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viernes, 6 de enero de 2017

Juana de Arco.La doncella guerrera.



Juana de Arco, también conocida como la Doncella de Orleans (Domrémy, 6 de enero de 1412 -Ruan, 30 de mayo de 1431) Heroína, militar y santa francesa.

Juana de Arco tuvo sus primeras visiones en la campiña de Domrémy siendo una adolescente. La extraordinaria epopeya de esta hija de campesinos comenzó con la aparición del arcángel Miguel, que protegía el reino de Francia, y al escuchar las voces de santa Catalina de Alejandría y de Santa Margarita, que la guiarían a lo largo de su breve vida. 

Juana de Arco podría haberse convertido en una mística, como santa Teresa de Jesús, pero estos mensajes divinos la incitaron a la acción; debía unirse al ejército del rey de Francia y recuperar los territorios ocupados por los ingleses como consecuencia de la guerra de los Cien Años (1337-1453).




Juana de Arco se limitó a cumplir la voluntad de Dios, según confesó posteriormente ante los jueces de la Inquisición que la sentenciaron. La joven doncella se desplazó a Chinon, donde se encontraba la corte de Carlos VII, y ataviada con ropas masculinas, tal y como le habían indicado las voces, convenció al delfín de que ella era la enviada para ayudarle a reconquistar Francia. 

Equipada con una armadura blanca y portando un estandarte, como ha sido representada en numerosas pinturas, se puso al frente de las tropas y obligó a los ingleses a levantar el sitio de Orleans, derrotó al general británico Talbot en Patay y, ese mismo año, Carlos VII fue coronado rey en Reims, el 17 de julio de 1429. 

Sin embargo, un año después, y tras el fracaso de la ofensiva contra París, fue hecha prisionera y entregada a los ingleses, que la acusaron de herejía y la condenaron a morir en la hoguera. Juana de Arco no se retractó, sino que reafirmó sus revelaciones.

La mañana del 30 de mayo de 1431 fue atada a una estaca y quemada viva en la plaza del Mercado Viejo de Ruán, al noroeste de Francia, y sus cenizas fueron arrojadas al río Sena. 


En 1920 fue declarada santa por el papa Benedicto XV.

Eduardo Galeano en su texto “Mujeres” nos da su versión:


Juana de Arco







No había hombre que pudiera con Juana. Ni en el arado, ni en la espada.

Al mediodía, en el silencio del huerto, escuchaba voces. Le hablaban los ángeles, los santos y también le hablaba la voz más alta del cielo, que le decía: "No hay nadie en el mundo que pueda liberar a Francia, solo tú"... y ella lo repetía, siempre citando a su fuente... "Me lo dijo Dios", decía. Y así esta pobre campesina analfabeta, nacida para cosechar hijos, encabezó un gran ejército, un inmenso ejército que a su paso crecía. Juana de Arco, doncella guerrera... virgen por mandato divino o por pánico masculino, avanzaba de batalla en batalla. Lanza en mano, cargando a caballo contra los soldados ingleses, fue invencible...hasta que fue vencida.

Los ingleses la hicieron prisionera y decidieron que los franceses se hicieran cargo de "la loca". Por Francia y por Dios fue abatida. Y los funcionarios del Rey de Francia y los funcionarios de Dios, se encargaron de mandarla a la hoguera.
Ella, rapada, encadenada, no tuvo abogado. Pero los Jueces, el fiscal, los expertos de la inquisición, los obispos, los priores, los canónigos, los notarios y los testigos, coincidieron todos sin excepción con la Docta Universidad de la Sorbona, que ya por entonces tenía un prestigio muy bien ganado.

La Universidad de la Sorbona dictaminó que Juana, Juana de Arco, la acusada, era: cismática, apóstata, mentirosa, adivinadora, sospechosa de herejía, errante en la fe y blasfemadora de Dios y de los Santos.

Tenía 19 años cuando la ataron a un palo en la plaza del Mercado de Rouen (Ruán)... y el verdugo encendió la leña.
Después pasó el tiempo y su patria y la iglesia, que la habían asado viva, la convirtieron en Heroína y Santa, Símbolo de Francia y emblema de la Cristiandad.


Fuentes: Wikipedia, www.nationalgeographic.com. y “Mujeres” Eduardo Galeano






sábado, 19 de noviembre de 2016

Lakshmi Bai.Reina india, luchadora contra el Imperio Colonial Británico






Lakshmi Bai (19 de noviembre de 1828-17 o 18 de junio de 1858). Reina, luchadora contra el imperio colonial británico y viuda india que rompiendo con la tradición ancestral no se inmoló en la ceremonia Satí, por todas estas cosas es considerada un símbolo en la India

Conocida como la raní de Jhansi, tras su matrimonio con el maharajá Gangadhar Rao en 1842, fue reina del estado indio de Jhansi, del antiguo Imperio maratha (1674-1818), en el centro-norte de India.


La raní Lakshmibai fue una de las figuras más destacadas de la Rebelión en la India de 1857 y de la resistencia al Raj británico.





En 1853, al fallecer el rajá Gangadhar Rao, la raní asumió la regencia de su hijo adoptivo, Damodar Rao.

Sin embargo, la posterior anexión del estado de Jahnsi por el Raj británico, junto con la rebelión de los cipayos al servicio de la Compañía Británica de las Indias Orientales, la llevó a proclamar, el 14 de febrero de 1858, la lucha conjunta de todos los hindúes y musulmanes contra los británicos.

Tras dos días de combate en la ciudadela y con todo ya perdido Rani se ató su hijo a la espalda y, con un sable en cada mano y rodeada de un puñado de rebeldes, consiguieron salir del palacio y llegar luchando hasta el fuerte. Tras la captura de la fortaleza de Jhansi por las fuerzas británicas, la raní pudo escapar hacia la fortaleza de Gwalior y aunque tras su asedio y captura por los británicos logró escapar de nuevo, gravemente herida, murió en el posterior enfrentamiento con sus perseguidores.


Fortaleza de Jhansi


Allí tuvo lugar el último capítulo de la historia de Lakshmi Bai cuando, dirigiendo las tropas rebeldes en medio de un ataque inglés, recibió un disparo.

La ciudad cayó tres días después.

Sir Hugh Rose —el futuro comandante en jefe del Ejército Indio Británico— la consideraba la «mejor y más valiente de los líderes rebeldes».



 




La reina de Jhansi  no solo es recordada por su bravura, también es una de las mujeres más queridas entre las mujeres de la India por su valor en romper las reglas estrictas de un país con ritos tan ancestrales como quemar viva a la esposa cuando el marido fallecía, ( ceremonia del Satí). Esta determinación convirtió a Lakshmi Bai en todo un símbolo.

                                Ceremonia Satí








martes, 1 de marzo de 2016

Las Onna-bugeisha o Mujeres Samurai



Onna-bugeisha Onna-bugeisha (女武芸者, 'Onna-bugeisha' mujer samurái), es un reducido grupo de esposas, hijas y hermanas de samuráis que desarrollaron actividades bélicas en el Japón feudal. 





Miembros de la clase bushi (samurái) fueron entrenadas en el uso de armas para proteger su casa, familia y honor en tiempos de guerra.




A pesar de su escaso número representan una importante e icónica presencia en el antiguo Japón. La Emperatriz Jingu, Tomoe Gozen, Nakano Takeko y Hojo Masako son los exponentes más característicos de este grupo.





Mucho antes de la aparición de la famosa clase samurai, las luchadoras japonesas eran intensamente entrenadas para manejar una espada y una lanza. Las mujeres aprendieron a utilizar naginata, kaiken, y el arte de Tanto Jutsu en la batalla.



A diferencia de la katana, usada universalmente por sus equivalentes samurai masculinos, las onna bugeisha empleaban como arma más habitual la naginata, una variedad de lanza de hoja curva de gran versatilidad. 



La preferían sobre todo por su longitud, que permitía compensar la mayor fuerza y tamaño corporal de oponentes masculinos manteniéndolos a distancia. Además, de forma similar al yari, la naginata es muy efectiva en pelea mano a mano y relativamente eficiente contra la caballería.
 



A través de su uso por muchas mujeres samurai legendarias, la naginata se ha convertido en uno de los símbolos icónicos de la mujer guerrera. Durante el Periodo Edo, muchas de las escuelas centradas en el uso de la naginata fueron creadas y mantenidas por mujeres.



Además de la naginata, las onna bugeishas empleaban también armas a distancia como el arco y las flechas, ya que las ventajas masculinas tradicionales como la fuerza física cuentan mucho menos en el combate a distancia.
 



Dicha formación aseguró la protección de las comunidades que carecían de combatientes masculinos.





Una de estas mujeres, más tarde conocida como la emperatriz Jingu (169-269), usó sus habilidades para povocar cambios económicos y sociales. Fue legendariamente reconocida como la onna bugeisha que dirigió una invasión de Corea en 200 dC, después de que su marido Chuai, el decimocuarto emperador de Japón, muriera en la batalla.




De acuerdo con la leyenda, condujo la milagrosa conquista japonesa de Corea sin derramar una gota de sangre. A pesar de las controversias que rodean su existencia y sus logros, fue un ejemplo para todas las onna bugeisha




También fueron famosas Chiyome Mochizuki y  Kunoichi

Texto:Wikipedia

Imágenes: vintage news