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jueves, 5 de enero de 2017

Mariquita Pérez contra La Pepona. Desigualdades ideológicas y sociales en la España franquista



El éxito de Mariquita fue arrollador aunque solo las hijas de la burguesía vencedora se lo podían permitir. Su precio oscila entre las 85 y las 100 pesetas que viene a ser lo que cobra un ciudadano medio por 10 días de trabajo.

Así pues, desde el principio Mariquita Pérez quiere ser un fiel reflejo de la burguesía franquista y nació con afán de distinguirse de "la chusma " que tenía como referente a La Pepona una muñeca asequible para las clases populares.

Las distinciones son claras:
Mariquita Pérez                           La Pepona

Creada por Leonor Coello, de Portugal, que se asocia con Pilar Luca de Tena y el juguetero Onil ernabé Molina
El inventor es Emilio Gil Moreno, de Murcia, fabricante de juguetes en los años 20 que pubicitaría sus muñecas como "Su majestad la Pepona"

Peluca de cabello natural.
Pelo pintado en la cabeza
Cabeza de Porcelana
Fabricación en cartón-piedra.
Los ojos estaban pintados y no se movían. Pero tenía pestañas móviles Eran azules

Los ojos eran más grandes,”marrón vulgar”y estaban tambien pintados
Brazos articulados
Brazos articulados difíciles de mover
Fabricada en cartón-piedra pintada al duco.

Fabricación en cartón-piedra.
Tenía un clavo en la espalda que unía el traje con la muñeca

Tenía ropa interior bajo la falda.

El traje era de tela de mala calidad.
Las Zapatillas "Topolino" eran de esparto
Los zapatos y los calcetines estaban pintados sobre las piernas
Precio: entre 85 y 100 pesetas
Precio: 5 pesetas
Se creo para las “niñas bien”
Era una muñeca “popular”
Tenía nombre y apellido (largo y compuesto). Su nombre era un diminutivo propio de las niñas “bien”
Solo tenía nombre. Con un peyorativo “La” delante y un aumentativo que la minusvaloraba


Pronto se dio a conocer a su familia, a través de cuentos, sus historias se recogían en las Aventuras de Mariquita Pérez, escritas por Juan Cuentista, y de medios de comunicación como la radio: Mariquita era hija de un valiente militar andaluz, y no es gratuito que su nombre sea José Antonio y su apellido, Pérez de la Escalera, un apellido compuesto, “comme il faut”para aportarle las debidas resonancias de “hidalguía”. Su madre, una señora de la alta sociedad vasca, se llamaba Marta Carvajal y Goicoechea. Su alcurnia y abolengo son idénticos a los de doña Leonor su creadora.


Como todas las “niñas bien” Mariquita estudiaba con las monjas en el Colegio de El Sagrado Corazón de Madrid, junto a su amiga Mariví. Son las monjas quienes le enseñan cuanto ha de saber una “señorita”.

Mariquita veranea en la Costa Azul. No, ¡cuidado! No os equivoquéis, Mariquita no es aliadófila, ¡ni mucho menos! Mariquita frecuenta las costas francesas cuando Francia está regida por el gobierno de Vichy, un títere del Reich.

En invierno Mariquita acostumbra a frecuentar las estaciones de esquí suizas con el mismo donaire con el que toma el aperitivo en cualquier club de campo.

Informal o de ceremonia mariquita tiene un “modelito” para cada ocasión. Su guardarropa está formado por más de 100 vestidos y sus complementos. Son tantos los trapos que tiene que los escaparates de las jugueterías donde se comercializa llegan a convertirse en una suerte de tiendas de alta costura.

Las niñas que no pertenecen a la burguesía, muchas ellas todavía de luto, sueñan con Mariquita Pérez. Un juguete al alcance de muy pocas que se convierte en símbolo de las desigualdades que existen en España en la época franquista. En estas circunstancias, sólo La Pepona o las muñecas, hechas por sus propias madres, de trapos viejos, se convierten en sus aliadas.

Inspirado en un texto de Javier Memba “Todas sueñan con Mariquita Pérez”  

lunes, 2 de enero de 2017

Luisa Carvajal y Mendoza. Poeta Mística



Luisa Carvajal y Mendoza (Jaraicejo, 2 de enero de 1566 o 1568 − Londres, 2 de enero de 1614) Una de las mejores poetas místicas de España.

De familia noble. Su padre fue Francisco de Carvajal y su madre María de Mendoza, hermana de Francisco Hurtado de Mendoza, primer marqués de Almazán.

Fue la única hija, después de cinco varones. Cuando cumplió seis años de edad falleció primero su madre y casi inmediatamente después, su padre. Fue separada de sus hermanos y enviada a Madrid a vivir con su tía abuela materna, María Chacón, quien había sido aya de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela.

En 1576, cuando murió también su tía, fue a vivir a Soria con su tío materno, Francisco Hurtado de Mendoza, marqués de Almazán, junto a la esposa de éste y sus primas. Allí recibió una educación doméstica e intelectual esmerada: lecciones de latín, lectura de los clásicos, conocimientos cristianos y la práctica de la caridad, una de las ocupaciones más importantes de las mujeres nobles.

En 1579 su tío, marqués de Almazán, fue nombrado virrey de Navarra y se marchó a vivir a Pamplona. Al cumplir Luisa Carvajal los trece años, su tío la mandó llamar y ella se mudó a Pamplona sola, sin su tía y sin un ama de llaves que vigilara la relación del marqués con la niña.

En un manuscrito acerca de su vida espiritual ―que más adelante, en la víspera de su viaje a Inglaterra, dirigirá a su confesor― Luisa Carvajal no llega a explicar claramente qué sucedió con su tío, pero alcanza a mostrar que el marqués la sometió a sádicas «penitencias».

En 1591 su tío la autorizó a vivir en otra casa, en compañía de una criada. Carvajal comenzará entonces a llevar una vida independiente.

En 1592 fallecieron sus tíos (el marqués y su esposa). Entonces Carvajal reclama su herencia paterna, y la dona a los jesuitas, con quienes había estrechado lazos.

A los 26 años de edad abandona las costumbres de la nobleza, e incluso llega a usar vestimenta de monja en su casa, pero sin entrar en un convento. En el propio palacio de su tío, comenzó una asociación religiosa con los miembros de la servidumbre de sus tíos.

En 1593, hizo los votos de pobreza, obediencia, mayor perfección y martirio. A partir de este momento, en su residencia establecerá una especie de beaterio. También brindaba consuelo y consejo a las damas nobles y reales que la solían visitar.

En 1595, conmovida por la ejecución en Inglaterra del jesuita inglés Henry Walpole, decidió dedicar su fortuna a la creación y mantenimiento del Colegio Inglés de Jesuitas en Lovaina (Bélgica).

A partir de 1597 empezó a escribir acerca de sus experiencias místicas y desarrolló la mayor parte de su producción poética.



El 24 de enero de 1605 partió hacia Londres a donde llegó completamente sin dinero en noviembre de 1605, vía París y Bruselas. Llegó en el peor momento: justo antes de la llamada Conspiración de la Pólvora (Gunpowder Plot), en que un grupo de católicos intentó volar por los aires el Parlamento inglés para derrocar el Gobierno del rey Jacobo I. En esta época Carvajal se dedicó a la peligrosa tarea de proteger a estos acusados. Desde Inglaterra escribiría un abundante epistolario.

Para llevar a cabo su labor clandestina misionera (al "servicio de Dios y la Sagrada Virgen") aprendería en Inglaterra, no sin esfuerzo, el inglés. Los anglicanos le acusaron de ser un hombre disfrazado de mujer. Escribió al valido Duque de Lerma, llego a arrancar pasquines antipapistas, a polemizar en la calle, fue arrestada en 1608, creó una congregación femenina católica y alentó a los perseguidos católicos ingleses en su fe. Todo ello ocasionó no pocos problemas a la corte inglesa de Jacobo I (deseosa de mantener la paz con España) y a los embajadores españoles Pedro de Zúñiga y (desde 1613) Diego Sarmiento de Acuña (conde de Gondomar) quien la protegiera en la embajada cuando finalmente el Arzobispo de Canterbury George Abbot ordenara su detención. La corte de Madrid ordenó que saliera de Inglaterra, pero su quebrantada salud hizo que muriera antes

Obras
De sus poemas no existen ejemplares originales. Algunos de ellos se conocen por la publicación que terceras personas hicieron de ellos. En el Real Monasterio de la Encarnación se conservan 178 cartas, así como todos sus manuscritos, incluido su testamento.

La temática de toda su obra es eminentemente religiosa. En poesía, ensayó todas las formas que se usaban en el barroco, o sea, las tradicionales letrillas, décimas, romances, liras, redondillas, villancicos, octavas reales y sonetos.

Su epistolario y poesía completa se editó en la Biblioteca de Autores Españoles vol 179, editorial Atlas (1965). Todos sus poemas (escritos principalmente entre 1596 y 1599) son religiosos exaltando su amor místico con Dios, casi a veces de un modo sexual. Su más famoso soneto empieza con "Esposas dulces, lazo deseado/ ausentes trances, horas victoriosas/ infamia felicísima y gloriosa/ holocausto en mil llamas abrasado." Se ha dicho de ella que "en poesía religiosa y en su siglo, nadie le sobrepasa en castellano".


Poesías espirituales (o Poesías espirituales de la venerable doña Luisa de Carvajal y Mendoza).

Muestras de su ingenio y de su espíritu (publicado en 1885).

Poemas:
http://www.los-poetas.com/h/luisa1.htm

lunes, 26 de diciembre de 2016

Núria Pompeia.Pionera de los primeros cómics feministas de la cultura occidental.



Núria Pompeia (Barcelona, abril, 1931- 26 de diciembre de 2016
Dibujante, humorista gráfica y periodista. Pionera del movimiento de liberación de la mujer en un contexto completamente adverso: los años 70 en España


En 1967 consiguió vender a una editorial francesa Maternasis, su primer cómic y, probablemente, uno de los primeros cómics feministas de la cultura occidental.


En Maternasis, Núria Pompeia ilustra sin necesidad de palabras el proceso del embarazo, un tema completamente tabú en la época, y marca la línea que seguiría en sus posteriores viñetas, visibilizando desde el humor los problemas de las mujeres de forma crítica.




En una entrevista a la revista Triunfo del año 1973 la autora es catalogada dentro de la corriente de la “ironía desesperada” de la literatura catalana, y se señala su “especial predilección por el tema de la mujer que vive, lucha, sufre y muere en el seno de la burguesía”.

Pompeia defiende el enfoque feminista de sus historias, asegurando que “o te rebelas o te resignas. Si te resignas, es posible que dejes de sufrir… pero a mi esto de la resignación me da mucha angustia”.




Siendo prácticamente la única mujer que se dedicaba al humor gráfico durante los primeros años 70, y considerando su polémica y atrevida consciencia política, cuesta creer que llegara a ser redactora jefa de dos revistas (Por favor y Saber), así como directora de programas para TVE. Pero Pompeia, que creaba su obra como una “necesidad de expresar una visión crítica de la realidad”, luchó con sus viñetas imponiéndose ante una sociedad en la que el rol de la mujer se limitaba a la sumisión y el cuidado.



Si en Maternasis mostró la cara menos agradable de la maternidad, unos años después le tocó al matrimonio en Y fueron felices y comieron perdices (1970). “El fin de la mujer es el matrimonio. Y ella se rebela contra el último término de toda una educación, no contra el hecho en sí de casarse”, explica la autora en relación a La educación de Palmira (1972), una serie de viñetas ilustradas por ella misma y escritas por Vázquez Montalbán bajo el pseudónimo de Manolo V el Empecinado, que muestran el adoctrinamiento por parte de la sociedad a una mujer alienada desde que nace hasta el matrimonio, y su lucidez y rebeldía al decir “no” sobre el altar.




La temática se extiende también a Mujercitas (1975), un conjunto satírico en el que Pompeia contrasta los estereotipos tradicionales de la mujer con la realidad de la lucha feminista, criticando los mecanismos que convierten a la mujer en un ser infantil, pasivo, dependiente y conformista.

Núria Pompeia llegó a colaborar con revistas como la propia Triunfo, Vindicación Feminista, Cuadernos para el diálogo, Charlie Hebdo o Brigitte.

Pero la autora no se limitó al humor gráfico y publicó también ficción literaria, como Cinc cèntims (1981), una colección de historias cortas feministas con títulos como El orden y el matrimonio, Ganemos la libertad o La generación perdida. Uno de los temas de la colección, a parte de la visión del matrimonio como despotismo paternalista, es la decepción del movimiento feminista ante el contexto político y la sucesión de regímenes que venden progreso sin un cambio real.



En palabras de Marika, otra de las más relevantes autoras en la historia del cómic feminista, “la huella pionera de Núria Pompeia abrió una importantísima puerta para todas las mujeres, no sólo para las autoras, sino también para las lectoras”.

Y es que la labor de Pompeia fue esencial para el progreso de la mujer y el movimiento feminista, cuestionando estereotipos que parecían estar cada vez más arraigados y visibilizando la (auto)representación femenina que no tenía hasta entonces espacio en el diálogo masculino.


Ha sido Medalla d’Or de la ciutat de Barcelona al mèrit artístic (2000), Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya (2007), y primer Premio de Honor del Colectivo de Autoras de Cómic (2013).



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Leonor Martínez Baroja .Fotógrafa



Leonor Martínez Baroja (Cenicero, España 1926).Fotógrafa hispano-argentina.

Leonor emigró con su madre y su hermana a Argentina con solo tres años, siguiendo los pasos de un padre que pocas veces se ganó tal apelativo.

Aprendió a leer de muy chica con las "letras grandes" de La Nación, los pocos ratos que su madre, sirvienta, les podía dedicar.

En el 36, al inicio de la Guerra Civil, volvió en un barco de vuelta a España, donde se crió con sus abuelos y con sus tíos, "que siempre estaban en el campo". No fue al colegio. 


Andurreaba por las calles del pueblo y por la noche leía la revista de toros a su abuela. "Se pasaba mucha hambre". Si podía, robaba huevos y conejos. "Yo me hice una machorra, las niñas conmigo no querían ni jugar", recuerda mientras saca una fotografía donde se la ve con "el único juguete" que tuvo en su vida, un barrilete de hojalata.

Pasó cuatro años en dos conventos de la Rioja y a los 15 años su madre le reclamó desde Argentina.

Viajó desde Galicia con una maleta de cartón y una botella de rope. "Lo único que me dieron". Llegó hecha una "salvaje". "Es que en el pueblo nadie se bañaba".




A los pocos días, su madre le buscó un trabajo de interna en Buenos Aires. "Eran 70 pesos, una plata, pero yo le dije que quería ser artista". Su madre le arreó una paliza que la tuvo tres meses en el hospital. "Me dio con un zapato en la espina dorsal".

Se escapó. Fue hilando trabajo tras trabajo. De niñera, cuidando a enfermos, en un taller de costura, en una fábrica de textil...

Se apuntó al partido, al Comunista, claro. Allí conoció a su marido, con el que años más tarde tendría dos hijas y adoptaría su apellido, Marsicano.

Repartía folletos por las calles en plena dictadura peronista. Precisamente la propia fábrica donde trabajaba fue en una en la que se iniciaron las huelgas contra el peronismo.

Un día vio a una chica retocar fotografías y aquello le gustó. Un compañero del partido le dio la dirección de Anatole Saderman , un reconocido fotógrafo, experto retratista. Se convirtió en su ayudante. De él aprendió que "la cultura profunda debe ser sin ostentación y a ser una persona decente con lo que haces".

Por entonces empezó a leer de política, de historia, "empecé a enterarme del porqué de las guerras. Era hermoso, me apasionaba".

Retocaba diapositivas para otros fotógrafos y en el año 55 ganó el Segundo Premio de Retrato Internacional de una conocida asociación de Buenos Aires



Con sus primeros ahorros se compró una Rolleiflex, que todavía guarda en otra maleta, con otras cuatro cámaras de época, entre ellas una Hasselblad. "Sacaba fotos del barrio". Le encantaban las pintadas de protesta: "Había una que decía 'El que afloja, pierde'; son muy ingeniosos los argentinos".

Iba a los talleres de pintores y escritores y les retrataba. A cambio, recibía un cuadro, un dibujo.

Seguía acudiendo a las manifestaciones del partido. Contra los peronistas. Contra Videla. "Me escondía la cámara debajo del poncho y hasta los policías me ayudaban a pasar la barrera". Hacía fotos aquí y allá. "Lo que más me gustaba era la crónica, el personaje con el suceso, la calle, y los retratos, claro". Pocas veces cobraba. Era su afición pasional. Su marido le construyó con maderos un laboratorio en el patio de la casa. Dos días a la semana revelaba. "Casi no tenía tiempo, me dedicaba cuando acostaba a las niñas".

En Banfield, el barrio donde vivía, colocó su marido un escaparate en la estación con su trabajo. La gente le llamaba para que le hiciera fotos.

Siguió pasando la vida con su cámara al hombro. Ya de mayor fue a la escuela. Qué ironía:"Yo, que ya había leído a Marx". 




Hace unos años volvió a España para quedarse. Su único patrimonio, sus fotos. Antes, en un último intento por salvar su legado, acudió a la Secretaría de Cultura de Argentina. "Me dijeron que mis fotografías no representaban al país". ¿Y no habla con sus hijas? "No, no, me apartaron de mis nietos; me invitaban y yo hablaba de política, y dejaron de invitarme... ellos están muy alto en el peronismo... ya me acostumbré".

Cientos de fotografías, negativos y diapositivas retratando casi medio siglo de Argentina. Las protestas antiperonistas. Los grafitis de las calles. Las gentes y los mercados de San Telmo o el Barrio Sur, "al que cantaba Borges, donde nació Buenos Aires". Las Madres de la Plaza de Mayo, en cuya primera manifestación ya estuvo ella. También hay muchos retratos, a artistas e intelectuales de la época. A Ernesto Sábato, a los pintores Carlos Alonso, Juan Carlos Castagnino o Raquel Forner -"Me decía que la única que la podía fotografiar era yo"- o al fotógrafo Anatole Saderman, un maestro del retrato, su maestro. "Estuve 10 años con él, me enseñó todo".

"No me interesa fotografiar hombres que no luchan, un hombre que ha bajado los brazos no me interesa"

Más información en :

martes, 20 de diciembre de 2016

Antonia Maymón. Pedagoga racionalista, naturista, anarquista y feminista española



Antonia Rufina Maymón Giménez (Madrid, 18 de julio de 1881 - Beniaján, Murcia, 20 de diciembre de 1959) fue una pedagoga racionalista, militante naturista, anarquista y feminista española, que además publicó libros de diversos temas.

Estudia magisterio en la 'Escuela Normal Femenina' de Zaragoza, ciudad en la que también contrae matrimonio con el profesor anarquista Lorenzo Laguna.

Por su pertenencia al Comité Nacional contra la guerra de Marruecos, será procesada y condenada junto con Teresa Claramunt y Josefa López.

En esos años publica sus primeros artículos periodísticos en diversas gacetas anarquistas, como 'La Enseñanza Moderna' y 'Cultura y Acción'. La pareja se exilia a Burdeos en 1911, de donde Antonia vuelve amnistiada dos años más tarde tras la muerte de su esposo.

A su regreso, ejerce de oradora en infinidad de mítines por todo el país y trabaja como maestra en escuelas de Barcelona, San Feliu de Guíxols, Elda y Beniaján, localidad donde viviría durante largos años y en la que llegó a fundar un ateneo cultural. 




Impulsora del movimiento naturista en España, participa y preside congresos sobre estos ideales en Bilbao y Málaga.

Al proclamarse la Segunda República Española se traslada a Beniaján, donde se establecería de forma definitiva; allí dio mítines para la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), mantuvo una escuela en su propia casa y desarrolló una intensa labor social entre los más necesitados.

En 1932 publica 'Estudios Racionalistas', donde expone su pensamiento educativo de la escuela única para niños y niñas sin distinción de clases sociales:

"el intelecto no es patrimonio exclusivo de los adinerados y el derecho a instruirse debe ser uno de los más sagrados del ser humano”.

Escribió mucho sobre naturismo, pero también sobre su gran pasión: la educación. Entre 1908 y 1939 colaboró en numerosas publicaciones afines de manera ininterrumpida, como Acción Social Obrera, Cultura y Acción, Despertar, La Enseñanza Moderna, Helios, Humanidad Nueva, Ideas y figuras, Inquietudes, Naturismo, Nueva Aurora, Solidaridad Obrera, Tiempos Nuevos, Tierra y Libertad, Vértice o Vida y Trabajo, entre otros.




Sus obras más conocidas son:'Anarquismo y naturismo' (1925),  'Hacia el ideal' (1927),   'Amamos'(1932),'Humanidad libre. Esbozo racionalista'. Novelas:  'Madre' (1925),'La perla' (1927),'El hijo del camino' (1931)









Al acabar la Guerra Civil Española, es condenada y encarcelada hasta 1944

Dos años más tarde fue detenida de nuevo durante casi un año, saliendo de la cárcel con su salud ya muy mermada. Regresó a su casa de Beniaján, donde daría clases particulares.

Fallece en un hospital local el 20 de diciembre de 1959.

Citas:

 (...)estoy plenamente convencida de que, criados en plena Naturaleza, bien dirigidas sus aptitudes, desarrollados sus sentimientos para el bien, recibiendo, en fin, una integral educación, se transformarán en seres dulces, amorosos, justos y razonables.

Maymón defendía el naturismo y el anarquismo como dos ideales distintos pero convergentes en un mismo objetivo, un orden natural donde no caben jerarquías ni injusticias:
(...)para mi no es naturismo aquel que no se preocupa de la vida integral del individuo y como ésta solo puede desarrollarse dentro de una sociedad igualitaria, sin leyes ni gobiernos, sin explotadores ni explotados, deduzco de aquí la consecuencia de que las ideas naturismo y anarquismo van tan íntimamente unidas, que no pueden separarse sin que a cada una de ellas les falte algo para ser completa.

También se destacó como una incipiente feminista:
Algo les costará a los hombres ver a las mujeres igualarse a ellos, y a las mujeres acostumbrarse a luchar contra rutinas y convencionalismos, pero hay que tener confianza en esa juventud renovadora.


domingo, 27 de noviembre de 2016

Josefina Aldecoa .Historia de una Maestra


Josefina Aldecoa (La Robla, León, 8 de marzo de 1926 – Mazcuerras, Cantabria, 16 de marzo de 2011) Escritora y pedagoga española, directora del Colegio Estilo.

Estuvo casada con el escritor Ignacio Aldecoa, de quien adoptó tras su muerte en 1969 su apellido para su carrera literaria.

La vida de Josefina Aldecoa es una de estas existencias que ya podemos resumir como ejemplar y representativa de lo que fue su tiempo y su espacio, y al que ella misma, en uno de sus primeros libros, etiquetó como nadie en 1983: "Los niños de la guerra", una breve pero muy representativa antología de aquella generación de intelectuales y escritores que heredó lo imposible, lo que era inconcebible heredar: la nada de un país autodestruido y arruinado después de la guerra civil. Una vida vertebrada en dos columnas fundamentales, la pedagogía y la literatura, que la han mantenido viva y fértil.



Nacida en una familia liberal de la burguesía rural, hija de negociante y de una estirpe de maestras que al parecer también la marcó genéticamente, cursó estudios superiores en León y Madrid, y tuvo la suerte de caer en el interior de un grupo surgido en la Facultad de Letras de Madrid que la reunió nada menos que con el citado Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Medardo Fraile, Carmen Martín Gaite, Rafael Azcona o gente más alejada como Ana María Matute, Juan Benet y Luis Martín Santos. 





Tras sus estudios de pedagogía y un viaje a Londres, se casó con Aldecoa, tuvo una hija, viajó por Europa y Estados Unidos, publicó un libro de relatos, A ninguna parte, y acompañó a su marido en su corta e intensa carrera como novelista y cuentista que marcará para siempre la evolución de nuestra literatura del siglo XX.

En 1959 fundó en Madrid el Colegio Estilo, la que fue para ella su gran obra , situado en la zona de El Viso, Madrid, inspirándose en las ideas vertidas en su tesis de pedagogía, en los colegios que había visto en Inglaterra y Estados Unidos y en las ideas educativas del Krausismo, base ideológica de la Institución Libre de Enseñanza: "Quería algo muy humanista, dando mucha importancia a la literatura, las letras, el arte; un colegio que fuera muy refinado culturalmente, muy libre y que no se hablara de religión, cosas que entonces eran impensables en la mayor parte de los centros del país"


La muerte repentina de Ignacio Aldecoa en 1969 supuso un terrible mazazo en la vida difícil, aventurada y aventurera de aquella joven madre y aprendiza de escritora, que tardó bastante en reponerse de la tragedia.

Su intenso y profundo trabajo del colegio, sus viajes y experiencias en el mundo de la formación, y el apoyo de sus amigos le ayudaron a salir del bache, merced también a la herencia de su marido, de la que empezó a ocuparse también, y de donde salió aquel primer libro antológico de 1983 (Los hijos de la guerra) y una gran edición que reunió, tras su gran introducción personal, los Cuentos completos de Aldecoa en 1995.

En la segunda mitad de los ochenta publicó tres novelas, basadas en temas de la mujer y sus problemas amorosos, que alcanzaron una buena repercusión, La enredadera, Porque éramos jóvenes y El vergel, pero su triunfo más importante lo alcanzaría en los noventa con otras tres novelas basadas en las vidas de algunas mujeres maestras, republicanas y exiliadas: Historia de una maestra, Mujeres de negro y La fuerza del destino, que alcanzaron una gran repercusión popular. Y tras un relato infantil, la recuperación de Fiebre, unas "confesiones de una abuela", y otra novela más, El enigma, sobre el fracaso de las relaciones amorosas, entrega esta memoria de su propia vida, En la distancia, que es una especie de recopilación vital, de testamento, de testimonio y de resumen de muchas otras existencias que han marcado nuestras vidas personales y colectivas.

Añadiría el sentido de conservación de la naturaleza que inspiran muchos de sus últimos libros, y la habilidad y sabiduría que ha adquirido en sus descripciones de esa misma naturaleza en la que deposita al fin y al cabo las esperanzas finales

En 2003 obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras



Historia de una maestra 





Historia de una maestra es un viaje por la memoria colectiva de un país, España, antes de que ésta se rompiera en dos. Es la narración de su vida que Gabriela, la protagonista, le hace a su hija Juana. Una vida que comenzó con consistencia aquel día en el que se acabó la carrera de magisterio en Oviedo y se abrieron las puertas de su futuro. Y ese día, en esa ciudad del norte, tenía lugar la boda entre una jovencita de buena familia con un tal Francisco Franco, al que consideraban poca cosa para ella. Un hombre que marcaría el destino de Gabriela igual que marcó el de todos los españoles, sin saberlo entonces. Era el año 1923 y nadie sabía todavía quién era ese militar bajito, feo y de vocecilla insulsa. Y la historia de España parecía avanzar hacia un futuro lleno de luz que se truncaría con la Guerra Civil.



La novela está dividida en tres partes: El comienzo del sueño, El sueño y El final del sueño.  En la primera parte, la historia de Gabriela nos lleva a uno de esos pueblos sin nombre de la provincia de León, un pueblo donde la vida era hostil, el frío se pegaba a los huesos y las noches eternas. Poco después, cuando la profesora tuvo la oportunidad de elegir el lugar donde quería dar clase, eligió lo que nadie quería: la Guinea Española. Esa parte me ha conmovido especialmente, por el entusiasmo de la protagonista, por entregarse a esos niños de caras negras y dientes blancos y radiantes, porque el corazón se encoge cuando un pequeño recibe con alegría aquello que más valor tiene: una lección aprendida. Y porque, a pesar de todo, algunas cosas no han cambiado tanto y "el hambre de África no terminará nunca. África es la víctima del hombre blanco", tal y como señala la protagonista.


 



La segunda parte coincide con el regreso a la Península de la profesora, después de tener que dejar Guinea por una enfermedad. Fueron los años del sueño. De la República que hizo tanto por la educación. Hay aquí un pasaje que me ha emocionado hasta las lágrimas en el que se relata una misión pedagógica de aquellos años. Y la última parte, la más triste, es la que condujo a España a esa guerra. Gabriela y su marido, Ezequiel, daban clases entonces en Los valles y la revolución de Asturias de 1934 marcaría su vida.




Historia de una maestra es una novela que  desprende ternura y belleza. Desprende amor por la educación, por la cultura que hace a los hombres justos y libres. La pasión de enseñar a leer a los niños negros de Guinea, a los niños y niñas de los pueblos humildes de Castilla. El valor de la cultura alejada de las doctrinas religiosas que moldean los pensamientos.

En este libro brillan sentimientos cargados de autenticidad. Desde la más pura alegría republicana que se palpita entre sus páginas hasta la congoja que invadió los cuerpos de tantos maestros que veían como su sueño se desintegraba por la barbarie.


(Reseña de Cajón de historias)





Las frases:

La República había conseguido despertar en muchas inteligencias el deseo de aprender, y en los maestrxs, el deseo de enseñar con más pasión que nunca.

Educar para la convivencia. Educar para adquirir conciencia de la justicia. Educar en la igualdad para que no se pierda un solo talento por la falta de oportunidades.

“Yo me decía: No puede existir dedicación más hermosa que ésta. Compartir con los niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ese era el milagro de una profesión que estaba  empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar.”

Al principio te será difícil pero ya te irás acostumbrando. Los chicos son como animales pero hay que domarles. Y cuando no respondan, palo...

Estoy convencida de que lo entendían. Y aprendí una cosa más: que tan importantes eran esas lecciones como las otras, las oficiales, las obligadas por principio, porque todas guardaban relación entre sí, si pretendíamos educar de verdad a aquellos hombres y mujeres en ciernes.

Yo iba a enseñar y al mismo tiempo a aprender.

En resumen, yo fui maestra  porque las condiciones económicas de mi familia así lo determinaron.... Lo que sí es cierto es que cuando niña ya andaba yo jugando con la idea de ser maestra. Tenía una maestra joven y  alegre y muy paciente y los niños la adorábamos. No sé si la influencia de la maestra también pesó en mi ánimo junto a las opiniones de mi padre.

… la educación y la cultura para ser capaces de sacar el país adelante…habrá que intentarlo todo si queremos que nuestros hijos lleguen a ser un día libres y, educados como los niños de Francia o Inglaterra...

«Ya saben hablar», me decía. «Han aprendido a expresar lo que piensan...»

“La escuela es del Estado, la paga el Estado y eso quiere decir que es de todos, los listos y los tontos, los aplicados y los vagos. Todos tienen derecho a recibir una buena educación.”

“Educar para la convivencia. Educar para adquirir conciencia de la justicia. Educar en la igualdad para que no se pierda un solo talento por falta de oportunidades...”

“El trabajo era mi medicina, mi estímulo, lo único que me conservaba firmemente asentada en la realidad.”


jueves, 17 de noviembre de 2016

Isabel Muñoz. Fotógrafa



Isabel Muñoz Vilallonga (Barcelona, 1951) Fotógrafa española.

A los veinte años, se traslada a Madrid.

En 1979 decide hacer de la fotografía su profesión matriculándose en la célebre escuela Photocentro. de Madrid y decidió convertir su afición —su otro amor es el baile— en profesión.

En aquel "lugar mágico y lleno de ilusión", como ha descrito en alguna ocasión, conoció al que considera su maestro, Ramón Mourelle.




Al poco empezó a recibir sus primeros encargos para prensa y publicidad y conoció a Tote Trenas, quien la introduce en el mundo de la fotografía para cine. Hizo la fotofija de películas como Sal gorda y Penumbra




En 1982, decidió ampliar su formación en Nueva York. Interesada por encontrar el soporte idóneo para reproducir la textura de la piel, aprendió la técnica de la impresión en platino, un método artesanal en blanco y negro con el que logra que su obra sea reconocible por un lenguaje onírico.

En 1986, regresó a Madrid, donde monta su primera exposición, Toques, en el Instituto Francés.

Desde 1990 a 2007 recorrió el mundo para plasmar el baile y la danza de lugares como Cuba, Burkina Fasso, Mali, Egipto, Turquía... "Me ha interesado mostrar lo que está detrás del movimiento, los sentimientos. Y me gusta fotografiar desnudos porque son la pureza del ser humano"





Premios:

En 1999 obtiene al premio World Press Photo (en la categoría de Arte y Entretenimiento)

En 2004 (en la categoría Retratos).

En 2009 también fue premio PHotoEspaña

En 2009 recibió la Medalla al Mérito de las Bellas Artes

En 2016 recibe el Premio Nacional de Fotografía que reconoce la obra de un autor/a español/a que haya contribuido "al enriquecimiento del patrimonio cultural de España. Isabel Muñoz lo ha recibido por la combinación en su obra "del compromiso social con la búsqueda de la belleza", ahondando en temas como el cuerpo, el rito o la diversidad cultural". También se subraya "la singularidad de su utilización de una técnica tradicional aplicada a un lenguaje contemporáneo". 




Una prosa formal ante la que Muñoz —siempre pendiente del último gadget para su oficio— ha respondido: "Mi interés ha sido siempre el ser humano. Aunque en las personas haya zonas oscuras, siempre hay una parte de luz, el ser humano no puede vivir sin esperanza".





Su obra se pueden encontrar en la Casa Europea de la Fotografía (MEP) en París, el New Museum of Contemporary Art, de Nueva York, el Contemporary Arts Museum de Houston o en colecciones privadas.





Su trabajo se ha exhibido en el festival PHotoEspaña e instituciones de todo el mundo, como el Chrysler Museum of Art (Norfolk, Virginia, EE UU), el Dansmuseet (Estocolmo), el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa (A Coruña), la Casa de América (Madrid), la Fototeca Nacional del INAH (Pachuca, México), el Canal de Isabel II (Madrid, CaixaForum (Barcelona y Madrid), el Instituto Valenciano de Arte Moderno o el Musée du Quai Branly (París), entre otros muchos.