello le gustó. Un compañero del
partido le dio la dirección de Anatole
Saderman , un reconocido fotógrafo, experto retratista. Se convirtió en su
ayudante. De él aprendió que "la cultura profunda debe ser sin ostentación
y a ser una persona decente con lo que haces".
Por
entonces empezó a leer de política, de historia, "empecé a enterarme del
porqué de las guerras. Era hermoso, me apasionaba".
Retocaba diapositivas para otros fotógrafos y en el año 55 ganó el
Segundo Premio de Retrato Internacional de una conocida asociación de Buenos
Aires
Con
sus primeros ahorros se compró una Rolleiflex, que todavía guarda en otra
maleta, con otras cuatro cámaras de época, entre ellas una Hasselblad.
"Sacaba fotos del barrio". Le encantaban las pintadas de protesta:
"Había una que decía 'El que afloja, pierde'; son muy ingeniosos los
argentinos".
Iba
a los talleres de pintores y escritores y les retrataba. A cambio, recibía un
cuadro, un dibujo.
Seguía
acudiendo a las manifestaciones del partido. Contra los peronistas. Contra
Videla. "Me escondía la cámara debajo del poncho y hasta los policías me ayudaban
a pasar la barrera". Hacía fotos aquí y allá. "Lo que más me gustaba
era la crónica, el personaje con el suceso, la calle, y los retratos,
claro". Pocas veces cobraba. Era su afición pasional. Su marido le
construyó con maderos un laboratorio en el patio de la casa. Dos días a la
semana revelaba. "Casi no tenía tiempo, me dedicaba cuando acostaba a las
niñas".
En
Banfield, el barrio donde vivía, colocó su marido un escaparate en la estación
con su trabajo. La gente le llamaba para que le hiciera fotos.
Siguió
pasando la vida con su cámara al hombro. Ya de mayor fue a la escuela. Qué
ironía:"Yo, que ya había leído a Marx".
Hace
unos años volvió a España para quedarse. Su único patrimonio, sus fotos. Antes,
en un último intento por salvar su legado, acudió a la Secretaría de Cultura de
Argentina. "Me dijeron que mis fotografías no representaban al país".
¿Y no habla con sus hijas? "No, no, me apartaron de mis nietos; me
invitaban y yo hablaba de política, y dejaron de invitarme... ellos están muy
alto en el peronismo... ya me acostumbré".
Cientos
de fotografías, negativos y diapositivas retratando casi medio siglo de
Argentina. Las protestas antiperonistas. Los grafitis de las calles. Las gentes
y los mercados de San Telmo o el Barrio Sur, "al que cantaba Borges, donde
nació Buenos Aires". Las Madres de la Plaza de Mayo, en cuya primera
manifestación ya estuvo ella. También hay muchos retratos, a artistas e
intelectuales de la época. A Ernesto Sábato, a los pintores Carlos Alonso, Juan
Carlos Castagnino o Raquel Forner -"Me decía que la única que la podía
fotografiar era yo"- o al fotógrafo Anatole Saderman, un maestro del
retrato, su maestro. "Estuve 10 años con él, me enseñó todo".
"No
me interesa fotografiar hombres que no luchan, un hombre que ha bajado los
brazos no me interesa"
Antonia
Rufina Maymón Giménez (Madrid, 18 de julio de 1881 - Beniaján, Murcia, 20 de
diciembre de 1959) fue una pedagogaracionalista, militante naturista, anarquista
y feministaespañola,
que además publicó libros de diversos temas.
Estudia
magisterio en la 'Escuela Normal Femenina' de Zaragoza, ciudad en la que
también contrae matrimonio con el profesor anarquista Lorenzo Laguna.
Por
su pertenencia al Comité Nacional contra la guerra de Marruecos, será procesada
y condenada junto con Teresa Claramunt y Josefa López.
En
esos años publica sus primeros artículos periodísticos en diversas gacetas
anarquistas, como 'La Enseñanza Moderna' y 'Cultura y Acción'. La pareja se
exilia a Burdeos en 1911, de donde Antonia vuelve amnistiada dos años más tarde
tras la muerte de su esposo.
A
su regreso, ejerce de oradora en infinidad de mítines por todo el país y
trabaja como maestra en escuelas de Barcelona, San Feliu de Guíxols, Elda y Beniaján,
localidad donde viviría durante largos años y en la que llegó a fundar un
ateneo cultural.
Impulsora
del movimiento
naturista en España, participa y preside congresos sobre estos ideales en Bilbao
y Málaga.
Al
proclamarse la Segunda República Española se traslada a
Beniaján, donde se establecería de forma definitiva; allí dio mítines para la Confederación Nacional del Trabajo
(CNT), mantuvo una escuela en su
propia casa y desarrolló una intensa labor social entre los más necesitados.
En
1932 publica 'Estudios Racionalistas', donde expone su pensamiento educativo de
la escuela única para niños y niñas sin distinción de clases sociales:
"el intelecto no es patrimonio exclusivo de los adinerados y el
derecho a instruirse debe ser uno de los más sagrados del ser humano”.
Escribió
mucho sobre naturismo, pero también sobre su gran pasión: la educación. Entre 1908
y 1939 colaboró en numerosas publicaciones afines de manera ininterrumpida,
como Acción Social Obrera, Cultura y Acción, Despertar, La
Enseñanza Moderna, Helios, Humanidad Nueva, Ideas y
figuras, Inquietudes, Naturismo, Nueva Aurora, Solidaridad
Obrera, Tiempos Nuevos, Tierra y Libertad, Vértice o Vida
y Trabajo, entre otros.
Sus
obras más conocidas son:'Anarquismo y naturismo' (1925),'Hacia el ideal' (1927),'Amamos'(1932),'Humanidad
libre. Esbozo racionalista'.Novelas:'Madre' (1925),'La perla' (1927),'El hijo del
camino' (1931)
Dos
años más tarde fue detenida de nuevo durante casi un año, saliendo de la cárcel
con su salud ya muy mermada. Regresó a su casa de Beniaján, donde daría clases
particulares.
Fallece
en un hospital local el 20 de diciembre de 1959.
Citas:
(...)estoy plenamente convencida de que,
criados en plena Naturaleza, bien dirigidas sus aptitudes, desarrollados sus
sentimientos para el bien, recibiendo, en fin, una integral educación, se
transformarán en seres dulces, amorosos, justos y razonables.
Maymón
defendía el naturismo
y el anarquismo
como dos ideales distintos pero convergentes en un mismo objetivo, un orden
natural donde no caben jerarquías ni injusticias:
(...)para
mi no es naturismo aquel que no se preocupa de la vida integral del individuo y
como ésta solo puede desarrollarse dentro de una sociedad igualitaria, sin leyes
ni gobiernos, sin explotadores ni explotados, deduzco de aquí la consecuencia
de que las ideas naturismo y anarquismo van tan íntimamente unidas, que no
pueden separarse sin que a cada una de ellas les falte algo para ser completa.
Algo
les costará a los hombres ver a las mujeres igualarse a ellos, y a las mujeres
acostumbrarse a luchar contra rutinas y convencionalismos, pero hay que tener
confianza en esa juventud renovadora.
Josefina Aldecoa (La Robla, León, 8 de marzo
de 1926 – Mazcuerras, Cantabria, 16 de marzo de 2011) Escritora y pedagoga
española, directora del Colegio Estilo.
Estuvo
casada con el escritor Ignacio Aldecoa, de quien adoptó tras su muerte en
1969 su apellido para su carrera literaria.
La
vida de Josefina Aldecoa es una de estas existencias que ya podemos resumir
como ejemplar y representativa de lo que fue su tiempo y su espacio, y al que
ella misma, en uno de sus primeros libros, etiquetó como nadie en 1983:
"Los niños de la guerra", una breve pero muy representativa antología
de aquella generación de intelectuales y escritores que heredó lo imposible, lo
que era inconcebible heredar: la nada de un país autodestruido y arruinado después
de la guerra civil. Una vida vertebrada en dos columnas fundamentales, la
pedagogía y la literatura, que la han mantenido viva y fértil.
Nacida
en una familia liberal de la burguesía rural, hija de negociante y de una
estirpe de maestras que al parecer también la marcó genéticamente, cursó
estudios superiores en León y Madrid, y tuvo la suerte de caer en el interior
de un grupo surgido en la Facultad de Letras de Madrid que la reunió nada menos
que con el citado Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández
Santos, Alfonso Sastre, Medardo Fraile, Carmen Martín Gaite, Rafael Azcona o
gente más alejada como Ana María Matute, Juan Benet y Luis Martín Santos.
Tras
sus estudios de pedagogía y un viaje a Londres, se casó con Aldecoa, tuvo una
hija, viajó por Europa y Estados Unidos, publicó un libro de relatos, A ninguna
parte, y acompañó a su marido en su corta e intensa carrera como novelista y
cuentista que marcará para siempre la evolución de nuestra literatura del siglo
XX.
En
1959 fundó en Madrid el Colegio Estilo, la que fue para ella su gran obra ,
situado en la zona de El Viso, Madrid, inspirándose en las ideas vertidas en su
tesis de pedagogía, en los colegios que había visto en Inglaterra y Estados
Unidos y en las ideas educativas del Krausismo, base ideológica de la
Institución Libre de Enseñanza: "Quería algo muy humanista, dando mucha
importancia a la literatura, las letras, el arte; un colegio que fuera muy
refinado culturalmente, muy libre y que no se hablara de religión, cosas que
entonces eran impensables en la mayor parte de los centros del país"
La
muerte repentina de Ignacio Aldecoa en 1969 supuso un terrible mazazo en la
vida difícil, aventurada y aventurera de aquella joven madre y aprendiza de
escritora, que tardó bastante en reponerse de la tragedia.
Su
intenso y profundo trabajo del colegio, sus viajes y experiencias en el mundo
de la formación, y el apoyo de sus amigos le ayudaron a salir del bache, merced
también a la herencia de su marido, de la que empezó a ocuparse también, y de
donde salió aquel primer libro antológico de 1983 (Los hijos de la guerra) y
una gran edición que reunió, tras su gran introducción personal, los Cuentos
completos de Aldecoa en 1995.
En
la segunda mitad de los ochenta publicó tres novelas, basadas en temas de la
mujer y sus problemas amorosos, que alcanzaron una buena repercusión, La
enredadera, Porque éramos jóvenes y El vergel, pero su triunfo más importante
lo alcanzaría en los noventa con otras tres novelas basadas en las vidas de
algunas mujeres maestras, republicanas y exiliadas: Historia de una maestra, Mujeres
de negro y La fuerza del destino, que alcanzaron una gran repercusión popular.
Y tras un relato infantil, la recuperación de Fiebre, unas "confesiones de
una abuela", y otra novela más, El enigma, sobre el fracaso de las
relaciones amorosas, entrega esta memoria de su propia vida, En la distancia,
que es una especie de recopilación vital, de testamento, de testimonio y de
resumen de muchas otras existencias que han marcado nuestras vidas personales y
colectivas.
Añadiría
el sentido de conservación de la naturaleza que inspiran muchos de sus últimos
libros, y la habilidad y sabiduría que ha adquirido en sus descripciones de esa
misma naturaleza en la que deposita al fin y al cabo las esperanzas finales
En
2003 obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras
Historia
de una maestra es un viaje por la memoria colectiva de un país, España, antes
de que ésta se rompiera en dos. Es la narración de su vida que Gabriela, la
protagonista, le hace a su hija Juana. Una vida que comenzó con consistencia
aquel día en el que se acabó la carrera de magisterio en Oviedo y se abrieron
las puertas de su futuro. Y ese día, en esa ciudad del norte, tenía lugar la
boda entre una jovencita de buena familia con un tal Francisco Franco, al que
consideraban poca cosa para ella. Un hombre que marcaría el destino de Gabriela
igual que marcó el de todos los españoles, sin saberlo entonces. Era el año
1923 y nadie sabía todavía quién era ese militar bajito, feo y de vocecilla
insulsa. Y la historia de España parecía avanzar hacia un futuro lleno de luz
que se truncaría con la Guerra Civil.
La
novela está dividida en tres partes: El comienzo del sueño, El sueño y El final
del sueño.En la primera parte, la
historia de Gabriela nos lleva a uno de esos pueblos sin nombre de la provincia
de León, un pueblo donde la vida era hostil, el frío se pegaba a los huesos y
las noches eternas. Poco después, cuando la profesora tuvo la oportunidad de
elegir el lugar donde quería dar clase, eligió lo que nadie quería: la Guinea
Española. Esa parte me ha conmovido especialmente, por el entusiasmo de la
protagonista, por entregarse a esos niños de caras negras y dientes blancos y
radiantes, porque el corazón se encoge cuando un pequeño recibe con alegría
aquello que más valor tiene: una lección aprendida. Y porque, a pesar de todo,
algunas cosas no han cambiado tanto y "el hambre de África no terminará
nunca. África es la víctima del hombre blanco", tal y como señala la
protagonista.
La
segunda parte coincide con el regreso a la Península de la profesora, después
de tener que dejar Guinea por una enfermedad. Fueron los años del sueño. De la
República que hizo tanto por la educación. Hay aquí un pasaje que me ha
emocionado hasta las lágrimas en el que se relata una misión pedagógica de
aquellos años. Y la última parte, la más triste, es la que condujo a España a
esa guerra. Gabriela y su marido, Ezequiel, daban clases entonces en Los valles
y la revolución de Asturias de 1934 marcaría su vida.
Historia
de una maestra es una novela que desprende ternura y belleza. Desprende amor por
la educación, por la cultura que hace a los hombres justos y libres. La pasión
de enseñar a leer a los niños negros de Guinea, a los niños y niñas de los
pueblos humildes de Castilla. El valor de la cultura alejada de las doctrinas
religiosas que moldean los pensamientos.
En
este libro brillan sentimientos cargados de autenticidad. Desde la más pura
alegría republicana que se palpita entre sus páginas hasta la congoja que
invadió los cuerpos de tantos maestros que veían como su sueño se desintegraba
por la barbarie.
La
República había conseguido despertar en muchas inteligencias el deseo de
aprender, y en los maestrxs, el deseo de enseñar con más pasión que nunca.
Educar
para la convivencia. Educar para adquirir conciencia de la justicia. Educar en
la igualdad para que no se pierda un solo talento por la falta de
oportunidades.
“Yo
me decía: No puede existir dedicación más hermosa que ésta. Compartir con los
niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta
las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ese era el
milagro de una profesión que estabaempezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y la
cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo
tenía que dar.”
Al
principio te será difícil pero ya te irás acostumbrando. Los chicos son como
animales pero hay que domarles. Y cuando no respondan, palo...
Estoy
convencida de que lo entendían. Y aprendí una cosa más: que tan importantes
eran esas lecciones como las otras, las oficiales, las obligadas por principio,
porque todas guardaban relación entre sí, si pretendíamos educar de verdad a
aquellos hombres y mujeres en ciernes.
Yo
iba a enseñar y al mismo tiempo a aprender.
En
resumen, yo fui maestraporque las
condiciones económicas de mi familia así lo determinaron.... Lo que sí es
cierto es que cuando niña ya andaba yo jugando con la idea de ser maestra.
Tenía una maestra joven yalegre y muy
paciente y los niños la adorábamos. No sé si la influencia de la maestra
también pesó en mi ánimo junto a las opiniones de mi padre.
…
la educación y la cultura para ser capaces de sacar el país adelante…habrá que
intentarlo todo si queremos que nuestros hijos lleguen a ser un día libres y,
educados como los niños de Francia o Inglaterra...
«Ya
saben hablar», me decía. «Han aprendido a expresar lo que piensan...»
“La
escuela es del Estado, la paga el Estado y eso quiere decir que es de todos,
los listos y los tontos, los aplicados y los vagos. Todos tienen derecho a
recibir una buena educación.”
“Educar
para la convivencia. Educar para adquirir conciencia de la justicia. Educar en
la igualdad para que no se pierda un solo talento por falta de
oportunidades...”
“El
trabajo era mi medicina, mi estímulo, lo único que me conservaba firmemente
asentada en la realidad.”
En
1979 decide hacer de la fotografía su profesión matriculándose en la célebre
escuela Photocentro. de Madrid y decidió
convertir su afición —su otro amor es el baile— en profesión.
En
aquel "lugar mágico y lleno de ilusión", como ha descrito en alguna
ocasión, conoció al que considera su maestro, Ramón Mourelle.
Al
poco empezó a recibir sus primeros encargos para prensa y publicidad y conoció
a Tote Trenas, quien la introduce en el mundo de la fotografía para cine. Hizo
la fotofija de películas como Sal gorda y Penumbra
En
1982, decidió ampliar su formación en Nueva York. Interesada por encontrar el
soporte idóneo para reproducir la textura de la piel, aprendió la técnica de la
impresión en platino, un método artesanal en blanco y negro con el que logra
que su obra sea reconocible por un lenguaje onírico.
En
1986, regresó a Madrid, donde monta su primera exposición, Toques, en el
Instituto Francés.
Desde
1990 a 2007 recorrió el mundo para plasmar el baile y la danza de lugares como
Cuba, Burkina Fasso, Mali, Egipto, Turquía... "Me ha interesado mostrar lo
que está detrás del movimiento, los sentimientos. Y me gusta fotografiar
desnudos porque son la pureza del ser humano"
Premios:
En
1999 obtiene al premio World Press Photo (en la categoría de Arte y
Entretenimiento)
En
2004 (en la categoría Retratos).
En
2009 también fue premio PHotoEspaña
En
2009 recibió la Medalla al Mérito de las Bellas Artes
En
2016 recibe el Premio Nacional de Fotografía que reconoce la obra de un autor/a
español/a que haya contribuido "al enriquecimiento del patrimonio cultural
de España. Isabel Muñoz lo ha recibido por la combinación en su obra "del
compromiso social con la búsqueda de la belleza", ahondando en temas como
el cuerpo, el rito o la diversidad cultural". También se subraya "la
singularidad de su utilización de una técnica tradicional aplicada a un
lenguaje contemporáneo".
Una
prosa formal ante la que Muñoz —siempre pendiente del último gadget para su
oficio— ha respondido: "Mi interés ha sido siempre el ser humano. Aunque
en las personas haya zonas oscuras, siempre hay una parte de luz, el ser humano
no puede vivir sin esperanza".
Su
trabajo se ha exhibido en el festival PHotoEspaña e instituciones de todo el
mundo, como el Chrysler Museum of Art (Norfolk, Virginia, EE UU), el Dansmuseet
(Estocolmo), el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa (A Coruña), la Casa de
América (Madrid), la Fototeca Nacional del INAH (Pachuca, México), el Canal de
Isabel II (Madrid, CaixaForum (Barcelona y Madrid), el Instituto Valenciano de
Arte Moderno o el Musée du Quai Branly (París), entre otros muchos.