Mostrando entradas con la etiqueta Mujer y Sociología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mujer y Sociología. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de enero de 2017

Beatrice Webb.Una de las Pensadoras más influyentes de la Historia Contemporánea.



Beatrice Webb (Gloucester,  22 de enero de 1858-30 de abril de 1943). Socióloga y reformadora social inglesa. Abarcó la historia económica, la metodología de las ciencias sociales, el análisis de las instituciones políticas, el estudio crítico de las teorías económicas, la reforma legal práctica, y la investigación sociológica aplicada. Actualmente, Webb es considerada una de las madres de la sociología así como una de las pensadoras más influyentes de la historia contemporánea. Es seguramente la economista que mayor influencia práctica ha ejercido


Los estudios de Webb se centran, principalmente, en la economía política y en la sociología del trabajo: cooperativismo, derechos laborales, sindicalismo, etc. Webb fue una de las primeras en incorporar la observación diaria en sus métodos de análisis, práctica aprendida de H. Spencer, autor que le marcaría profundamente


Beatrice Webb fundó, entre otros, la London School of Economics, uno de los centros de pensamiento más importantes del mundo; además estuvo vinculada muy estrechamente a la Sociedad Fabiana y el Laborismo inglés. Contribuyó decisivamente a un incipiente estado de bienestar con sus propuestas. 



Beatrice Webb era hija de un rico empresario de Liverpool, por lo que vivió siempre en la abundancia económica. Sin embargo desde muy joven tuvo inquietudes intelectuales y se mostró interesada por todo lo relacionado con las ideas socialistas y todo aquello que sirviera para acabar con la miseria y explotación laboral indiscriminada que era característica en la revolución industrial.


Beatrice tuvo siempre un carácter muy inquieto e independiente, y realizó actividades diversas.

El trabajo durante un tiempo en las empresas de su padre le sirvió para conocer el mundo de los negocios, lo que le permitiría cuestionar el funcionamiento de éstos y entender mejor el origen de la explotación.

También en ocasiones se hizo pasar por una trabajadora manual para así entender mejor el funcionamiento de la economía industrial.

En Londres trabajó con su primo, Charles Booth, un reformador social con el que investigó las condiciones de la clase trabajadora en esta ciudad, especialmente en los muelles de East End y en los talleres textiles.

Beatrice aprendió a combinar adecuadamente la observación personal con el método estadístico en el análisis de la realidad.






Se interesó por el cooperativismo y en 1891 publicó un libro titulado "El movimiento cooperativo en Gran Bretaña".

También se ocupó de la economía política, pero apartándose de las ideas de Karl Marx, ya que ella no aceptaba la teoría del valor trabajo.

En 1890 conoció a Sidney Webb, un político  intelectual socialista con el que se casó en 1892, y se convirtieron en uno de los matrimonios más influyentes de la sociedad londinense por su activismo político y su reformismo social.

El domicilio londinense de los Webb se convirtió en un salón donde se reunían simpatizantes del ideario socialista.

La vida de Sidney y Beatrice estaría muy ligada a la Sociedad Fabiana, de la que fueron destacados dirigentes durante toda su vida. Los Fabianos eran socialistas que creían en que el socialismo no llegaría por una revolución sino por una evolución en la que poco a poco el Estado tendría cada vez mayor papel en la economía, para así evitar los abusos de los capitalistas burgueses.

Es un socialismo no marxista, pero que también apuesta por la propiedad colectiva de los medios de producción como forma de evitar la explotación y los abusos del mercado.

La Sociedad Fabiana, con los Webb a la cabeza, participó activamente en la constitución del Partido Laborista Británico, creado en 1906 y que rápidamente se convirtió en una fuerza muy poderosa.

Ambos compaginaban su actividad política con su actividad intelectual.






En 1932,  tras una visita a la Unión Soviética, los Webb dan un giro importante, al darse cuenta del éxito soviético a la hora de mejorar los servicios sanitarios y los niveles educativos, además de haber conseguido la igualdad entre los sexos.

Se les considera una de las mayores influencias en el posterior surgimiento del Estado del Bienestar en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, plasmado en el famoso Informe Beveridge, de 1945.





Obras:
En su obra destaca “Movimiento Cooperativo en Gran Bretaña” (1891), “Mi aprendizaje”, “Nuestra Asociación”, "El trabajo y el nuevo orden social" (1918), “Los salarios de los hombres y las mujeres: ¿Deben ser iguales?” (1919),  " o "Constitución para el Estado Socialista de Gran Bretaña" (1920).

Junto a su marido escribió, “La historia del sindicalismo” (1894), dedicado al origen y crecimiento de los sindicatos desde el siglo XVII hasta el presente, o “Democracia Industrial” (1897), el más importante que realizaron y uno de los libros clave para entender la evolución del socialismo no marxista en Inglaterra. En él se apostaba por un papel protagónico de los sindicatos en la negociación colectiva, y además introducía la idea de un Mínimo Nacional por ley y para todos los ciudadanos que incluyese aspectos como educación, sanidad, ocio e ingreso salarial.

Entre 1906 y 1929 los esposos Webb fueron publicando tomos de una obra monumental titulada "El Gobierno Local Inglés"

En 1921 publicó también  con su marido "El movimiento cooperativo de consumidores", y en 1923 otro libro de gran impacto, "La decadencia de la civilización capitalista".

Sus últimas obras "Comunismo soviético: ¿una nueva civilización?" (1935) y "La verdad sobre la Unión Soviética" (1942) muestran la gran admiración que sentían los Webb ante los logros soviéticos.

Además Beatrice Webb fue escribiendo unos diarios a lo largo de su vida que también han sido publicados.


Más información:
La contribución de los Webb a la sociología: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=803347


Beatrice Webb


viernes, 2 de octubre de 2015

Las Mujeres Inteligentes No Se Casan



Al parecer, la soltería no tiene que ver con no creer en el amor y es simplemente una cuestión de inteligencia, según reveló un estudio publicado por el Sunday Times, realizado en la Universidad de Nottingham, Inglaterra, donde se estudió a un grupo de 900 mujeres y hombres durante 40 años, concluyendo que las mujeres tienen un 40 por ciento menos de probabilidad de casarse si  tienen éxito laboralmente y han cursado una licenciatura o postgrado.

En caso inverso, se descubrió que los hombres, mientras mayor coeficiente intelectual y estudios tienen, aumenta en un 35 por ciento la probabilidad de que se casen y busquen a la mujer ideal para ser la madre de sus hijos, una mujer que se quede en casa mientras ellos salen a trabajar.  Por lo general, se casan con una mujer de menor coeficiente intelectual, lo que descalifica a una enorme cantidad de mujeres que no están dispuestas a conformarse con las labores domésticas y por lo tanto no son el tipo de mujer que la mayoría de los hombres buscan por no encajar en el estigma de la esposa ideal.




Pero el aumento de las mujeres solteras no es sólo cuestión del coeficiente intelectual, pues el psicólogo y profesor de la Universidad de Nottingham asegura que todos buscamos relaciones amorosas gratificantes. El dilema de las mujeres actuales se identifica más con la búsqueda de una pareja que les apoye a alcanzar sus metas personales sin sacrificar su vida amorosa. Al tener un alto grado de estudios, aumentan también las expectativas en cuestiones románticas y las mujeres se embarcan en la búsqueda de un hombre que represente para ellas un reto, con quien se pueda llevar a cabo una conversación madura y de acuerdo al nivel intelectual de ambos. La fertilidad y el reloj biológico ya no son la mayor preocupación de las mujeres, gracias a los avances tecnológicos y a causa de la búsqueda de un nivel superior de estudios, tienden a postergar más el matrimonio y continuar con sus estudios más años, cursando maestrías y doctorados.No es ningún secreto en la cultura tradicional la idea de que una mujer solía casarse por seguridad financiera y económica, pero en la actualidad una mujer con mayor preparación y estudios es capaz de mantenerse por sí misma y alcanzar la independencia es parte de la autorrealización de las mujeres post- feministas que ya no ven el matrimonio como una meta en su vida. Los horizontes se han ampliado y ya no se casan a edades prematuras, actualmente el 53 por ciento de las mujeres mayores de dieciocho años están solteras, disfrutando la posibilidad de elegir y construir una vida por sí mismas sin permitir que alguien más decida por ellas, siendo las únicas dueñas de su vida sin rendirle cuentas a una pareja formal.







Tampoco son un mito las discusiones maritales en las parejas donde la mujer gana más que el hombre, por lo que aprovechar las oportunidades ambiciosas y profesionales puede verse como una  dificultad al tener un esposo que no comparta los mismos planes de vida; es difícil encontrar un hombre que esté en sintonía con los objetivos que la mujer se plantea a sí misma. Tan sólo durante la década pasada, en América Latina la cifra de mujeres trabajadoras aumentó entre un 35 y un 50 por ciento, y las mujeres sin compromisos amorosos son quienes se dedican más a las cuestiones laborales.


Las mujeres “voluntariamente solteras” se encuentran más preocupadas por hallar un trabajo bien pagado que por tener citas, y es un hecho que las mujeres activas en el mundo laboral le dedican menor tiempo a sus relaciones amorosas.

La presión empresarial también es un factor decisivo para descartar la idea del matrimonio, pues las empresas prefieren contratar personas solteras, no embarazadas, y de preferencia sin hijos. Esos datos impactan directamente en la mentalidad de las mujeres que aspiran a ser competitivas en el mundo laboral. No se trata de un individualismo, el problema radica en que las mujeres ansían encontrar un hombre dispuesto a compartir las tareas domésticas, e incluso a que sea él quien sacrifique sus metas por quedarse en casa con sus hijos. No aceptaran el matrimonio a cualquier precio, considerando además el incremento reciente del número de divorcios.
Actualmente nos encontramos ante una generación de mujeres en espera del hombre perfecto, pero que se detiene a pensar muchas veces en todas las consecuencias y posibles conflictos de casarse, ya no se dirigirán al altar por las mismas razones que sus madres o abuelas. Pueden convivir muchos años con una pareja y no casarse porque los planes han cambiado, se valoran a sí mismas y esperan un hombre que las merezca y se valore de la misma manera, si ese hombre no aparece, prefieren esperar que casarse con alguien que no las complace del todo.

Texto:Natalia Lomelí
Imágenes: Remedios Mágicos

domingo, 10 de mayo de 2015

La Bicicleta para las Mujeres fue" un corcel con el que poder cabalgar hacia la libertad".



La Inglaterra victoriana, era una sociedad en la que las mujeres carecían del derecho de sufragio y del derecho a litigar en un juicio. No podían poseer bienes propios. Las mujeres pasaban  al casarse a ser propiedad de sus maridos. A partir de ese momento, las mujeres casadas estaban  sometidas sexualmente  al deseo de los hombres con los que se habían casado,  sin que ellas pudieran rechazarlos. Su vida se reducía a cuidar de la casa, de los hijos y del marido.



Pero para algunas una máquina insignificante a la que muchos llamaron 'máquina del diablo' se convertiría en “la máquina de la libertad”: La bicicleta

En la década de 1890 la bicicleta comenzó a fabricarse en forma masiva y occidente vivió el primer gran auge global de ciclismo urbano. Según publicaba la revista Munsey “Para los hombres, la bicicleta en sus comienzos era un mero juguete, pero para las mujeres, se traba de un corcel con el que poder cabalgar hacia un nuevo mundo”. Las mujeres jóvenes y más osadas, aventureras y atrevidas, vieron en la bici un símbolo de independencia y libertad.






Tanta independencia y libertad les dio a las mujeres la bicicleta que la feminista y líder del movimiento estadounidense de los derechos civiles Susan B. Anthoy describió en una entrevista de 1896 para el New York World que la bicicleta había hecho por la emancipación de la mujer más que ninguna otra cosa en el mundo.



Y ¿por qué fue tan importante la Bicicleta para las Mujeres? Porque:

La bicicleta  supuso una “Revolución” sobre el estereotipo femenino, ya que a  las mujeres se las consideraba incapaces para el ejercicio físico.


La bicicleta les dio una mayor y más rápida movilidad sin tener que depender de un hombre. Las mujeres pudieron abandonar sus casas, sus barrios y aventurarse a otros espacios y descubrir que había vida fuera de las cuatro paredes de la casa. Gracias a esa “máquina infernal” consiguieron una independencia inesperada.






La bicicleta las ayudó, entre otras cosas, a cambiar de indumentaria. Las mujeres estaban constreñidas física y psicológicamente bajo  los corsés y las enaguas. La bicicleta  provocó la necesidad de usar vestimentas cómodas. Las mujeres abandonaron  el corsé y las largas faldas, para adoptar otras nuevas, como un práctico pantalón-pollera que rompió completamente con lo que era esperado de la vestimenta femenina de la época.  Los bombachos, las medias de lana y los zapatos de encargo fueron una liberación  para ellas.



La bicicleta hizo que las mujeres fueran  vestidas casi como ellos, con pantalones y el cambio de indumentaria cambió  el concepto de “feminidad”.

La bicicleta consiguió que se desafiara a la moral de una época que hasta ideó 'sillines higiénicos' duros y sin apenas relleno para que no hubiera estimulación sexual alguna con el traqueteo.

La bicicleta trajo aparejado el  debate moral que cuestionó por completo el rol de las mujeres en la sociedad, sobre todo en las ciudades. Las mujeres empezaron a verse a sí mismas más libres, más independientes. Las  vanguardistas que pertenecían a la clase media empezaron a introducirse en el mundo laboral. Poco a poco, este ejército de 'ciclistas' independientes y luchadoras logró dejar atrás los días en que los hombres eran la exclusiva mano de obra en el comercio y las profesiones liberales.

La bicicleta está ligada al movimiento de lucha por los derechos igualitarios entre hombres y mujeres.

La bicicleta transformó fuertemente la vida social, y se evidenció  fuertemente en la vida de las mujeres en los valores universales y en las costumbres. La bicicleta hizo posible el nacimiento de  la “Nueva Mujer”. Una mujer que dejó atrás los vestidos y comportamientos paralizantes del pasado. Y emprendió  el camino de libertad e igualdad de derechos con los hombres






En este contexto F. J. Erskine escribió en 1897  'Damas en bicicleta' una guía de comportamiento para las damas que quieran montar en bicicleta sin perder la compostura. Con el significativo subtítulo de "Cómo vestir y normas de comportamiento". Erskine, da consejos desde la indumentaria, "utilizar ropa interior de lana apropiada, evitar pasear en bicicleta por las calles abarrotadas de la ciudad, comprar un buen freno de mano y utilizarlo hasta del mantenimiento de la bicicleta", pasando por consejos para viajar al extranjero, cómo subir montañas o los aspectos sociales del ciclismo. Nos dice”: El éxito ciclista está asegurado si se toma un desayuno temprano y moderado, se viste "una falda de singular corte y confección, ingeniosamente preparada para que cuelgue vistosa y ampliamente a los lados del sillín" y se lleva encima una loción de ácido bórico con la que calmar las picaduras de bichos rastreros o voladores. Y por si la dama de la bicicleta tiene sed en algún momento de su excursión, lo mejor es "llevarse una discreta petaca con vino y agua de modo que podamos pasar el día con tranquilidad y sin depender de nadie". Y añade para justificar la pasión por la bicicleta:"Si ellas trabajan, y a fe que lo hacen ya miles de mujeres en nuestro país, es justo que tengan las mismas oportunidades que los hombres de disfrutar de un poco de aire".



domingo, 3 de mayo de 2015

Sobre “Madres Amantísimas” y otras Falacias.


Destinadas “por naturaleza” a la maternidad, las mujeres han sido definidas históricamente en el “ser-para-otros”, frente al “ser-para-sí” característico del varón. A esto se añade la influencia de ese modelo sublimado de la madre que encarna la Virgen María. Desde el siglo XII, la tradición cristiana ha idolatrado la relación madre-hijo como una relación basada en el amor incondicional. Y no solo es un paradigma cristiano. En la Antigüedad existen varios ejemplos donde se resalta el valor de la abnegación del amor maternal, como en el juicio de Salomón y las dos madres que reclaman a un mismo hijo. 



La historia de Démeter y Perséfone que nos ofrece la mitología griega, tal vez sea la única que subvierte el orden claramente patriarcal en el que se basa esta mitología y nos cuenta otro modo de relación y de amor entre madre e hija, no muy frecuente, pues parece que el amor hacia los varones, es  decir, el edípico  es el  normal. 










Pero aparecen las madres malas. En la mitología, Medea es el ejemplo más sobresaliente de la madre mala. Una mujer que es capaz de matar a sus hijos como venganza contra el hombre que la abandona. Aunque, la historia está llena de “Medeos “que lo hacen con frecuencia y nadie se rasga las vestiduras. ¿Alguien le pide a los hombres que como padres posean valores como “la dedicación, el desvelo, el amor incondicional y  el sacrificio"?.No. Eso es cosa para las madres cuya  “maternidad” ha sido una construcción social edificada a lo largo de los siglos.







Agripina  es un ejemplo real de mala madre. Cuando a los 16 años Nerón fue nombrado emperador, utilizó a su hijo, con el que se dice que mantenía relaciones sexuales, para gobernar Roma.













Los ejemplos de las madres que se han bajado del pedestal de “madres amantísimas” que las constreñía como personas, es larga. Y generalmente lo sabemos por sus hijas que directamente o indirectamente nos lo han contado. Virginia Wolf en sus “Diarios” nos confiesa que nunca estuvo a solas con su madre y que nunca recibió por parte de ella muestras de cariño. 










También la madre es un personaje ineludible, en la vida de Marguerite Duras. El desamor maternal marcó toda su vida e hizo de ella un personaje controvertido. Es asombrosa y espeluznante la pasividad de la madre con respecto a la prostitución de la niña Marguerite  para salvar al hermano mayor  de sus deudas de juego. Quizá lo que  nos sacude, es el amor desmesurado de esa madre por su hijo y el desprecio absoluto por el de su hija.


La escritora Jeanette Winterson también nos ha retratado la relación con “sus madres”. Su madre adoptiva era tiránica, extravagante, depresiva y estaba obsesionada con el Apocalipsis. Guardaba un revólver en un cajón de trapos, cocinaba tartas cada noche para eludir el sexo conyugal y tenía dos dentaduras —una mate y otra perlada— que intercambiaba según las ocasiones. Una madre que la expulsó de casa cuando se enteró que Jeannette tenía una relación lésbica. Pero a la que a pesar de todo amaba, pues cuando conoció a  Ann, su madre biológica se sorprende detestando que critique a la señora Winterson. “Era un monstruo”, reconoce Jeannette, “pero era mi monstruo”.





También sabemos de estas “malas madres”por ellas mismas, como en el caso de Gala Dalí. La relación de Gala con su hija  Cécile era bien conocida por todos. Gala no sentía ningún afecto por su hija, nunca se ocupó de ella, ni tan siquiera se dignó a abrir la puerta cuando, en sus últimos días, Cécile se acercó a Púbol. Y son conocidas las palabras de Gala:”No me llames madre, llámame puta, llámame lo que quieras, pero no me llames madre”.






Resistir a la presión social de ser una madre perfecta es una tarea ardua. En la actualidad, las malas madres son la reacción a lo que se ha dado en llamar el New Momism, una corriente que algunos enmarcan en el posfeminismo y que describe la maternidad como “la cosa más importante que puede hacer una mujer”. Las defensoras del New Momism tienen un “ideal altamente romántico de la maternidad y aseguran que “el cerebro de la madre es genial y superior”, una tesis que defiende la periodista Katherine Ellison en su libro “La inteligencia Maternal. Cómo la maternidad nos hace más inteligentes”.Sin embargo, la blogosfera anglosajona lleva varios años llena de malas madres. El blog Her Bad Mother. El libro Scary Mommy con su “mirada honesta y de conmiseración” hacia la maternidad fue número uno en la lista de libros más vendidos de The New York Times. También se puede citar  como ejemplos exitosos, “El diario de la Madre Ninja” y “Maternidad sin censura”. En España la respuesta es más tímida pero  existe también el  “Club de Malas Madres”.  Todos estos movimientos en contra de la obligación de ser una madre perfecta, abrazan el siguiente mantra: “Nunca habrás tenido un jefe más desconsiderado que tu hijo”.



domingo, 26 de abril de 2015

"No quiero".El matrimonio como un sistema fundamentalmente laboral




Para Silvia Federici el matrimonio es un sistema fundamentalmente laboral, "es el medio por el cual el capitalismo hace trabajar a las mujeres para que reproduzcan su fuerza de trabajo obrero. El salario es la medida para conformar la familia, porque es ahí donde se obliga a las mujeres a reproducir trabajadores". "Yo creo que cuando se ve esto se comprende por qué se puede hablar de un patriarcado del salario, porque el salario toma el trabajo de la mujer y también la controla a ella". 


Todo esto se hace invisible por lo que se llama amor. El capitalismo también se ha apropiado y ha manipulado la búsqueda de amor, de afectividad y de solidaridad entre todos los seres humanos; lo han deformado, usándolo como una medida para extraer trabajo no pagado. Por eso, según  Silvia Federici “Eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”. “Por amor se limpia y se cocina, todo se hace por amor. Confunden amor con un servicio personal. 






El "amor" es un sistema que obligaba a muchas mujeres que no tenían posibilidades de supervivencia a casarse. El matrimonio era para ellas como conseguir un empleo. Casarse significa obedecer, hacer trabajos domésticos. El hombre las va a mantener. Les  va a dar una posición social. Pero en el matrimonio un hombre puede golpear. En el matrimonio se presume que el hombre  compra el cuerpo de la mujer  que siempre tiene que estar a su disposición. 

Para Silvia Federici hay que hacer una revisión del amor romántico. “La causa de tanta pena de las mujeres y su sentido de valor depende de si estas o no casada, si un hombre te quiere o no te quiere. Yo he visto muchas veces, que aunque a un hombre no lo aman tanto, cuando acaban las relaciones, las mujeres se sienten desvalorizadas y con penas”.

"Es importante comprender- añade- que el conflicto que se produce en el trabajo asalariado y el trabajo no asalariado, crea una jerarquía laboral y se crea una naturalización de la explotación de la mujer. Por eso creen que el trabajo doméstico pertenece a la naturaleza de la mujer y contra eso es lo que hay que luchar. A veces se piensa que si se lucha contra el trabajo doméstico se es una mala mujer, que no ama a su marido, etcétera. Y no se trata de eso, el trabajo doméstico es un sistema de explotación que usa el amor. Usa las relaciones entre hombres y mujeres".(*)


(*)Resumen de una entrevista hecha a Silvia Federici por Gladys Tzul Tzul “Lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”





domingo, 19 de abril de 2015

Mujeres que leen





El conocimiento es poder.  Por eso se les prohibió durante años la lectura a las mujeres. Muchos hombres veían  peligrar su dominio cuando  las mujeres pudieron acceder a los libros. En 1523, el humanista español Juan Luis Vives aconsejaba a los padres y maridos que no permitieran a sus hijas y esposas leer libremente. "Las mujeres no deben seguir su propio juicio", escribe, "dado que tienen tan poco.". Jean-Jacques Rousseau  sostiene que la mujer no necesita educación racional ya que según argumenta en “Emilio” (1762)  la mujer debería ser educada para el placer.




 En 1799 el arqueólogo y filólogo kantiano, el suizo Johann Adam Bergk, declara que la lectura femenina representaba “un despilfarro insensato, un temor insuperable a cualquier esfuerzo, una propensión ilimitada al lujo...”  Esto dicho por “humanistas “nos permite adivinar cuál sería la opinión de los que no lo eran. 




A las mujeres siempre se las intento  controlar  y  mantener analfabetas para que siguieran siendo sumisas.

Sin embargo, las mujeres encontraron muy pronto en la lectura una manera de romper los estrechos límites de su mundo. La puerta abierta al conocimiento,la imaginación, el acceso a otro mundo, un mundo de libertad e independencia que les ha permitido desarrollarse y adoptar, poco a poco, nuevos roles en la sociedad.












 Laure Adler, escritora francesa especialista en la historia de las mujeres y del feminismo, sostiene que existe un nexo especial entre la mujer y el libro. "Los libros", escribe, "no son para las mujeres un objeto como otro cualquiera. Desde los albores del cristianismo hasta hoy circula entre ellos y nosotras una corriente cálida, una afinidad secreta, una relación extraña y singular, entretejida de prohibiciones, de aprobaciones de reincorporaciones." 


Y añade:” El libro puede llegar a ser más importante que la vida. El libro enseña a las mujeres que la verdadera vida no es aquella que les hacen vivir. La verdadera vida está fuera, en ese espacio imaginario que media entre las palabras que leen y el efecto que éstas producen. La lectora se identifica totalmente con los personajes de ficción y no se resignan a cerrar el libro sin que algo haya cambiado en su propia vida. El libro se convierte en iniciación."








 A través de las imágenes que diversos artistas nos han dejado  podemos hacer un  recorrido por la historia de la mujer y el libro. Nos permiten contemplar la evolución femenina frente a la alfabetización, a la lectura, al libro y a su cultura literaria Las imágenes de mujeres leyendo  datan del siglo XIII y en ellas se puede observar cómo a partir de un momento dado las vírgenes bizantinas con canastillas empiezan a tener en Occidente otra composición y algunas cambian las cestillas por libros. Una época en la que se consideraba que la educación para la mujer era perjudicial cuadros de santas, celestinas, vírgenes o doncellas empiezan a estar acompañadas por un libro o leen algo

 Entre estas imágenes de vírgenes cabe destacar “La Anunciación” de Simone Martín,(1333) donde se puede ver a María, sorprendida por el ángel en plena lectura. Mantiene abierto el libro con el pulgar para no perder el pasaje en que estaba sumergida en el momento de la llegada del ángel que interrumpió su lectura. Si bien la lectura ha sido interrumpida, el detalle revela, al menos, una contradicción ejemplificada en ese dedo pulgar abierto, ya que la Virgen conserva su serenidad y no ha perdido el pasaje que estaba leyendo





Pero es en el Renacimiento cuando se empieza a humanizar a las mujeres con un reconocimiento sobre su capacidad intelectual. Tiene que ver con su acceso a la cultura de los libros sagrados. Y es lo que dice Erasmo cuando defiende la educación sin sexo, y señala "que pueden leer hasta mujeres y putas". 







Por los mismos años de estas teorías eramistas, santa Teresa de Jesús pide que las monjas que entren a su comunidad sepan leer.



En la imagen Retrato de una dama (1530-1535), de Foschi ,en la que se puede ver a una mujer con un libro en las manos




En el siglo XVII  podemos ver el cuadro “Santa Marina”, de Zurbarán. Aunque es decapitada en el siglo II, el pintor extremeño habría realizado el cuadro entre 1641 y 1658 como si fuera una campesina del XVII y con un libro en las manos. "¿Una mártir del siglo II que lee? ¿O una campesina del siglo XVII que lee? El libro es, sin duda, un devocionario o de contenido religioso, el único libro al que durante mucho tiempo ha tenido acceso la mujer.









 El furor por la lectura que se despertó en el género femenino a partir del siglo XVIII, fue visto como una amenaza social y una prueba de la decadencia de las costumbres de la época. Gracias a su acceso a la lectura, las mujeres adquirieron nuevos conocimientos que les permitieron alcanzar un cierto nivel de independencia y capacidad para pensar por sí mismas.




Otro cambio importante en la libertad intelectual de las mujeres sucede en el siglo XIX, cuando pasan a ser las principales lectoras de la novela como la conocemos hoy. Este género literario se convierte para ella en la forma de tener la vida que no puede vivir; en el vínculo con el mundo exterior.










Solitaria en un salón, una mujer de traje decimonónico y sentada en un sofá mira cabizbaja el libro que ha cerrado sobre sus piernas. Como si acabara de leer Madame Bovary. Como si el silencio desatado por el punto final de la novela llenara el cuadro que ha pintado Winslow Homer de su amiga, la también pintora Helena de Kay (1873).





Generalmente casi todas las pinturas que se conocen de mujeres leyendo han sido pintadas por hombres. ”Beatrice” es una excepción pues fue pintada por Marie Stillman (1844-1927) considerada como la mejor pintora prerrafaelista.



Afortunadamente en el siglo XX las cosas cambian más rápidamente.

Las profusas imágenes de mujeres leyendo nos muestran un hábito ya muy arraigado en ellas.






En la imagen podemos contemplar uno de los cuadros de Hopper que más claramente reflejan la soledad americana. La mujer está en una habitación de un hotel, y no lee la biblia que suele estar en la mesita de todos los cuartos sino un folleto para un viaje sin rumbo. La escena muestra la melancolía de las estaciones de tren y los hoteles de mala muerte, impersonales; una anomia a veces compartida. En realidad parece que la mujer no agarra el libro, sino que se agarra de él.





En el siglo XXI  las mujeres leen más libros y revistas que los hombres y éstos leen más periódicos y cómics que las mujeres. Pero si se analiza la lectura de cualquier tipo y por cualquier soporte, los hombres son, sin embargo, más lectores. El 59,9% de ellos lee en soporte digital frente al 45,6% de las mujeres.








Según un estudio, el género es un aspecto que diferencia notablemente los motivos, la frecuencia, las preferencias y los gustos hacia la lectura entre hombres y mujeres. De esta forma, la lectura de las mujeres, más centrada en los libros y con un porcentaje menor de usuarias de soportes digitales, es más intensiva. La de los hombres, por su parte, más centrada en los periódicos y en Internet, tiene un componente más extensivo, más multimedia.