martes, 27 de marzo de 2012

Alexandra Kollontai





Alexandra  Kollontai (San Petersburgo, 1872. - Moscú, 1952) Comunista, revolucionaria y feminista rusa, defensora de los derechos de la mujer.

Participó en los acontecimientos revolucionarios de su país. Se opuso activamente a la Primera Guerra Mundial por sus motivaciones imperialistas, haciendo campaña contra la guerra.
 
Alexandra de niña

Tras la Revolución de Octubre, Alexandra Kollontai fue elegida Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública, trabajando para conseguir los derechos y libertades de las mujeres, modificando aspectos de las leyes que hacían a la mujer una subordinada del hombre, le negaban derecho al voto y la hacían ganar menos salario y trabajar en peores condiciones que los hombres.



En 1918 fue una de las organizadoras del Primer Congreso de Mujeres Trabajadoras de toda Rusia. De este congreso nació el Zhenotdel, un organismo dedicado a promover la participación de las mujeres en la vida pública, y en proyectos sociales, y de manera muy especial la lucha contra el analfabetismo.

La contribución teórica más original de Kollontai, y que iba a suscitar un amplio debate en la historia de la emancipación femenina, incluso fuera de Europa, tiene que ver con la idea de la libertad sexual. En la línea tradicional de Marx y Engels, la de Orígenes de la familia, Kollontai afirmaba que en la sociedad comunista, la igualdad, el reconocimiento recíproco de los derechos y la comprensión fraternal debían constituirse en principios rectores de las relaciones entre hombres y mujeres. Sostuvo, pues, el derecho de la mujer a una total paridad con el hombre en la vida social, familiar y sexual. 




Alexandra Kollontai fue una de las  defensoras del Amor Libre. Según su análisis, el amor ha surgido del instinto biológico de la reproducción, pero a través de milenios de vida social y cultural se ha espiritualizado para convertirse en un complejo estado emocional, así, el amor se puede presentar bajo la forma de pasión, de amistad, de ternura maternal, de inclinación amorosa, de comunidad de ideas, de piedad, de admiración, de costumbre y cuantas maneras imaginemos.

Hasta el punto de que “no parece fácil que una sola persona pueda satisfacer la rica y multiforme capacidad de amar que late en cada ser humano”. Alexandra invitaba a las mujeres a consumir la sexualidad como un vaso de agua, quebrando así con las viejas relaciones sexuales que eternizaban la opresión de la mujer.

Todo tipo de unión por amor era válido, a excepción del que podía poner en peligro la salud y la prostitución.

Criticaba el derecho de propiedad no sólo sobre el cuerpo, sino también acerca del alma del compañero, la costumbre de “dominar” al ser amado o bien de hacerse su esclavo”. Alexandra defiende la unión libre entre dos personas.

Esta unión se debe basar en el mutuo respeto a la individualidad y la libertad del otro y por tanto rechaza  la subordinación de la mujer dentro de la pareja y  la hipocresía de la doble moral. Para ella los seres humanos viven aislados en una sociedad donde las opciones de una vida libre para las mujeres son tan limitadas que  la soledad moral en la que viven hace que éstas se  aferren con enfermizo apego al hombre. 



Kollontai  propone una sociedad basada en la solidaridad, el compañerismo y la igualdad de sexos, donde una Mujer Nueva inicie una auténtica revolución sexual donde no se acepte la subordinación a los valores, deseos, conceptos y hábitos de los varones que siguen dominados por una cultura patriarcal que ha fomentado durante siglos hábitos de autosatisfacción y egoísmo, y entre estos, el de someter el “yo” de la mujer.


La Revolución consiguió poner las bases para igualdad real entre hombres y mujeres, liberalizando las relaciones familiares y las relaciones sexuales. Se aprobó el divorcio y el derecho al aborto, y se otorgaba a las mujeres beneficios sociales en forma de salarios de maternidad, guarderías y hogares para los niños. Así mismo se desarrollaron campañas de información para dar a conocer a las mujeres sus nuevos derechos


El conjunto de su obra, sus numerosos artículos y discursos, con su lucidez y coherencia, representa aún hoy en día un manifiesto original para una historia de la liberación femenina. Entre sus trabajos destacan: La mujer ante el desarrollo social (1909); Sociedad y maternidad, de 1916; La nueva moral y la clase obrera, de 1918; y Autobiografía de una comunista sexualmente emancipada (1926).

Sin embargo todo este esfuerzo, que  gracias a mujeres como Alexandra Kollontai, consiguió poner las bases para el surgimiento de la mujer nueva en toda Rusia fue malogrado cuando llegó al poder Stalin.



9 comentarios:

  1. Stalin fue el máximo peligro para su país,qué pena no le hubiera dado un infarto antes de acceder al poder

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    1. Una pena,Alice que no se hubiera muerto antes.La cantidad de sufrimiento que provocó en su propio pueblo ese hombre solo el diablo lo sabe

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  2. Intentó hacer una revolución sexual en su país pero no la dejaron

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    1. Demasiado adelantada para su tiempo,F.M

      como la mayoría de la gente que merece la pena

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  3. "Se aprobó el divorcio y el derecho al aborto",..un siglo más tarde estamos dando vueltas a las mismas cosas,tiempo al tiempo.A no ser que luchemos con uñas y dientes ,como nos dejemos "nos vuelven" a las cavernas

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    1. Ese peligro existe,Tres.

      Ni un paso atrás en los derechos conquistados,ese debería ser nuestro lema.Cueste lo que cueste

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  4. La revolución que falta es la feminista, sin ella no hay socialismo que valga.

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    1. El Comunismo es la revolución más liberadora que puede existir. Las mujeres serán liberadas por el comunismo, como se demostró en la URSS y China. A pesar de los errores cometidos principalmente en el primer caso.

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    2. pilar,¡¡¡ completamente de acuerdo!!!


      Anónimo hasta ahora ha salido bastante mal...Ni en la URSS ni en China las mujeres están liberadas, aunque al principio se intentó...

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